viernes, marzo 30, 2007

Ciro Alegría (Los Perros Hambrientos)

LOS PERROS HAMBRIENTOS


Fue escrita en el sanatorio de San José de Maipó, donde Alegría estuvo internado a causa de una embolia que le dejó casi sin vida y con medio cuerpo paralizado. Por prescripción facultativa comenzó a escribir su segunda novela y resultó ser la más cuidada, debido al reposo en el hospital, que le dio tiempo para pensarla y meditarla más que las otras dos.

Le surgió la idea básica al escuchar los aullidos de los perros que tenían en el sanatorio, como cobayas, para los experimentos. Noche tras noche llegaban a sus oídos y martilleaban sus sienes los lamentos de los perros que presagiaban la muerte. Rasgando dolorosamente la oscuridad, le hacían recordar otros ladridos lejanos que había escuchado en su infancia peruana. Esto le trajo a la mente un relato contado por su abuela materna, Juana Lynch de Bazán, que era mestiza, pero más a fin al mundo indio que el blanco ‘~. A ella deberá Alegría gran parte de su fonnación indigenista, ya que le enseñó a tener respeto por el pueblo del que provenía y será el fundamento para las futuras ideas que exponga literariamente. Ella le contaba todo lo que había visto y Oído, principalmente leyendas y cuentos populares, que irá intercalando el escritor en sus novelas. También le cantaba coplas folklóricas transmitidas por los indios de padres a hijos y que enriquecen la gama indigenista Que expone en toda su obra.

Entre estos relatos sobresalía, en las noches solitarias del hospital de San José de Maipó, uno que le produjo especial impresión, y que revivía fuertemente al escuchar los aullidos desgarradores de los perros cobayas. Doña Juana le había contado que en su juventud presenció una tremenda época de hambre, debida a la falta persistente de lluvias, que ocasionó una gran sequía y asoló 1-a región. Al no haber alimento para los hombres, mucho menos los había para los perros del altiplano, que se volvieron contra sus dueños y aullaban por las noches insistentemente, olfateando la muerte.

El ya había escrito un cuento sobre este tema; pero, ahora, la tranquilidad que le proporcionaba el reposo obligatorio del hospital y los perros aullando durante toda la noche le hicieron pensar que allí estaba la base para conseguir una novela que no sólo le daría la fama, sino también la salud. Al finalizarla, la presentó al concurso organizado por la editorial Zig-Zag. También bajo los auspicios de la Sociedad de Escritores de Chile. Consiguió el primer premio en 1938 y fue publicada en 1939 en Santiago de Chile.

El éxito conseguido queda bien patente en las seis ediciones publicadas por la editorial Zig-Zag, amén de las realizadas por otras editoras, entre ellas una popular publicada en los Festivales del Libro de 1957, en Lima, para su difusión por todos los confines del Perú. De dicha obra tengo conocimiento de dos traducciones, una en alemán, con el titulo de Jurien, herden, hunde, y otra en italiano, bajo la denominación de ¡ cani famad. Finalmente, la editorial creada por la viuda de Alegría, y que toma su apellido de soltera, editorial Varona, ha realizado la última publicación, juntamente con toda una obra póstuma del novelista.

Mediante Los perros hambrientos Ciro Alegría se incorporará de lleno al tipo de narración zoológica. El perro, llevado por los españoles a América, será el personaje principal, de tal moda inseparable al indio, que, a veces, será difícil discernir la frontera entre animal y hombre; es más, me atrevería a decir que aquí es representado el perro al igual que el hombre, ya que llega a autoanalizarse, a expresarse y a pensar como tal, según podemos observar en el siguiente texto:

«Otíeso estaba desolado. Ya no escuchaba los aullidos ni el llanto. Descontando las voces de sus raptores, había caído sobre la puna el silencio de la soledad. Pero no pensó en andar. Que lo arrastraran hasta la asfixia o la liberación. Porque tenían que aburrirse de él y soltarlo. Así pensaba»

16, Es un pasaje referente al rapto de «Ojieso» por los Celonios. bandidos, que irán haciendo cambiar poco a poco la forma de ser del perro, hasta convertirlo de pastor en bandolero, como ellos mismos. Es curioso observar cómo el cambio de ambiente le hace modificar su modo de ser, al igual que le sucede al hombre.

La novela presenta la unión estrecha del hombre, el perro y la Naturaleza. Al tema asciende fácilmente el lector, apoyado en el tradicional conocimiento de la fidelidad del perro al amo y del afecto de éste por aquél. El novelista los identifica de tal forma, que el destino de los perros «Wanka», «Zambo», «Mañu», «Pellejo» y «Oñeso» —cuyas biografías relata el escritor— es totalmente el mismo que el de sus amos.

Su personalidad es tan grande que difumina los perfiles de los personajes humanos.
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La novela se desarrolla in crescendo. Su planteamiento inicial es de paz y felicidad. Los perros pastores son buenos y fieles a sus amos, que cumplen alegremente con su oficio de guardianes de rebaños. Viven ligados a la suerte humana, y ésta, en un principio, es favorable. En los primeros capítulos se refleja el bienestar y la riqueza:

«La Antuca y los suyos estaban contentos de poseer tanta oveja. También los perros pastores. El tono triste de su ladrido no era más que eso, pues ellos saltaban y corrían alegremente. Orientando la marcha de la manada por donde quería la pastora .quien hilando el copo de la lana sujeto a la rueca, iba por detrás en silencio o entonando una canción, si es que no daba órdenes» ‘~.

La vida es agradable, el paisaje idílico y la unión del perro y del indio llena de suave ternura. De pronto, en su inundo, comienzan a aparecer los pequeños dramas que acabarán desembocando en la tragedia final, ocasionada al producirse una fuerte sequía y con ella una horrible hambruna. Entonces los perros se convierten en sanguinarios y ladrones del propio ganado que antes cuidaban. Es la lucha por la supervivencia. El perro se vuelve contra el hombre y el hombre contra el perro.

Es una guerra sin cuartel. Ciro Alegría alcanza las notas más fuertes y duras al describir las penurias, hambres y situaciones trágicas que pasan, íntimamente unidos, hombres y animales. El clímax del gran drama se va preparando con una serie de desgracias menores. El sonido es utilizado magistralmente para matizar las Situaciones de angustia: aúlla el perro «Mañu» cuando los gendarmes se apoderan violentamente de su dueño, el Mateo. Aúlla «Gúeso» cuando los Celedonios le arrebatan del cálido regazo de su dueña, la pastora Antuca; su aullido se une al de sus compañeros y al llanto de la niña.

Mueren violentamente los perros «Máuser» y «Tinto», el primero destrozado en mil pedazos al estallar una carga de dinamita; el segundo, de una traidora dentellada dada por el perro-hacendado «Raffles», que le Quebró el gañote. Pero una desgracia llama a otra; de repente, todo el cuadro se recarga de tintes sombríos. Surge, implacable, una pertinaz sequía que trae la pérdida de las cosechas y con ella el hambre. A grandes pinceladas, de estilo impresionista, nos describe Alegría la enorme sequedad:

«El sol había terminado por exprimir a la tierra todos sus jugos. Los que anteriormente fueron pantanos u ojos de agua, resaltaban en la uniformidad gris-amarillenta de los campos solamentepor ser manchas más oscuras o blancuzcas. Parecían cicatrices o lacras»

Escenas alucinantes comienzan a desprenderse de la narración y corno fondo, haciéndolas más tenebrosas, el aullar monótono de los perros que va acompañado de lastimeros ladridos. El viento y la noche sirven de marco a tan angustioso cuadro. Es cuando se realiza el ataque de los perros contra las ovejas. La primera en acometer, como jefe de toda la manada perruna, es «Wanka» —nombre de una aguerrida tribu del tiempo incaico—, con lo que tal vez ha querido decir el autor que la raza oprimida del indio puede sublevarse ante la miseria y el hambre.

En el eco de los aullidos podemos ver la desesperación por tantos años de esclavitud. Los perros, que fueron amamantados con leche de ovejas, se tornan sus más feroces enemigos. El acento social de la obra, de tipo indigenista, queda simbólicamente señalado.

Hemos de tener siempre presente que, a lo largo de toda la novela, los perros sienten y piensan como hombres; por tanto, ellos también son descritos como indios o mestizos, nacidos del viejo aleo familiar del incanato o con ancestros hispánicos o nativos. Las diferencias sociales las encontramos en el capitulo 11, donde el perro hacendado «Raffles», que no conocía el perdón, de una dentellada mata al pequeño «Tinto», que pertenecía a la raza humilde del indio. Estamos ante- la denuncia Que delata el abuso del terrateniente sobre el indefenso indígena. Es un símbolo de gran fuerza, con lo que se intenta hacer una llamada a la conciencia humana. Se está preparando el ambiente para su tercera novela: El mundo es ancho y ajeno.

No sólo utiliza el símbolo para mostrarnos la opresión del indio. Sino que a ello alude directamente en uno de sus capítulos, titulado Unpequeño lugar en el mundo. En él se relata el injusto despojo de que son víctimas cincuenta indios, dirigidos por el viejo Mashe. Aquí está la semilla de El mundo es ancho y ajeno, que plantea ya su temática. La expulsión de la comunidad de Rumi se ve reflejada patentemente en el siguiente texto:
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«Provenían de la extinguida comunidad de l-Iuaira. Después de algunos años de trámites judiciales, don Juvencio Rosas, hacendado de Sunchu, había probado su inalienable derecho a poseer las tierras de un ayllu cuya terca existencia se prolongaba desde el incario, a través de la colonia y de la república, sufriendo todos los embates. Y el tal apareció un buen día por Huaira, acompañado de la fuerza pública y sus propios esbirros, a tomar posesión. Los indios, en un último y desesperado esfuerzo, intentaron resistir. Cayeron algunos. La contundente voz de los máuseres les hizo comprender bien pronto el poco valor de los machetes y las hondas»


,Si cambiamos los nombres de la comunidad de Huaira por la de Rumi, el del hacendado don Jovencio Rosas por el de don Alvaro Amenazar y Roldán, la hacienda de Sunchu por la de lJmay y al viejo Mashe por Rosendo Maqui. nos encontramos con el esquema de El mundo es ancho y ajeno.

El símbolo de «Wanka» atacando para defenderse del hambre se completa con este relato que tan escuetamente nos narra Ciro Alegría.

Es la lucha del indio por subsistir. Es 1-a violencia que surge contra la violencia. Es la fábula en que el perro reclama por la dignidad del indio. A partir de este punto surgen unas tras otras las escenas macabras, donde los hombres y perros van muriendo trágicamente. Pero en el último momento, como en todas las obras de Alegría, brota de nuevo la esperanza. No todos los perros mueren, algunos se salvan y entre tIlos se encuentra «Wanka», la representativa d vuelve y renace el optimismo, porque con ella llega la vida, ya que es una firme promesa para las nuevas cosechas. Los hombres y los animales se unen otra vez con los fuertes lazos de amistad y cariño que rompió el infortunio. «Wanka» regresa buscando el perdón de su

Robles. De nuevo se rompen las fronteras que señalan dónde acaba el hombre y comienza el animal, y el Simón sintió como propios los padecimientos de su pobre animal abandonado ~.
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El primer punto interesante que observamos al analizar la novela es la historia personalizada de animales. Esta sirve para presentar una acerada crítica social que va más allá de la simple inspiración zoomorfa.

En segundo lugar es importante su estructura que se apoya en una serie de relatos interiores. Todos están ensamblados por un mismo leit motiv que es la sequía, provocadora del gran drama de la violencia y la Muerte.

1 comentario:

Rodrigo A. quiroga dijo...

Hola Joselyn, entre en tus blogs, y me agrada conocer mas tu pais, no descuides esta página bye Adrian.