viernes, octubre 26, 2007

EDMUNDO DE AMICIS (CORAZÓN)


Diciembre

Gratitud

Sábado, 31
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Tu compañero Estardo no se quejará nunca de su maestro, estoy seguro; Has escrito:

«El profesor estaba esta mañana impaciente y de mal humor», y lo dices en tono de resentimiento como si fuera una cosa rara. Piensa en las veces que tú te impacientas, ¿y con quién? Con tu padre y con tu madre, lo cual convierte tu impaciencia en una falta bastante peor.

¡Tiene sobrada razón tu maestro para mostrarse impaciente alguna que otra vez! Piensa y ten en cuenta que lleva muchos años trabajando con muchachos y que si es cierto que algunos son cariñosos y agradables, también hay otros, la mayoría, ingratos, que abusan de su bondad y que después de todo, entre tantos, no se acuerdan de sus cuidados, resultando que, en definitiva, recibe más amarguras que satisfacciones.

Piensa que el hombre más santo de la tierra, puesto en su lugar, se dejaría llevar a veces por la ira. Y, además, ¡si supieses cuántos veces, aun estando enfermo, acude a clase, por no ser su enfermedad lo suficientemente grave para dispensarse de su obligación, impacientándose porque sufre y le produce sentimientos molestias y le apena que vosotros no lo advierten o abusan de él...! Respeta y quiere a tu maestro, hijo mío.

Quiérele porque tu padre lo quiere y lo respeta; porque consagra su vida al bien de muchos niños que luego no se acordarán de él, porque despierta e ilumina tu inteligencia y te educa el corazón; porque un día, cuando seas hombre y ya no estemos en el mundo ni él ni yo, su imagen se presentará con frecuencia en tu recuerdo al lado de la mía, y entonces, ciertas expresiones de dolor y de cansancio en su rostro de hombre apacible y honrado, en las que ahora no reparas, las recordarás y te causarán pena, aun pasados treinta años; y te avergonzarás, sentirás tristeza por no haberle querido bastante, como se merecía y por haberte portado mal con él.

Quiere a tu maestro, porque pertenece a la gran familia de cincuenta mil docentes primarios, esparcidos y que son como los padres intelectuales de los millones de chicos que crecen contigo, unos trabajadores no conceptuados merecidamente y mal recompensados, que preparan para nuestra patria una generación mejor que la presente, más próspera y desarrollada que la presente.

No me satisfará el cariño que me tienes si no lo profesas también a todos los que te hacen algún bien, y entre ellos ha de ocupar el primer lugar tu maestro, después de tus padres. Quiérele como querrías a un hermano mío; quiérele cuando te complace y cuando te regaña, cuando a tu parecer, obra con justicia y cuando creas que es injusto; quiérele cuando se muestre afable y de buen humor, pero más todavía cuando lo veas triste. Quiérele siempre. Pronuncia en todo momento con respeto el nombre de maestro que, después del de padre, es el más noble y dulce que un hombre puede dar a otro.


TU PADRE
*

miércoles, octubre 24, 2007

EDMUNDO DE AMICIS (CORAZÓN)


Diciembre

La voluntad

Miércoles, 28


Hay en mi clase un compañero Estardo, que sería capaz de imitar al pequeño florentino. Esta mañana ocurrieron en la escuela dos sucesos memorables:

---Garoffi estaba loco de contento porque le habían devuelto su álbum con la propina de tres sellos de la república de Guatemala, que él buscaba desde hacía tres meses.

----Estardo, por su parte, ha obtenido la segunda medalla. ¡Casi nada! ¡Estardo, el primero de la clase después de Deroso!

Todos quedamos sorprendidos. ¡Quién lo habría dicho en octubre, cuando le llevó su padre metido en el capote verde, diciendo al maestro en presencia de todos nosotros:

«Tenga mucha paciencia con él, pues es bastante duro de comprender»! Al principio se le creía un perfecto adoquín. Pero él se dijo:

«O reviento o triunfo»;

Y empezó a estudiar con ahínco de día y de noche, en casa, en la escuela, en el paseo, apretando los dientes y con los puños cerrados, tan paciente como un buey, terco como un mulo, y así, a fuerza de machacar, sin hacer caso de las burlas, y pegando puntapiés o codazos a los que le distraían, el testarudo ha adelantado a los demás.

No comprendía lo más mínimo de Aritmética; llenaba de disparates las redacciones, no lograba aprender de memoria un período y ahora resuelve los problemas, escribe correctamente y canta las lecciones como un papagayo.

Se adivina claramente se ve que posee una voluntad de hierro si uno se fija en su figura: cabeza cuadrada y sin cuello, las manos cortas y gorditas, y una voz áspera. Estudia incluso en los pedazos de periódico y en los anuncios de los teatros; en cuanto reúne unas monedas se compra un libro, habiéndose ya formado, de ese modo, una pequeña biblioteca, y en un momento de buen humor me dijo que me llevaría a su casa para que la viera.

No habla con nadie, ni enreda con nadie; siempre se le ve en el banco con las manos en las sienes, tan firme como una roca, oyendo la explicación del maestro. ¡Cuánto se ha debido esforzar el pobre Estardo!

Aunque el maestro estaba esta mañana impaciente y de mal humor, al entregarle la medalla, le dijo:

-¡Bravo, Estardo; Te felicito, el que la sigue la consigue.

Pero él no parecía estar enorgullecido; ni siquiera se ha sonreído, y en cuanto ha regresado al banco, con su medalla, ha vuelto a apoyar las sienes en los puños, a estar más inmóvil y con mayor atención que antes.

Pero lo mejor ha ocurrido a la salida. Le esperaba su padre, un sangrador, grueso y tosco como él, de cara ancha y voz de trueno. El hombre no se esperaba aquella medalla, ni lo quería creer; fue menester que se lo asegurase el maestro, y entonces se echó a reír de gusto, dio una suave manotada en el pescuezo de su hijo, diciendo en voz alta:

-¡Muy bien, Bravo, testarudo mío!

Y lo miraba sumamente complacido, asombrado y riéndose de gusto. También nos sonreíamos todos los muchachos que estábamos a su alrededor; pero no él, que estaba serio pensando ya en la lección del día siguiente.

lunes, octubre 22, 2007

EDMUNDO DE AMICIS (CORAZÓN)

Diciembre

CUENTO MENSUAL

EL PEQUEÑO ESCRIBIENTE
FLORENTINO



Estaba en la cuarta clase elemental. Era un gracioso y apuesto florentino de doce años, de cabellos rubio y tez blanca, hijo mayor de cuerto empleado de ferrocarriles que, por tener mucha familia y poco sueldo, vivía con suma estrechez.

Su padre lo quería mucho y se le mostraba bondadoso e indulgente en todo, menos en lo que se referia a la escuela; en esto era muy exigente y se revestía de bastante severidad, porque el hijo debía estar pronto preparado para obtener un empleo con que ayudar al sostenimiento de la familia.

Y ya se sabe para valer algo pronto, que para conseguir pronto alguna colocación hay que trabajar mucho en poco tiempo. Aunque el muchacho era aplicado, el padre le incitaba siempre más y más a estudiar.

El hombre era de bastante edad, pero el excesivo trabajo le había envejecido prematuramente. En efecto a todo, para proveer a las necesidades de la familia, además del mucho trabajo que le requería su empleo, todavía se procuraba de un lado y de otro buscaba a la vez, aquí y allá, trabajos extraordinarios de copista, pasando sin descansar en su mesa buena parte de la noche.

Últimamente había recibido de una editorial, que publicaba libros y periódicos, el encargo de escribir en las fajas los nombres y dirección de los suscriptore, abonados, ganando tres liras por cada quinientas de aquellas tirillas de papel escritas con caracteres grandes y regulares.

Pero la pesada tarea le cansaba y con frecuencia se lamentaba de ello a menudo con la familia a la hora de comer.

----Estoy perdiendo la vista -decía-. Este trabajo nocturno acaba conmigo.

El muchacho le dijo un día:

-Papá, déjame que trabaje en tu lugar; sabes que escribo como tú. Nadie podrá advertir ninguna diferencia.
Pero el padre le respondió:

-No, hijo; tú debes estudiar; tú escuela, tu instrucción es bastante más importante que mis fajillas; sentiría remordimiento si te privara de una hora de estudio; te lo agradezco, pero no quiero. Y no hablemos más del asunto.

El hijo sabía sobradamente que con su padre era inútil insistir en aquellas cosas, y no insistió. Pero he aquí lo que hizo. Sabía que su padre dejaba de escribir a media noche, saliendo entonces salía despacio del despacho para ir a la alcoba. Lo cual había oído alguna vez. En cuanto el reloj daba las doce, sentía inmediatamente el ruido de la silla que se movía y el lento paso de su padre.

Una noche esperó a que se fuese ya en cama dormiendo; se vistió sin hacer ruido y se dirigió a tientas al escritorio. Encendió el quinqué de petróleo, se sentó a la mesa del despacho, donde había un montón de fajas en blanco y la lista de los suscriptores, y empezó a escribir imitando con exactitud la grafía de su padre.

Escribía con gusto y contento, aunque con cierto temor. Las fajas escritas iban amontonándose y de vez en cuando dejaba la pluma para frotarse las manos; luego volvía a empezar con más denuedo, atento el oído y sonriente. Escribió ciento setenta direcciones, que importaban ¡cerca de una peseta! Entonces se detuvo; dejó la pluma donde estaba antes, apagó la luz y se fue de puntillas a la cama.

Aquel día, a las doce su padre se sentó a la mesa con mejor humor. No había advertido nada. Realizaba aquel trabajo mecánicamente, teniendo en cuenta el tiempo empleado, sin pensar en más, y no contaba las fajillas escritas hasta el día siguiente.

Tomó asiento con buen humor y golpeando ligeramente el hombro de su hijo, le dijo:

-Eh, Julio, tu padre es mejor trabajador de lo que puedes figurarte. En dos horas hice anoche un tercio más de lo que acostumbraba. Aún está ágil mi mano, y los ojos saben resistir la fatiga.

Julio, contento, pero callado, decía entre sí: «¡Pobre padre! Además de la ganancia, le he proporcionado también la satisfacción de creerse rejuvenecido.» ¡Animo pues!

Alentado por el éxito obtenido, la noche siguiente, en cuanto dieron las doce, se levantó otra vez y empezó a trabajar. Así continuó haciendo varias noches. Su padre no se daba cuenta de tal cosa. Solamente una vez, cuando estaban cenando, hizo la siguiente observación:

-No sé, es raro pero de algún tiempo a esta parte venimos gastando más petróleo de lo acostumbrado. Debe ser de peor calidad.

Julio tuvo un sobresalto, mas la cosa no pasó de allí se estremeció y el trabajo nocturno seguia siguió adelante.

Lo que ocurrió fue que por levantarse a hora tan intempestiva, Julio no descansaba
lo suficiente, y por la noche, al hacer los deberes de la escuela, le costaba trabajo tener los ojos abiertos. Una noche, por primera vez en su vida, se quedó dormido sobre el cuaderno.

-Julito, espabílate - ¡Vamos, vamos! -le dijo su padre al tiempo que le daba unas palmaditas- y haz tu deber - ¡Al trabajo!.

El chico se despertó y se asustó y reanudó su tarea a estudiar. Pero a la noche siguiente y durante algunos días continuaba ocurriendo lo mismo y aún peor: daba cabezadas sobre los libros, se levantaba más tarde de lo acostumbrado, estudiaba las lecciones con dejadez, pareciendo que le disgustaba el quehacer escolar.

Su padre empezó a observarlo; luego, a preocuparse y al fin tuvo que reprenderlo. ¡Nunca lo hubiera hecho por esta causa!

-Julio -le dijo cierta mañana-, lo dijo: me estás decepcionando; tú te descuidas mucho, no eres el mismo de antes, . N o quiero esto y eso no me gusta nada. Ten en cuenta que todas las esperanzas de la familia están cifradas en ti. Estoy muy descontento, ¿comprendes?

Ante tal unica reprimenda, la primera verdaderamente severo que había recibido, el muchacho se turbó.

-«Sí, es verdad -murmuró para sí-; así no puedo continuar de este modo; es preciso que termine el engaño.» Pero aquel día, por la noche, estando todos a la cpmida, exclamó el padre con alegría:

-¡Sbed que este mes he ganado treinta y dos liras más que el pasado con las fajillas!

Y diciendo esto, sacó de debajo de la mesa una caja de dulces que había comprado para celebrar con sus hijos la ganancia extraordinaria, cosa que todos acogieron con el regocijo.

Julio cobró ánimo y dijo para sí: «¡No, querido padre; no cesaré engañándote; haré mayores esfuerzos para estudiar durante el día y no dejaré de continuar trabajando de noche por ti y por los demás.»

El padre añadió:

-¡Treinta y dos pesetas más!… Estoy contento... Pero otra cosa -y señaló a Julio- me causa no pocos disgustos.

Y Julio recibió aludido la reconvención en silencio, conteniendo dos lágrimas que querían salir, pero sintiendo al mismo tiempo cierta satisfacción, en el corazón cierta dulzura.

Continuó escribiendo y trabajando fajillas con ahínco. Sin embargo, acumulándose el cansancio, un trabajo a otro, le resultaba cada vez más difícil resistir.

La cosa duraba ya dos meses. El padre continuaba reprendiendo al buen muchacho, mirándole con creciente enojo. Un día se presentó en la escuela para pedir informes sobre su hijo, y el maestro le dijo:

-----¡Sí, va cumpliendo, porque es un chico inteligente. Pero no tiene la misma aplicación de antes. Se duerme, bosteza y está distraído. Hace redacciones cortas, pudiéndose comprobar que escribe de prisa y con mala caligrafía. Desde luego que tiene aptitudes para hacer más, mucho más!.-----

Aquella noche el padre llamó a su hijo aparte y le dirigió unas reconvenciones más duras de las que hasta entonces había oído.

-Ya ves, Julio, que me sacrifico por la familia, que yo gasto mi vida or la familia y tú no me secundas. Tú no tienes lástima de mi. No piensas lo más mínimo en tus hermanos, ni aun de tu madre .

-¡Ah , no no digas eso, padre mío! -exclamó el hijo ahogado en llanto y decidido a aclararlo todo. Pero su padre lo interrumpió, diciendo:

-Conoces perfectamente la situación de la familia; sabes que todos debemos hacer lo que nos corresponda y sacrificarnos cuanto sea preciso. Yo mismo tengo que doblar mi trabajo. Este mes esperaba una gratificación de cien liras en el ferrocarril, y hoy he sabido esta mañana que no puedo contar con nada.

Ante semejante noticia Julio se contuvo para que no saliese de su boca la confesión que se disponía a hacer, y se dijo resueltamente a í mismo:

«No, padre mío, me callaré y guardaré el secreto para poder trabajar por ti; de ese modo te compensaré del dolor que te causo; te compenso de este modo, en cuanto a la escuela, siempre estudiaré lo suficiente para aprobar el curso; lo importante es ayudarte para salir adelante y aligerarte de la ocupación que te mata. »

Siguió adelante, transcurriendo otros dos meses de trabajo nocturno y de abatimiento durante el día, de esfuerzos desesperados por parte del hijo y de amargos reproches por parte del padre. Pero lo peor era que éste se mostraba cada vez más frío con el muchacho; raramente le dirigía la palabra considerándolo un hijo poco menos que desnaturalizado, del que poco o nada cabía esperar, y casi procuraba no cruzarse con su mirada.

Julio se daba cuenta de todo y sufría interiormente, y cuando su padre le volvía la espalda, le enviaba un beso furtivamente con expresión de ternura compasiva y triste. Mientras tanto, por su gran pena y el mucho cansancio, Julio iba adelgazando y demacrándose, viéndose obligado muy a pesar suyo a descuidar cada vez más sus estudios.

Comprendía que todo aquello tendría que terminar. Cada noche se decía: «Hoy no me levantaré.» Pero al dar las doce, cuando habría debido confirmar vigorosamente su propósito, sentía remordimiento, pareciéndole que, si continuaba en la cama, faltaba a una obligación, qué robaba una lira a su padre y a la familia. Y se levantaba pensando que si su padre se despertaba y le sorprendía alguna noche, o si se enteraba por casualidad del engaño contando dos veces las fajas, entonces terminaría, naturalmente, todo, sin un acto de su voluntad, para el que no se sentía con ánimos. Y continuaba realizando el no pequeño sacrificio.

Mas una noche, en la cena, el padre pronunció una palabra que fue decisiva para él. Su madre le miró y, pareciéndole más demacrado y pálido que de costumbre, le dijo:

-Tú estás malo, Julio- Luego, dirigiéndose al padre, añadió: -Nuestro hijo está enfermo. ¿No adviertes su palidez? ¿Qué te pasa, Julito mío?

El padre le miró de reojo y dijo:

-La mala conciencia hace que tenga también mala salud. No estaba así cuando era un chico muy estudioso y un hijo cariñoso.

-¡Pero está malo! -replicó la madre.

-¡Ya no me importa! -replicó el padre.

Aquella palabra le hizo el efecto cmo una puñalada en el corazón del infeliz pobre. ¡Ah! ¡No le importaba ya su salud a su padre, que antes temblaba con sólo oírle toser! Así, pues solamente. Ya no lo quería; había muerto en el corazón de su padre...

«¡ No, no!, padre mío -dijo entre sí el muchacho oprimido por la angustia-; esto se ha acabado de verdad; yo no puedo vivir sin tu cariño; lo quiero íntegro para mí; te lo diré todo, no te engañaré más, suceda lo que suceda, padre mío, para que vuelvas a quererme, padre mío. ¡Esta vez estoy del todo decidido en mi resolución!»

Sin embargo, todavía se levantó aquella noche, más por costumbre que por otra causa; y cuando se levantó quiso ir a visitar, a volver a ver unos minutos, en el silencio de la noche, por última vez, la pequeña habitación donde tanto había trabajado secretamente, lleno de satisfacción y de ternura. Y cuando volvió a encontrarse en la mesa, habiendo encendido el quinqué, viendo las fajas en blanco que ya no llenaría escribiendo unos nombres de ciudades y de personas que ya se sabía de memoria, le invadió una gran tristeza, y tomó con decisión la pluma para reanudar su acostumbrado trabajo. Mas, al extender la mano, tropezó con un libro que se cayó al suelo. Le dio un vuelco el corazón. ¡Si su padre se despertaba!... Claro está que no le sorprendería cometiendo ninguna mala acción, y que él mismo había decidido contárselo todo; sin embargo... el oír acercarse aquellos pasos en la oscuridad, el ser sorprendido a hora tan intempestiva, el que su madre se despertara y se asustara, el pensamiento de que tal vez experimentara su padre una humillación ante él al quedar todo descubierto... casi le aterraba. Aguzó el oído, suspendiendo contuvo la respiración, no oyó nada...; escuchó por la cerradura de la puerta que tenía a sus espaldas: nada. Toda la casa dormían. Su padre no había oído. Se tranquilizó y empezó a escribir de nuevo.

Las fajillas se amontonaban unas sobre otras. Oyó el paso cadencioso de la guardia municipal por la desierta calle; luego, el ruido de un carruaje, que cesó al cabo de un rato; después, pasado cierto tiempo, el estrépito de una hilera de carros que rodaban lentamente por el empedrado; por último, un silencio profundo interrumpido de vez en cuando por el lejano ladrido de algún perro. Y continuó escribiendo.

Mientras tanto, su padre se hallaba detrás de él: se había levantado al oír caer el libro, y estuvo esperando buen rato; el ruido de los carros había hecho pasar inadvertido el roce de sus pies y el ligero chirrido de las hojas de la puerta; allí estaba con su blanca cabeza sobre la negra de Julio. Había visto correr la pluma sobre las fajas, adivinando, recordando, comprendiéndolo todo, y un desesperado arrepentimiento, desesperado una inmensa ternura, habían invadido su alma, y le tenían clavado detrás de su heroico hijo.

De repente. Julio dio un grito muy agudísimo: dos brazos convulsos le habían estrechado la cabeza.

-¡Oh, padre mío, perdóname! -gritó al reconocer a su padre con lágrimas en los ojos.

-¡Perdóname tú a mí! -respondió el padre, sollozando y cubriéndole de besos la frente-. Lo he comprendido todo, lo sé todo, ¡por eso te pido perdón, santo hijo mío! ¡Ven, ven conmigo!

-y le empujó, o más bien le llevó a la cama de su madre, que estaba despierta; se lo echó a sus brazos y le dijo:

-¡Besa a este ángel de hijo, que desde hace tres meses no duerme y trabaja por mí, y yo he contristadosu corazón cuando nos ganaba el pan!

La madre lo abrazó fuertemente contra su pecho, sin poder articular palabra; después le dijo:

-¡Vete a dormir y a descansar, hijo mío! ¡Llévalo a la cama!

El padre lo tomó en brazos, lo llevó a su habitación, lo acostó, acariciándole, y le arregló las almohadas, colcha y la ropa.

-Gracias, padre -repetía el hijo-, gracias; pero acuéstate; ya estoy contento; vete a la cama, papá.

Mas su padre quería verle dormido; sentóse junto a él, la cabecera de su cama le tomó la mano y le dijo:

-¡Duerme, duerme, hijo mío!

Julio, rendido, se durmió y se despertó mucho después, gozando por primera vez, al cabo de unos meses, de un sueño tranquilo, soñando cosas alegres. Cuando abrió los ojos, hacía un buen rato que brillaba el sol. Primeramente notó y luego vio la blanca cabeza de su padre, que había pasado la noche apoyándola en el borde de la cama cerca de su pecho, y que todavía dormía con la frente inclinada junto a su corazón.
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viernes, octubre 19, 2007

EDMUNDO DE AMICIS (CORAZÓN)

Diciembre

Las maestras

Sábado, 17


Garofi estaba hoy muy atemorizado, esperando un regaño del maestro; pero el maestro no ha asistido y, como faltaba también el suplente, ha venido a dar la clase la señora Cromi, la más vieja de las maestras, que tiene dos hijos mayores y ha enseñado a leer y a escribir a muchas señoras que ahora van a llevar a sus niños a la escuela Bareti. Hoy estaba triste porque tenía un hijo enfermo. Apenas la vieron, empezaron a meter ruido. Pero ella, con voz pausada y serena, dijo:

-Respetad mis canas; yo casi no soy ya una maestra, sino una madre.

Y entonces ninguno se atrevió a hablar más, ni aun aquel alma de cántaro de Franti, que se contentó con hacerle burla sin que lo viera. A la clase de la señora Cromi mandaron a la señora Delcato, maestra de mi hermano; y al puesto de ésta, a la que llaman la monjita, porque va siempre vestida de oscuro, con un delantal falda negra; su cara es pequeña y la voz tan gangosa, que parece está murmurando oraciones.

-Y es cosa que no se comprende -dice mi madre-: tan suave y tan tímida, con aquel hilito de voz siempre igual, que apenas suena, sin gritar y sin incomodarse nunca; y, sin embargo, los niños están tan quietos, que no se les oye, y hasta los más atrevidos inclinan la cabeza en cuanto les amenaza con el dedo; parece una iglesia su clase, y por eso también la llaman la monjita.

Pero hay otra que me gusta mucho: la maestra de primera enseñanza elemental número tres; una joven con la cara sonrosada, que tiene dos lunares muy graciosos en las mejillas, y que lleva una pluma roja en el sombrero y una crucecita amarilla al cuello. Siempre está alegre; y alegre también tiene su clase; sonríe y, cuando grita con aquella voz argentina, parece que canta; pega con la regla en la mesa y da palmadas para imponer silencio; después, cuando salen, corre como una niña detrás de unos y de otros para ponerlos en fila; y a éste le tira del babero, al otro le abrocha el abrigo para que no se resfríe; los sigue hasta la calle para que no se alboroten; suplica a los padres que no les castiguen en casa; lleva pastillas a los que tienen tos; presta su manguito a los que tienen frío, y está continuamente atormentada por los más pequeños, que le hacen caricias y le piden besos, tirándola del velo y del vestido; pero ella se deja acariciar y los besa a todos riendo, y todos los días vuelve a casa despeinada y ronca, jadeante y tan contenta, con sus graciosos lunares y su pluma roja.

Es también maestra de dibujo de las niñas, y sostiene con su trabajo a su madre y a su hermano.



Diciembre

En casa del herido

Domingo, 18


Con la maestra de la pluma encarnada esta el nietecillo del viejo empleado que resultó herido en un ojo por la bola de nieve que lanzara Garofi, está con la maestra de la pluma roja; lo hemos visto hoy en casa de su tío, que lo tiene como a un hijo. Yo había terminado de escribir el cuento mensual para la próxima semana, titulado El pequeño escribiente florentino, que me había dado el maestro a copiar, cuando me ha dicho mi padre:

-Vamos a subir al cuarto piso para 'ver cómo tiene el ojo aquel señor.

Hemos entrado en una habitación casi oscura, donde estaba acomodado el viejo, sentado en la cama, teniendo varios almohadones por detrás de la espalda. A la cabecera se hallaba su mujer, y el nietecillo se encontraba a un lado sin hacer nada, entreteniéndose con unos juguetes.

El viejo tenía un ojo vendado.

Se ha alegrado mucho al ver a mi padre; le ha hecho sentarse y le ha dicho que se encuentra mejor, que no perderá el ojo y que le había asegurado el médico que dentro de unos días estará curado del todo.

-Fue una desgracia -añadió-. Siento el susto que debió llevarse aquel pobre muchacho.

Después nos ha hablado del médico, que debía venir a esa hora. En ese preciso momento suena la campanilla del timbre.

-Debe ser el médico -dijo la señora.

Se abre la puerta... y ¿qué veo? Al mismísimo Garofi, con su capote largo, la cabeza gacha y sin atreverse a entrar.

-¿Quién es? -pregunta el enfermo.

-El muchacho que tiró la bola de nieve -dice mi padre.
El viejo exclama entonces:

-¡Oh pobre criatura! Ven aquí. Has venido a preguntar cómo estoy, ¿no es verdad? Pues estáte tranquilo, que me encuentro mucho mejor y casi curado. Acércate.

Garofi, cada vez más confuso, se aproxima a la cama, esforzándose por no llorar; el viejo le acaricia, pero sin poder hablar.

-Gracias -le dice al fin el anciano-; puedes decir a tu padre y a tu madre que todo va bien y que no tienen que preocuparse ya de esto.

Pero Garoffi no se mueve, pareciendo querer decir algo, a lo que no se atrevía.

-¿Tienes algo que decirme, qué quieres?

-Yo…, nada.

-Está bien, chiquito. Adiós hasta la vista, vete pues, Puedes irte en paz, tranquilo.

Garofi se ha ido hasta la puerta; allí se ha detenido y luego se ha acercado donde está el nietecillo, que le ha seguido y mirado con curiosidad. De pronto se saca algo de debajo del capote y se lo ofrece al pequeño, diciéndole de prisa:

-Esto es para ti. Y se fue como un relámpago.

El niño enseña el regalo a sus tíos vimos por encima había un letrero que decía: “Te regalo esto” y todos nosotros quedamos asombrados de sorpresa. Lo que el pobre Garofi había llevado:

Es el famoso álbum, con su colección de sellos, lo que el Garoffi acaba de dejar, el tesoro sobre el que tantas esperanzas tenía fundadas y que tanto esfuerzo le ha costado conseguir.

¡Pobre muchacho!¡La mitad de su sangre de su propia vida ha regalado la mitad a cambio del perdón!.

martes, octubre 16, 2007

((MIRADOR TUMBES))

La catedral de Tumbes es de construcción moderna, pues fue construida sobre la antigua edificación virreinal. Incluso hasta el día de hoy es uno de los edificios más altos de la ciudad.
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La madera es el material de construcción más utilizado en el departamento de Tumbes, debido a la relativa abundancia de bosques maderables. Sin embargo, su sobreexplotación constituye una seria amenaza para el medio ambiente.

El origen de la ciudad de Tumbes se remonta a tiempos prehispánicos, cuando era la sede de los curacas de la región. La ciudad actual es en su mayor parte de construcción reciente, pues no fue ocupada mayormente durante el período virreinal.
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El cálido mar de Tumbes, bañado por la Corriente del Niño, alberga una gran riqueza ictiológica, la cual no se encuentra en el resto de la costa. Además de lenguados y meros, hay merlines, que atraen a los pescadores deportivos. Fotos Tumbes

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jueves, octubre 11, 2007

(¡¡¡TUMBES!!!)


I.-UBICACIÓN, EXTENSIÓN Y POBLACIÓN

El departamento de Tumbes está ubicado en el extremo nor occidental del país. Por el norte y el oeste limita con el océano Pacífico, por el sur con Piura y por el este con Ecuador. En su tierra se hay abundantes y hermosos caprichos de la naturaleza, como sus espectaculares manglares.

Debido a su situación geográfica, cerca de la línea ecuatorial, tiene un clima cálido y húmedo durante todo el año, siendo su promedio anual de 30°C, y en el verano llega a superar los 40°C. De diciembre a marzo se producen fuertes y frecuentes lluvias, aunque el calor se mantiene.

Tiene una extensión de 4 732 km2 y su población bordea los 150 000 habitantes.

Su capital es Tumbes, una ciudad dueña de bellas playas y paisajes naturales que atraen a cantidades de visitantes.

BREVE RESEÑA HISTÓRICA


Tumbes fue una región poblada, desde tiempos anteriores al Imperio de los Incas, por culturas que han dejado testimonio de su adelanto en la alfarería y construcción de huacas que se mantienen hasta nuestros días. Sus primeros pobladores estuvieron dedicados a la pesca y a la caza.

El Imperio de los Incas extendió sus dominios hasta Tumbes cuando gobernaba Pachacútec, quien introdujo una nueva organización. La tarea de incorporación social de sus pobladores continuó con Túpac Yupanqui, quien concedió gran importancia a esta región como punto de apoyo para consumar la conquista de los Cañaris.

En Tumbes se inició la aventura de la Conquista del Tahuantinsuyo cuando, después de vencer innumerables dificultades, los españoles lograron desembarcar en esta parte del fabuloso Imperio de los Incas, del que tantas leyendas habían oído, particularmente de sus riquezas. Desde aquí, con la información reunida y datos obtenidos, los conquistadores partieron hacia el resto del Imperio para fundar ciudades y someter a sus pobladores.

Durante la Colonia, el lugar sólo fue una zona de tránsito para soldados y aventureros que se detenían para reaprovisionarse.
Sin ninguna importancia ni figuración en dicha etapa, Tumbes sólo adquirió permanente actualidad durante la República, a raíz de los conflictos con Ecuador, recientemente superados.

La arqueología de Tumbes no está suficientemente estudiada. Sin embargo, sabemos que hay dos épocas muy antiguas de cerámica, conocidas como San Juan y Pechiche, que son contemporáneas con Mocholille y Chorrera del Ecuador y con Ñañañique y Cupisnique en el Perú, emparentada con todas ellas.

Posteriormente se desarrolló la Cultura Garbanzal, entre los años 500 a.C y 500 d.C., época en la que fue reemplazada por una cultura relacionada con la Cultura Milagro de la Región del Guayas.

El Imperio Incaico extendió sus dominios hasta Tumbes y fue éste el que se convirtió en el punto de contacto entre el Tahuantinsuyo y la civilización europea. El 7 de Enero de 1,821 los tumbesinos proclamaron su libertad.

En 1,941, durante el Conflicto con el Ecuador, tuvo lugar la Batalla de Zarumilla, que significó un amplio y rotundo triunfo para el Ejército Peruano.

Hermosas playas, extensas planicies, pequeñas colinas y las escarpadas montañas conforman la variada geografía del departamento Tumbes, donde también se encuentran diversos ecosistemas como los esteros y manglares, el bosque seco ecuatorial (Parque Nacional Cerros de Amotape) y el bosque tropical del Pacífico (Zona Reservada de Tumbes). Más del 30% del territorio ha sido declarado Área Natural Protegida.

El Parque Nacional Cerros de Amotape (91.300 ha) se ubica en el límite de los departamentos Tumbes y Piura y reúne una gran diversidad biológica. La fauna silvestre es muy variada, con especies como el cóndor andino, el tigrillo, el venado rojo, el sajino, el oso hormiguero norteño, el oso de anteojos, el venado gris y la ardilla de nuca blanca.

El Santuario Nacional de los Manglares de Tumbes (2972 ha), compuesto de formaciones vegetales en forma de extensos bosques acuáticos que crean un singular ambiente entre el río y el mar, es hábitat de tijeretas, garzas y diversas aves.

La proximidad a la Línea Ecuatorial hace de las playas de Tumbes, un lugar ideal para la práctica del surf, el buceo, la pesca, o simplemente para los veraneantes en busca de sol y calor. Punta Sal es considerada una de las mejores playas del Perú por su arena blanca y su rica vida marina; la caleta Zorritos es conocida por su mar tranquilo y la variedad de peces.

Al norte de la ciudad de Tumbes se encuentra Puerto Pizarro, famosa por sus islas y por un criadero de cocodrilos tumbesinos, especie única en el Perú y en peligro de extinción. Es también un lugar donde se pueden encontrar abundante conchas negras y cangrejos, base de la exquisita gastronomía local. WEB

PRINCIPALES ATRACTIVOS


Los Manglares. Bosque cuya vegetación crece y se desarrolla en terrenos inundados periódicamente por el mar y por las aguas del río Tumbes, hasta la zona del Canal Internacional de Capones. Esta belleza natural, con laberintos, canales de marea o esteros, sirve de refugio y fuente alimenticia a numerosas especies de crustáceos, moluscos, peces y variada avifauna.

Plaza de Armas. Moderna plaza que tiene el privilegio de estar rodeada de antiguas casas que mantienen la influencia colonial.

Plaza Bolognesi. Levantada en homenaje al héroe de Arica.

Plazuela Alipio Rosales. En homenaje al héroe tumbesino que ofrendó su vida durante el conflicto de 1941.

Zarumilla. Apacible escenario de la Gloriosa Campaña de 1941. En sus pampas se libraron las contiendas para hacer prevalecer la peruanidad de este departamento.

Aguas Verdes. Localidad fronteriza con el Ecuador, de gran actividad comercial, unida mediante un puente con Huaquillas en el país norteño.

Puerto Pizarro. Hermosa playa de arenas blancas y donde se puede disfrutar de agradables platos a base de frutos del mar.

Malecón Benavides. Importante vía que bordea el río y desde donde pueden apreciarse hermosas puestas de sol.

Zorritos. Capital de la provincia de Contralmirante Villar, donde se perforó el primer pozo de petróleo en 1860. Tiene bellos parajes y playas que invitan a bañarse.

Fortaleza de Tumpis. A 5 km de Tumbes. Es un monumento arqueológico de líneas arquitectónicas similares a la fortaleza de Paramonga, en Lima.

Caleta de Cruz Pizarro. Lugar donde Francisco Pizarro inició la conquista del Tahuantinsuyo. Presenta una réplica de la cruz que plantó en 1532. TUMBES


II.- INFORMACION GENERAL

DATOS GENERALES

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Ubicación: El departamento de Tumbes se encuentra ubicado sobre la costa en el extremo norte del país limitando con el Ecuador, su capital es la ciudad de Tumbes con una altitud de 6 m.s.n.m.

Tiene un área o superficie de 4,669 km2 y esta dividido en 3 provincias con 12 distritos.

Temperatura Promedio Anual: 24º C (máxima de 38º C y mínima de 19º C) y la temporada de lluvias de diciembre a marzo.

VÍAS DE ACCESO
Terrestre: Lima-Tumbes (1276 Km.) utilizando la Carretera Panamericana Norte con una duración de 18 h aprox. en auto.

Aérea: Existen vuelos desde la ciudad de Lima (1 h 30 min. aprox.).

GASTRONOMIA

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Sus platos típicos son preparados en base a productos marinos como conchas negras, cangrejos, ostras, langostas y langostinos y, pescados como corvina, mero, lenguado y pez espada.

La bebida tradicional es el chinguirito.Sus dulces típicos son el antecoco, la antepapaya y el dulce de grosella.

III.- RESEÑA TURÍSTICA


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Sus principales atracciones turísticas son sus playas como: playa Puerto Pizarro (a 13 Km. al norte de Tumbes); playa Zorritos (a 28 Km. al sur de Tumbes); playa Hermosa, playa Puerto Loco, playa Santa Rosa , laya Bocapán. Asimismo, playa Punta Sal (a 84 Km. al sur de Tumbes), es considerada como la mejor zona de playa por su arena blanca y limpia y su mar ideal para la práctica de deportes náuticos.

El Santuario Nacional de los Manglares de Tumbes se encuentra ubicado a 7 Km. de distancia de Zarumilla y son formaciones vegetales en forma de extensos bosques acuáticos que forman esteros creando un ambiente atractivo Aguas Termales de Hervideros, ( a 40 Km. de Tumbes ) y situadas a 5 Km. de Bocapán, al sur de Zorritos, en el lugar denominado Hervideros se encuentran las pozas de aguas minero medicinales cargadas de sales yodadas en constante ebullición.


IV. GEOGRAFÍA


Desde el punto de vista morfológico, en Tumbes se pueden distinguir las siguientes zonas:

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El delta formado por los ríos Tumbes y Zarumilla; una llanura aluvial al norte del río Tumbes, con modelado de quebradas secas poco profundas ; terrazas antiguas que han sido fuertemente erosionadas en la zona de Máncora y el relieve de Amotape al oriente y sur, con su punto culminante en el Cerro El Barco, a 1,520 metros sobre el nivel del mar.El litoral presenta costas bajas en su sector norte y hacia el sur alternan playas con acantilados de poca altura.

El fondo submarino frente al delta del Río Tumbes es de poca profundidad y cuando descienden las mareas, aparecen pequeñas islas de arena que poco a poco van cubriéndose con vegetación de manglares, para formar nuevos "esteros". La vegetación que cubre su territorio es variada:
Los manglares, las sabanas y el bosque seco con predominio de árboles.

Este departamento fronterizo constituye la puerta de salida hacia el Ecuador. Es el más pequeño en extensión, pero su ubicación geopolítica le da un perfil de primer orden nacional.

Datos Basicos

Area o superficie: 4,671 km2.

Principales recursos: Tabaco, plátano, mariscos, pescado y petróleo.

Población: 167,000 habitantes. Su capital es Tumbes, con 74,601 habitantes.

Número de provincias y distritos: 3 provincias y 12 distritos.

Fecha de Fundación: Como departamento, el 25 de noviembre de 1,942.

Comidas Típicas: Cebiche de conchas negras, caldo de bolas de plátano, antecoco.

Fauna: Conchas negras y otros moluscos.
Pez espada, mero, langostas y langostinos.
Cocodrilos del Río Tumbes, venados y sajinos.

Flora: Algarrobo, salvajina, orquídeas.

Turismo
Brinda excelentes playas de arena blanca y parajes para practicar la caza y la pesca. Sus aguas son tibias, ideales para las practicas de natación, esquí acuático, yatching y remo.

Pasando Zorritos está la famosa Caleta de la Cruz de Pizarro, en la que desembarcó el conquistador y los suyos (hace más de 4 siglos) para iniciar la conquista del Perú. Son famosos e impresionantes los manglares en donde se refugian las famosas 'conchas negras'.

Aquí se encuentra el Parque Nacional de los Cerros de Amotape, con formaciones botánicas de bosques secos, que imprimen al área una fisonomía vegetal que la diferencia de las formaciones de la costa.
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lunes, octubre 08, 2007

EDMUNDO DE AMICIS (CORAZÓN)

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Diciembre

La primera nevada

Sábado, 10
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¡Adiós, paseos por Rívoli! Llegó la hermosa amiga de los niños.¡ Ya están aquí las primeras nieves! ayer tarde, a última hora, no han cesado de caer copos finos y abiertos a granel, tan gruesos como flores de jazmín. Esta mañana

Era un gusto, esta mañana en la escuela verla estábamos en clase, verla caercontra los cristales y amontonarse en los repechos sobre los balcones; también contemplaba el maestro el espectáculo y se frotaba las manos. Todos estábamos contentos pensando hacer bolas y deslizarnos por el hielo, para luego tener el placer de calentarnos junto a la lumbre en casa., en la nieve que vendría después, y en el lugar de la casa. Únicamente no se distraía Stardi, completamente absorto en la lección y sosteniéndose las sienes con los puños.

¡Qué hermosura! ¡Cuánta alegría hubo a la salida! Todos empezamos a correr y saltar por las calles, gritando, gesticulando, chsrlando, cogiendo las bolas de nieve y hundiéndonos, zambulléndonos dentro en ella como perritos en el agua. Los padres que esperaban fuera ya tenían los paraguas blancos; los guardias municipales también blancos sus quepis, estaban cubiertos de nieve, y blancas se pusieron en seguida nuestras bolsas y carteras. Todos parecían fuera de sí por la alegría, incluso Precossi, el hijo del herrero, el paliducho, que nunca se ríe, y Roberto el que salvó al niño del ómnibus, que el pobrecillo saltaba con sus muletas.

El calabrés, que nunca había tocado la nieve, hizo una pelota y empezó a comérsela como si fuera un melocotón. Crosi, el hijo de la verdulera, se llenó de nieve a la cartera; y el albañilito nos hizo desternillar de resa cuando mi padre le invitó a que fuese mañana a nuestra casa; tenía la boca llena de nieve, y, no atreviéndose como sabiendo si escupirla o tragarla, se quedó pasmado sin responder nada mirándonos. También las maestras salían corriendo y riéndose de la escuela; hasta mi maestra de la primera superior, ¡pobrecilla!, corría atravesando por la nieve, resguardándose la cara con su velo verde y sin parar de toser.

Entretanto centenares de muchachas de la escuela inmediatamente vecina pasaban como chillando y pisoteando sobre aquella blanca alfombra; los maestros, los bedeles y los guardias gritaban:

-¡A casa, a casa!- tragando copos de nieve y blanqueándose de los bigotes y la barba. Pero también se reían de la turba de chiquillos que festejaban el invierno.


***


“… Mucho festejáis la venida del tiempo invernal...; Pero hay niños sin pan, que carecen de abrigo, y no tienen de calzado sin lumbre para calentarse. Hay millares que bajan al poblado, después de un largo camino, llevando en sus manos ensangretadas por los sabañones, ateridas de frío un pedazo de leña para calentar la escuela. Hay centenares de escuelas rurales casi sepultadas en la nieve, tan desnudas y lóbregas como cavernas, donde los chicos se ahogan por el humo o dan diente con diente por el frío, mirando con terror los blancos copos que caen sin cesar, que se amontonan sin descanso sobre sus lejanas cabañas, amenazadas por los aludes de los témpanos de hielo. Mientras vosotros niños festejáis el invierno.

“¡Pensad en las miles de criaturas a quienes esta estación de invierno les trae la miseria y les produce la muerte!”



TU PADRE”


Diciembre

El albañilito

Domingo, 11


El albañilito ha venido hoy a casa, vestido con una cazadora y vieja ropa de su padre, todavía blanca todavía por la cal y el yeso. Mi padre deseaba que viniese aún más que yo. ¡Cómo le gusta! Apenas entró se ha quitado el viejísimo sombrero, que estaba cubierto de nieve, y se lo ha metido en un bolsillo; después ha venido hacia mí con su andar descuidado de trabajador cansado, volviendo aquí allá parte su cabeza, redonda como una manzana y con su nariz achatada roma. Y cuando fue al comedor, después de echar una ojeada a los muebles, se ha detenido mirando un cuadrito que representa a “Rigoleto” , un bufón jorobado, y le ha puesto la cara con su acostumbrado «hocico de conejo». Es imposible no reírse al verle hacer esa mueca.

Luego nos pesimos a jugar con palitos. Tiene una habilidad extraordinaria para hacer torres y puentes, que parece no se caen de por milagro; y trabaja en eso muy serio y con la paciencia propia de un hombre. Entre una y otra construcción me ha ido hablando de su familia: viven en una buhardilla; su padre va a la escuela de adultos, de noche, para aprender a leer; su madre no es de aquí, es de Biella. Deben quererle mucho, porque, aunque va vestido pobremente, está bien resguardado del frío con ropa cuidadosamente remendada y el lazo de la corbata bien hecho con exquisito gusto y anudado por su misma madre.

Me ha dicho que su padre es un hombretón, un gigante que apenas cabe por las puertas, pero bonachón; acostumbra llamar a su hijo «hociquito de liebre»; él, por el contrario, es más bien equeñín para la edad que tiene...

A las cuatro hemos merendado jntos pan y pasas, sentados en el sofá el uno junto al otro, y al terminar, y cuando nos levantamos, no sé por qué, mi padre no ha querido que limpiase el respaldo manchado de blanco por el albañilito había manchado de blanco con su chaquetón. Me ha detenido la mano y luego lo ha limpiado después él sin que le viéramos. Jugando, al albañilito se le ha caído un botón de la cazadora, y mi madre se cosió poniéndose él muy rojo, admirado y confuso, conteniendo el aliento. Después le he enseñado el álbum de caricaturas, y él, sin darse cuenta, imitaba las muecas de aquellas caras tan bien, que hasta mi padre no ha podido contener la risa. Aeastaba tan contento estaba al irse, que se ha olvidado de ponerse su viejo sombrero y, al llegar a la puerta de la escalera, para mostrarme su reconocimiento y gratitud, me ha hecho una vez más la gracia de poner el «hocico de liebre». Se llama Antonio Rabusco, y tiene ocho años y ocho meses...

¿Sabes, hijo mío, por qué no quise que limpiaras el sofá? Porque hacerlo viéndolo tu compañero era casi reñirlo por haberlo ensuciado. Y no convenía, e primer primeramente: porque no lo había manchado adrede, y, luego, porque lo había manchado con ropa de su padre, que se la había enyesado trabajando: y lo que se mancha trabajando no es suciedad, sino es polvo, cal o lo que quieras; barníz todo lo que quieras, menos suciedad. El trabajo no ensucia. No digas nunca de un obrero que sale de su trabajo:

«Está sucio.» Debes decir: «Tiene en su ropa las señales, las huellas de su trabajo.» Recuérdalo bien. Quiere mucho al albañilito, ante todo primero: porque es compañero tuyo, y, además, porque es hijo de un trabajador obrero.



TU PADRE.”


Diciembre

La bola de nieve

Viernes, 16

Sigue nevando, nevando sin cesar. Esta mañana, a causa de la nieve, ha ocurrido un accidente desagradable percance cuando salíamos de la escuela. Un tropel de muchachos, apenas llegaron a la plaza, empezaron hacer pelotas con aquella nieve acuosa que las hace sólidas y pésadas, y empezaban a tirar bolas de nieve acuosa tan duras y pesadas como piedras. Por la acera pasaba mucha gente. Un señor gritó:

-¡Alto, chicos!

Pero en aquel preciso momento se oyó por otra parte un agudo chillido, viéndose a un viejo que había perdido el sombrero y andaba vacilante, cubriéndose la cara con las manos, y junto a él un niño que gritaba:

-¡Socorro! ¡Socorro!

En seguida acudió gente de todas partes. Le había dado una pelota de nieve en un ojo. Todos los muchachos corrieron y escaparon a la desbandada, huyendo como flechas. Yo estaba delante de la librero, adonde había entrado mi padre, y vi llegar de prisa a varios compañeros míos, que se mezclaron entre los demás escapantes fingiendo que miraban los escaparates eran:

-Garrón con su acostumbrado panecillo en el bolsillo; Coreta, el albañilito, y Garofi, el de los sellos de correos.-

Mientras tanto se había reunido mucha gente en torno del viejo; y los guardias corrían otros de una parte a otra amenazando y preguntando:

-¿Quién ha sido? ¿Quién?¿ Eres tú? ¡Decid quién ha sido…! -Y miraban las manos de los muchachos para ver si las tenían humedecidas de la nieve.

Garofi estaba a mi lado; me di cuenta de que temblaba mucho y estaba tan pálido como un muerto.

-¿Quién? ¿Quién ha sido? -continuaba gritando la gente.

Entonces oí a Garrón que dijo por lo bajo a Garofi:

-Anda, ve a presentarte; sería una cobardía permitir que se lo sospechen a otro.

-¡Pero si yo no lo he hecho adrede! -respondió Garofi, temblando como una hoja de árbol.

-No importa, cumple con tu deber -contestó Garrón.

-¡Pero si no tengo ganas para confesarlo, No me atrevo!

-Anímate, yo te acompaño.

Y los guardia y los otrasgentes gritaban cada vez más fuerte:

-¿Quién es el culpable? ¿Quién ha sido? -¿Quién es?¡Le han metido un cristal de sus lentes en un ojo! ¡Lo han dejado ciego! ¡Perdidos!

Yo creí que Garofi se iba a desmayar.

-Ven -le dijo resueltamente Garrón-; de forma imperativa-, yo te defendo..

Y cogiéndole por un brazo le empujó hacia adelante, sosteniéndole como a un enfermo. La gente, viéndolo, lo comprendió todo en seguida, y algunos corrieron con los puños levantados. Pero Garrón se interpuso, gritando:

-¿Qué vais a hacer, de arremeter diez hombres contra un niño?

Entonces ellos se detuvieron; y un guardia municipal tomó a Garofi de la mano y lo condujo abriéndose paso entre la multitud a una pastelería, donde habían llevado al herido. Al verlo, reconocí de inmediato al viejo empleado que vive con su sobrinillo en el cuarto piso de nuestra casa. Lo habían recostado en una silla, poniéndole un pañuelo sobre los ojos:

-¡No lo he hecho adrede, ha sido sin querer! -decía, sollozando, Garofi, medio muerto de miedo-. ¡Ha sido sin querer!

Dos irrumpieron con violencia y le arrojaron violentamente en la tienda y lo tiraron al suelo, gritando:

-¡Abajo esa cabeza! ¡y pide perdón!

Yle echaron al suelo, Pero de pronto dos vigorosos brazos le pusieron de pie, oyéndose una voz resuelta que dijo:

-i No, señores!

Era nuestro Director que lo había presenciado todo.

-Puesto que ha tenido el valor de presentarse -añadió-, nadie tiene derecho a maltratarlo.

Todos guardaron silencio.

-Pidele perdón -le dijo el Director a Garofi .

Garoffi, llorando a lágrima viva, abrazó las rodillas del anciano, y éste buscando con la mano su cabeza del niño, le acarició cariñosamente el pelo, entonces tojos dijeron:

-¡Ea, muchacho, vete a casa!

Mi padre me sacó de allí de entre la multitud y me pregunto por el camino me dijo:

-Enrique, en un caso análogo,
¿habrías tenido el valor de cumplir con tu deber e ir a confesar tu culpa?

Yo le respondí que sí.

El me replicó:

-Dame tu palabra de honor de que así lo harás.

-Te doy mi palabra, padre mío.