lunes, mayo 14, 2007

Fernando Ampuero (Mujeres difíciles, hombres benditos),

El título que Fernando Ampuero (Lima, 1949) le ha puesto a su último libro de relatos tiene una resonancia irónica y provocadora (sobre todo para la sensibilidad feminista), que seguramente el autor buscaba, pero creo que no corresponde bien al contenido del libro pues, aunque roza esos motivos, va en otras direcciones. En verdad, más le convendría el título del primer cuento del volumen: "Gracias por la fantasía"; la razón es que, sin dejar de operar básicamente como un realista, en estas nuevas narraciones Ampuero usa (más que en sus anteriores, según las recuerdo) ese plano como un simple punto de apoyo para alcanzar otro muy distinto, que podría llamarse fantasioso, pero sin dejar de tener una naturaleza ambigua: está en comunicación con lo real pero alterándolo de un modo inquietante o revelador. Es esa transición, ese pasaje (como lo llamaba Cortázar) lo que otorga interés a este libro.

En principio, no hay en él nada que los lectores no puedan reconocer como algo habitual o familiar, como arrancado de situaciones que cualquiera ha visto o vivido; de hecho, la mayoría de los relatos tienen una textura testimonial o cronística (fácil de asociar con su largo ejercicio periodístico), y hasta confesional, porque en algunos casos el autor aparece, con su propio nombre entre sus personajes. Ciertos localismos, además, acentúan ese efecto para el lector peruano, aunque varias narraciones ocurren en ambientes extranjeros. Pero todo es parte de una estrategia narrativa que nos hace creer que los textos van a moverse en la más llana realidad, donde todo es seguro o normal. La trampa que el autor nos tiende sólo surge en las últimas páginas de los textos, que demoran la sorpresa el mayor tiempo posible, con largos prolegómenos, preparativos e incidentes, que luego descubrimos eran laterales al nudo de la historia.

El libro está dividido, según la temática anunciada por el titulo, en dos partes desiguales: ocho relatos corresponden a "Mujeres difíciles", sólo dos a "Hombres benditos". Me resultó difícil, en ciertos casos, saber cuál era el criterio para esa clasificación. No creo que eso tenga demasiada importancia para disfrutar de estas narraciones. Una de sus virtudes es la de estar escritas sin recurrir a mayores artificios verbales o a técnicas aparatosas. Su prosa es esencialmente funcional, directa y fiel a una idea que cualquier buen realista aprobaría: contar una historia sin hacer sentir que algo o alguien se interpone entre la ficción y su correlato objetivo; es decir, que la representación literaria nos permite identificarla con nuestra percepción de lo real. Por supuesto que hay variantes y diferencias entre texto y texto, pero esa es la regla general, lo que bien puede ejemplificarse seleccionando cinco relatos del conjunto.

De ese grupo, el ya mencionado "Gracias por la fantasía" puede no ser el más logrado de ellos, pero sí un modelo característico de la hábil distorsión o salto cualitativo que se produce en los cuentos del autor. Al comienzo, parece una típica aventura erótica de ocasión, bastante trivial o previsible: en un viaje a México, el narrador encuentra a una hermosa muchacha, cuyo cursi nombre es Azucena y cuya destreza para el baile de inmediato lo fascina y lo lleva a una fugaz aventura sexual. Pero la muchacha es, o aspira a ser, lo que se llama una artista conceptual con disparatadas ideas ecológicas, que él comenta con burlón escepticismo. Hay una delirante escena en una plaza de toros, en la que sorpresivamente Azucena aparece disfrazada como una vaca, mugiendo en protesta por la crueldad del espectáculo. Lo erótico pasa de modo inesperado a un segundo plano y en los pasajes finales (lo mejor del relato) el narrador le agradece la fugaz fantasía que le ha hecho vivir, en privado y en público, y medita, melancólicamente, que todo eso se ha convertido en algo permanente en su memoria; esas líneas redimen al ocasional amorío de su frivolidad y lo muestran bajo otra luz: como algo casi del todo imaginario.

"La aventura", en cambio, puede considerarse, de comienzo a fin, el mejor relato del libro. Narra una excursión que consiste en la travesía de un torrentoso río andino; aunque hay dos botes, uno ocupado por los veteranos, todo se concentra en el tripulado por un grupo de jóvenes. Lo curioso es que las escenas que describen el viaje mismo apenas si ocupan las últimas dos páginas; el resto narra minuciosamente los preparativos, instrucciones y expectativas de los novatos aventureros, que van produciendo un creciente clima de tensión y que nos hace pensar que algo trágico va a ocurrir. Eso ocurre, pero no precisamente a los que creemos más vulnerables, pues hemos sido astutamente despistados por las largas escenas previas en las que percibimos el alto riesgo que los muchachos afrontan. El final es incierto y difuminado por un leve toque poético que adelgaza e interioriza el plano real en el que la historia ha transcurrido hasta ese punto.

"Voces" y "El padre de Sebastián" son cuentos breves que presentan dos casos, muy diversos, de la misma súbita irrupción de lo fantástico o extraño; ambos siguen, además, una línea muy simple, lo que aumenta el efecto de sorpresa que nos deparan. El primero es un diálogo de tema científico entre un especialista del oído y el narrador —su amigo y paciente— a propósito de una mujer que visita el consultorio para que el médico examine a su hijo, que parece tener problemas para escuchar ciertas voces. En un brusco salto narrativo, toda la historia se traslada a un nivel que colinda con el más allá. El segundo contiene dos episodios de experiencias inexplicables o religiosas (primero una curación milagrosa, luego una ceremonia de macumba) que crean la duda sobre lo que realmente ocurrió en ambas instancias.

Pero quizá el texto más paradigmático de todos sea el final: "Historia de la sábana y el vaso de agua". El cuento puede considerarse una especie de poética del autor, una reflexión autocrítica sobre su propio arte de contar, pues comienza señalando que le gustan los relatos que, al revés de los suyos, se ahorran los prolegómenos: "No me gustan los cuentos que tienen preámbulos, sino más bien aquellos que, yendo directamente al grano, arrancan con una primera frase que coge de la nariz al lector" (p. 135). Hay mucha ironía allí, porque lo que sigue es precisamente lo contrario: un largo preámbulo contado en un tono de confesión personal que incluye un comienzo alternativo para su propio texto.

Ese tono conviene al relato porque lo que va a contarnos es un episodio de su juventud aventurera y trotamundos. ¿O hacernos creer eso es su mayor trampa? La duda cabe, aunque yo prefiero desecharla porque es una historia que, como muchos, le escuché narrar en persona años atrás, como una anécdota de esos tiempos. El asunto me pareció fascinante y mi primera reacción fue decirle que debía escribirla. Ampuero, siguiendo similares consejos de otros, al fin se ha animado a hacerlo. Es imposible referir siquiera un detalle de ella —salvo para decir que ocurre en Hungría— sin revelar su secreto, sobre todo porque el autor la ha comprimido en apenas una página, reduciéndola a casi una sola imagen, más poética que narrativa. Y eso, después de haber jugado tanto con la expectativa del lector, tal vez no sea del todo suficiente para satisfacerla.

Hay que señalar, finalmente, que la prosa de Ampuero no está exenta de algunos deslices, prisas e imperfecciones. Por ejemplo, en "Voces", el personaje femenino usa la palabra "malcriadez" (p. 37) en vez de "malacrianza". Podría aducirse que ese barbarismo aparece en un diálogo, pero la verdad es que no cumple ninguna función para definir el perfil social o cultural de quien habla. - Por José Miguel


Aunque su obra literaria abarca casi todos los géneros (narrativa, poesía, teatro), Fernando Ampuero es conocido más que nada como cuentista. Su primer libro fue un conjunto de relatos, Paren el mundo que acá me bajo (1972), al que después seguirían otros, hasta llegar al consagratorio Cuentos escogidos (1998) editado por Alfaguara como parte de una colección dedicada a cuentistas latinoamericanos como Cortázar, Onetti y Monterroso. Tras publicar un par de poemarios y la polémica crónica novelada El enano (2001), Ampuero retorna a la narrativa breve con el libro de cuentos Mujeres difíciles, hombres benditos (Alfaguara, 2005).

Casi todos los relatos del libro están centrados, como se anuncia en el título, en las diferencias de caracteres y comportamientos de hombres y mujeres, más específicamente dentro de la relación de pareja. Gracias por la fantasía, el primero de los ocho cuentos, es la historia de un peruano maduro y sereno que conoce en México a Azucena, una hermosa artista "de avant garde". El amor entre ambos surge instantáneamente, a pesar de la fama de libertina de la artista, pero las locuras de Azucena (escándalos y protestas públicas) terminan separando a la pareja: "No la llamé al llegar a Lima, ni la volví a llamar nunca más... algunas personas contamos con una suerte de desidia que nos preserva de las chifladuras".

En la misma línea están La visita del cometa, previamente publicado en Cuentos escogidos, en el que un joven empresario enamora a una azafata sin saber que ella está a punto de estallar emocionalmente; y El deseo del abismo, sobre una mujer que busca un compañero que la ayude a superar el "bloqueo" sexual y la anorgasmia. En la mayoría de estos cuentos los narradores son los personajes masculinos, quienes desde el asombro y la perplejidad, como ha señalado el crítico Julio Ortega, se ven involucrados en sucesos que escapan de su control. Pero además de perplejidad, estos hombres dan muestras de una ingenua obsesión por lo bello y bastante superficialidad en su conocimiento de lo femenino.

Como ya señalamos a propósito de los cuentos de Bicho raro (1996), un libro demasiado disparejo, también en estos relatos Ampuero cae frecuentemente en ciertos lugares comunes y estereotipos, especialmente en lo que respecta a las descripciones de mujeres ("el ceñido polito... definía su angosta cintura y realzaba su busto generoso"), además de mostrar una marcada tendencia al esnobismo y al abuso de los referentes "culturosos". Sólo en el primer cuento se menciona a Dorian Gray, la pintura rococó, el Aleph, Isadora Duncan, Sergei Essenin y un largo etcétera.

Los mejores relatos de Mujeres difíciles, hombres benditos son aquellos que abandonan ese tipo de detalles y en los que el autor parece dejarse llevar por la trama, sin perder de vista el efecto final. En La aventura, que de alguna manera remite al cuento Malos modales, un grupo de jóvenes capitalinos enfrenta la aventura de hacer canotaje en el río Cañete, aunque en realidad el tema es las diferentes respuestas de hombres y mujeres ante esta experiencia. Y en Una vaga astrología, tres redactores de un periódico limeño tratan de descubrir la identidad de la secreta admiradora de uno de ellos. En ambos casos los aciertos parten de la elección del narrador, que no es el protagonista de la historia.

Hay además en este libro un abierta opción por la sencillez y claridad, que forma parte de la búsqueda del autor de un cierto carácter oral para sus relatos. No se apela a elipsis ni complicaciones estructurales; el lenguaje es gramaticalmente simple y sin adornos retóricos, salvo algún adjetivo poco común. Opciones que hacen que los textos resulten de fácil lectura, pero que también acarrean ciertos riesgos literarios. Mujeres difíciles, hombres benditos es, en conjunto, un buen libro de cuentos, más homogéneo y coherente que los publicados anteriormente por Fernando Ampuero.
Artículos recientes de Javier Agreda

Quien guste del libro divertido y fácil de leer encontrará lo que buscaba en Mujeres difíciles, hombres benditos, del escritor peruano Fernando Ampuero. Este requerimiento infravalorado por los críticos literarios con problemas de estreñimiento es precisamente lo que convierte a Fernando Ampuero en un escritor de éxito. Porque quién haya dicho que la literatura peruana necesita más literatura sesuda y comprometida se equivocó rotundamente. Se equivocaron aún más aquellos que recientemente, haciéndose pasar por literatos indigenistas en una mediática polémica, pretendieron vender su obra, al parecer, de más calidad y más necesaria que la que sí se vende, o se piratea. Lo que en realidad puede estar pidiendo a gritos la literatura nacional es simplemente más literatura y más géneros y más variedad, y menos infumables novelones de ochocientas páginas que a lo mejor nos narran la debacle de la democracia y el fin de la historia pero que son mortalmente aburridos. No cualquiera es Vargas Llosa. Tampoco digo que Ampuero sea el paradigma de lo que haya que hacer para sanear en algo el ajusticiado panorama literario. Pero sabe lo que hace. Supongo que la tarea de resucitar al paciente está en los jóvenes y en su capacidad para arriesgar más y presentarse como singularidades y buenas alternativas. De hecho, hay un agujero negrísimo en cuanto a géneros literarios se refiere. Sabemos muy poco de literatura de viajes, diarios, literatura infantil, ciencia ficción, terror, o novela fantástica.

En fin, volvamos a las mujeres difíciles y los hombres benditos de Fernando Ampuero. Para empezar diría que si me abrieran el libro sin mostrarme el nombre del autor lo reconocería al instante, creo que hasta oliendo la tapa. Porque Ampuero se ha reafirmado en su estilo sencillo, de frases eficientes antes que bonitas, diseñadas para no distraer al lector con detalles o descripciones abultadas. Es verdad que no hay esa profundidad psíquica que buscan los estreñidos de los que hablaba antes, a cambio los personajes se materializan a través de los actos. No sé si sea un defecto del libro pero las mujeres difíciles de este conjunto de relatos solo seducen al narrador, o al autor, que sospechosamente —y diría que hasta intencionadamente—, se parecen bastante en todos los cuentos; seguramente el papel adjudicado al lector radique exclusivamente en sorprenderse y admirarse con las audacias y excentricidades de estas sabinas, vaya que hay chaladas en libro.

A la primera de ellas, el autor ha acertado enmarcándola dentro de un ambiente surrealista, puesto que de otro modo habría resultado inverosímil. Creerse una vaca lechera no es moco de paco y mucho menos en la plaza Monumental del DF, la plaza de toros más grande del mundo. Esto es lo que le sucede a Azucena o quizá mejor dicho lo que le sucede al personaje masculino de "Gracias por la fantasía". En "Voces" las voces que se oyen como que no deberían oírse de ninguna manera a no ser que te falte un tornillo, a la protagonista del relato parece que le faltan por lo menos dos. En "El deseo del abismo", el abismo es un buen orgasmo a lo Meg Ryan en When Harry met Sally pero sin comprometer la amistad ni los locos años setenteros en los que la gente se decía de todo a la cara, por aquello de que eran hippies y Marx no había escrito nada de las mujeres sexualmente insatisfechas.

De todos los relatos el mejor y quizá el mejor de Fernando Ampuero en su trayectoria de cuentista, sin contar o si quieren contando "Taxi driver sin Robert de Niro", es "Una vaga astrología". A manera de pesquisa policial se narra una intrigante historia de amor, con mensajes encriptados en los horóscopos que se publican en una revista de actualidad política. El sabotaje tiene como objetivo (u objeto de deseo) al jefe de redacción de dicha revista (que parece Caretas) pero las investigaciones acaban dando dos posibles sospechosas. Habrá que tomar una decisión salomónica. Este relato, junto con "El padre de Sebastián" y "La historia de la sábana y el vaso de agua", brillan por su originalidad temática dentro del libro y caracterizan mejor el estilo y la potencialidad de Fernando Ampuero como cuentista. Tres historias infalibles, escritas con audacia y pulso. En "El padre de Sebastián" se plantea el antiguo tema de la danza con la muerte, realzado con un viaje al Brasil que introduce en el cuento el elemento ritual Macumba, dotándolo así de un aura satánica y misteriosa. En "La historia de la sábana y el vaso de agua", el final parece sacado del mejor sueño dionisiaco que pueda imaginarse, cerrando el libro con una alegoría que a lo mejor pretende responder al por qué de los hombres benditos del título, no tanto por buenos, inocentes o en desventaja intelectual frente a las mujeres, sino por suertudos, que se las sacaron dicen que de las costillas. EEUU.

viernes, mayo 11, 2007

Fernando Ampuero (Cuentos escogidos )

La publicación ahora de sus Cuentos escogidos (Alfaguara, 1998), que lleva un estudio prologal de Gustavo Faverón Patriau —joven crítico de agudeza muy poco común—, permitirá apreciar mejor la extraordinaria flexibilidad creativa del autor. Ampuero ensaya registros distintos, como si cada historia demandase, además del placer de narrar, su propia estrategia de contar. Cada cuento se resuelve en su forma única, con precisión en el diseño y con pasión en la trama. Hasta las historias más evidentes, aquellas que son el cuento de un cuento, trazan una ceremonia que la historia recorre al modo de un breve laberinto favorable. Esa elegancia casual asegura el asombro del narrador, que no sabe más que el lector, y que vive la anticipación del relato como una clave sobre su propia vida. El candor con que el personaje de Taxi Driver, por ejemplo, narra el horror absurdo de su historia, se arma sobre lo que ignora de sí mismo, su humanidad puesta a prueba.

Muchos y muy diversos elementos se requieren para formar a un buen narrador: inteligencia y observación, una rica experiencia vital, habilidad para crear historias interesantes y a la vez significativas, una formación literaria que le permita manejar eficientemente el lenguaje y las técnicas narrativas. Son pocos los escritores que logran reunir todos estos elementos y llevarlos hasta sus creaciones, algunos sólo lo consiguen tras una paciente dedicación al género. El periodista y escritor Fernando Ampuero (Lima, 1949) ha ido afinando poco a poco todas estas habilidades en su ya larga trayectoria literaria -iniciada con el libro de relatos Paren el mundo que aquí me bajo (1972)- que ha alcanzado en el campo del cuento un especial éxito, tanto entre los lectores como entre los críticos. Ese éxito se ha visto confirmado con la reciente publicación de Cuentos escogidos (Alfaguara, 1998), libro que forma parte de una prestigiosa colección que reúne a los mejores cuentistas de nuestro continente.

Los cuentos más conocidos de Ampuero narran historias que los limeños creemos ya haber escuchado alguna vez, esa especie de mitos urbanos contemporáneos que de cierto modo expresan el ambiente social y cultural propio de nuestra época. En El departamento se trata de la historia del joven que es confundido con un terrorista y muere en un supuesto interrogatorio policial; en Taxi driver, sin Robert de Niro la de los taxistas que se dedican a buscar clientes borrachos para venderlos a pandillas de delincuentes. Y, en Malos modales, el sueño de todo adolescente: la joven hermosa y misteriosa que lo inicia sexualmente y que además lo trata como a una persona especial.

Dos son los recursos principales a los que apela el autor para otorgar realidad a este tipo de relatos. El primero, como señala Gustavo Faverón en el interesante prólogo del libro, es indirecto: "la presencia iterativa y acuciosa de la elaboración racional" (p. 32). De una manera casi borgiana, Ampuero se cuestiona constantemente acerca de la verosimilitud de los sucesos que está narrando: "Desconozco si la versión que doy ahora exagera o atenúa algunas escenas. Con otros que la oyeron, aparte de los hechos en sí, coincido en el patetismo." (El departamento). El otro recurso consiste en crear, a partir de la acumulación de elementos secundarios, la atmósfera apropiada para cada cuento. Estos elementos secundarios, como sucede en la realidad, suelen ser de naturaleza diversa, opuestos y hasta contradictorios: un Papá Noel asaltado por un grupo de "pirañitas" en Bicho raro, o la amabilidad y cortesía de un asesino en Mi buena estrella. En estos detalles radica gran parte del humor y la ironía tan característicos de esta narrativa.

Ampuero ha realizado para este libro una buena selección entre sus relatos, dejando de lado aquellos en los que los protagonistas buscan la belleza, artística o humana, como una evasión a los problemas de la vida diaria, como señaláramos con motivo de la publicación del libro Bicho raro en 1996. Por el contrario, los cuentos incluidos en esta antología se enfocan especialmente en aquellas situaciones y personajes que expresan los problemas y contradicciones del mundo moderno: la lujosa vida de unos perros en Europa (y los problemas del peruano que los cuida) en Más allá del amor a los perros; la soledad de una mujer joven, hermosa y asediada por los hombres en La visita del cometa; la siempre vigente disputa entre la libertad individual y el orden social en Pánico en la clínica de tartamudos.

Cuentos escogidos de Fernando Ampuero es una muy buena antología, una oportunidad para acercarnos a lo mejor de una obra narrativa algunas veces irregular pero que, tanto por su calidad como su originalidad, ha merecido elogios de críticos como José Miguel Oviedo y Julio Ortega. Un libro que representa para su autor una verdadera consagración internacional, pues en esta misma colección se han publicado libros similares de maestros del género como Cortázar, Onetti, Monterroso o Ribeyro.

Javier Ágreda

martes, mayo 08, 2007

Fernando Ampuero (Bicho raro)

En paralelo a su reconocida labro periodística, Fernando Ampuero (Lima, 1949) ha venido desarrollando una interesante obra narrativa que se inició con el libro de cuentos Paren el mundo que aquí me bajo (1972); y que ha alcanzado un especial éxito, tanto de ventas como de crítica, con sus dos últimos títulos: Caramelo verde (1992) y Malos modales (1994). Esta narrativa se enriquece ahora con Bicho raro (Campodónico, 1996), un conjunto de siete cuentos con personajes que, como los cronopios cortazarianos, se empeñan escandalosamente en romper con todas las convenciones sociales.

Son propios de estos peculiares "bichos raros" la búsqueda constante de la belleza y el ser incomprendidos por las personas que los rodean. Así se plantea desde el primer cuento, Criaturas musicales, que trata de las constantes discusiones de una desigual pareja de esposos. Él es emotivo y con una fuerte sensibilidad estética; ella es práctica y temperamental. Por eso, cuando él descubre una madrugada que en la TV hay un especial sobre María Callas y decide despertar a su mujer para que participe de tan sublime experiencia, la respuesta de ella sólo puede ser: "¡Y me despiertas para decirme que María Callas está en la tele!... ¿Eres imbécil o qué?" (p. 26).

Los problemas encontrados al tratar de acceder directamente a la belleza hacen que estos personajes opten por acecharla en los lugares más insospechados. Cuarto del oeste, sin duda el mejor cuento del libro, narra las travesuras de dos hermanos, aprendices de bichos raros, en una vieja casona de campo familiar. Ahí, rodeados de los más extraños objetos, estos niños comienzan a inventar excéntricos rituales: dispararle seis balazos a la luna, pasear de noche por el campo alumbrados con candelabros de plata. O, mucho más inquietante, durante el velorio de la hermosa tía Elenita -aprovechando que los demás se quedaron dormidos- desnudarla para besar sus senos.

Ampuero recurre al humor como elemento que permite a estos personajes orientarse en su búsqueda de la belleza. Y con el humor aparecen algunos de sus mecanismos clásicos, entre otros la unión de opuestos (como la conjunción de eros y tánatos en Cuarto del oeste) o las inversiones de estirpe carnavalesca (reemplazar lo heroico por lo infame, lo sublime por lo bajo, etc.). Esto último sucede en los cuentos Más allá del amor a los perros (donde incluso se presenta a un veterinario que masturba a sus pacientes) y Una pasión del espíritu, que narra la extraña costumbre de Ernesto, un talentoso pero poco afortunado pintor, de apropiarse de los objetos que le gustan a través de la "meada espiritual"; es decir, orinando sobre ellos. Lo hace en la fachada de La Merced, en una pintura de Duchamp, en un pisapapel de cristal, etc. Finalmente, intenta hacerlo en una hermosa mulata que acaba de cantar Georgia on my mind con una voz que era "una devastadora combinación de Billie Hollyday y Aretha Franklin" (p. 133).

En todos estos cuentos encontramos las ya conocidas virtudes narrativas de Ampuero: una prosa simple pero efectiva, acertada dosificación en el manejo de las tramas y, especialmente, la creación de atmósferas apropiadas para cada cuento mediante pequeños sucesos secundarios (un Papa Noel acuchillado por "pirañitas" en Bicho raro, una gata de Angora comiendo fresas reventadas en Cuarto del oeste). Pero también encontramos una cierta pobreza en los diálogos y en las descripciones, las que suelen presentar lugares comunes y elementos de discutible gusto. Podemos notarlo especialmente en las descripciones de mujeres, casi todas hermosas, "de grácil figura" (p. 16), "rostro perfecto" (p. 50), "bonita cola, cintura estrecha y unas piernas larguísimas" (p. 132). Y la enumeración podría continuar.

Es esta tendencia a la banalidad y el estereotipo la que hace que no poco de la propuesta narrativa de Ampuero se pierda. Sus "bichos raros" sólo se diferencian del resto de personajes por su bondad o su obsesión por la belleza. Por eso los cuentos más débiles del libro son aquellos en los que se pretende interiorizar en la forma de pensar de estos personajes, como en el cuento que da título al libro, centrado en el diálogo entre un suicida y el doctor que pretende animarlo a seguir viviendo. Algo parecido ocurre en Azul caribe, el cuento más flojo del conjunto y el único que presenta a un "bicho raro" hablando en primera persona.

Aunque inferior a Malos modales, Bicho raro es, sin embargo, un libro que se lee con mucho interés, un conjunto de cuentos sumamente coherente y en el que podemos encontrar hasta una estética personal del autor (la de las inversiones y la marginalidad, presente ya en el título del libro). Pero es también una obra en la que se reafirman las ideas y los gustos más comunes, los estereotipos más difundidos. Narrativa light de alta calidad, pero light al fin y al cabo.



Bicho Raro tiene mucho que ofrecer con ironía, nostalgia, humor, inteligencia y calidez a raudales.

Es difícil situar preferencias ante un conjunto tan uniforme de relatos. Sin embargo en "Más allá del amor a los perros" se introduce una situación absurda y desmesurada que la pericia del narrador la libra precisamente de caer en lo absurdo y desmesurado. Unos finísimos perros daneses que viven en una mansión suiza empiezan a comportarse con tan patológica elegancia que ni el psiquiatra de perros puede curarlos. El final sorprende y divierte por lo insólito. Realmente memorable.
Radicalmente opuesto es "Los árboles", tenso relato que aborda el desgaste psicológico de dos combatientes del Cenepa enfrentados a la muerte, el abandono, la locura. La continua referencia a la exuberancia del follaje se contrapone adrede con un diálogo simple, elemental, que va creando abismos que preparan al desenlace.

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Finalmente "Bicho Raro", cuento que da nombre al libro cierra el conjunto. Un suicida frustrado cae en un hospital de emergencias la noche de Navidad donde es atendido por un eficiente, aséptico e imperturbable médico que termina sugiriéndole la clave del buen morir. Nuevamente se evidencia la tendencia de Ampuero por alejarse de la moralina y el juicio fácil. Administra con igual rigor la angustia y el escepticismo, el humor y la nostalgia, la comedia y la poesía, elementos que impregnan la vida cotidiana donde a final de cuentas todos somos una suerte de bichos raros. Un libro que se lee con verdadero placer.


domingo, mayo 06, 2007

Fernando Ampuero (Lima, 1949)

Ampuero, Fernando

Biografía.

Fernando Ampuero (Lima, 1949) estudió en el Club de Teatro y en la Universidad Católica de Lima. Empezó su carrera literaria en la década de los setenta con la publicación del volumen de cuentos Paren el mundo que acá me bajo (1972). Vivió en las islas Galápagos y en la selva boliviana y brasileña.

En 1975 obtuvo una beca de literatura en Budapest, donde escribió la novela Miraflores melody (1979), y a su regreso a Perú, se volcó en el periodismo, tanto en prensa como en televisión. Gato encerrado (1987) recoge una selección de sus crónicas y reportajes.


Entre sus obras destacan:

*Novelas:

  • Miraflores Melody (1979),
  • Caramelo verde (1992)
  • y El enano, historia de una enemistad (2001), novela que aún permanece en las listas de venta de su país PERU, donde superó los cuarenta mil ejemplares en pocas semanas. En la actualidad es Editor General de la cadena televisiva de noticias Canal N.


Cuentos:

-Paren el mundo que acá me bajo (1972),
-Deliremos juntos (1975)Malos modales (1994),
-Bicho raro (1996),
-Cuentos escogidos (1998),
-Mujeres difíciles,
-Hombres benditos (2005).

Crónicas:
-Gato encerrado (1987).

Poemarios:

  • Voces de luna llena (1998),
  • Muslo que subo (2004),
  • Malos modales (1994),


Fernando Ampuero (Lima, 1949) se ha convertido en uno de los escritores peruanos más inquietantes de este fin de siglo, tanto por el talento episódico de sus relatos de empatía como por la calidad de su registro emotivo. En la estirpe de Julio Cortázar o Italo Calvino, Ampuero escribe en estado de asombro, y su mundo está iluminado por la luz de la perplejidad.

La historia de cómo un joven narrador peruano que en 1972 había publicado un fresco libro de bríos y rebeldías, Paren el mundo que acá me bajo (reeditado luego como Deliremos juntos), se transformó en un escritor sutil y complejo, que en Malos modales (1994) y Bicho raro (1996) sorprendió con relatos de altísima calidad, es un proceso que habrá que retrasar, y que tal vez el propio Ampuero podría contar como si se tratara de otro acertijo feliz. Pero tal vez ese descubrimiento de la tierra incógnita de la ficción mayor tenga que ver con el episodio que vivió en 1991, cuando, navegando en el extremo sur, en Tierra del Fuego, sobrevivió el peligro de un naufragio. Después de todo, la perplejidad es el arte de remontar la zozobra.

El hecho es que la obra de Ampuero ha empezado a imponerse por su cuenta y riesgo, dentro y fuera del Perú. Es revelador que el Times Literary Supplement, de Londres, en su reseña de una reciente antología de cuentos latinoamericanos, distinga Taxi Driver sin Robert de Niro como uno de los más impactantes de esa muestra (20 de noviembre de 1998). Hard-hittings, dice bien el crítico. Los cuentos de Ampuero conmueven de inmediato y prolongan su efecto porque acontecen en el espacio emotivo donde las historias se explayan y descifran sin agotar la riqueza anímica de su íntima violencia. Ese asombro convierte a lo cotidiano en un escenario insólito, donde la vida es un relato de excepciones y revelaciones, de enigmas y simetrías, de absurda poesía y humor paradójico.

La publicación ahora de sus Cuentos escogidos (Alfaguara, 1998), que lleva un estudio prologal de Gustavo Faverón Patriau —joven crítico de agudeza muy poco común—, permitirá apreciar mejor la extraordinaria flexibilidad creativa del autor. Ampuero ensaya registros distintos, como si cada historia demandase, además del placer de narrar, su propia estrategia de contar. Cada cuento se resuelve en su forma única, con precisión en el diseño y con pasión en la trama. Hasta las historias más evidentes, aquellas que son el cuento de un cuento, trazan una ceremonia que la historia recorre al modo de un breve laberinto favorable. Esa elegancia casual asegura el asombro del narrador, que no sabe más que el lector, y que vive la anticipación del relato como una clave sobre su propia vida. El candor con que el personaje de Taxi Driver, por ejemplo, narra el horror absurdo de su historia, se arma sobre lo que ignora de sí mismo, su humanidad puesta a prueba.

Pero este talento de Ampuero para el registro vario tiene que ver
también con la justa distancia con que su relato promedia entre el narrador, los hechos y el lector. Julio Ramón Ribeyro forjó una impecable distancia desapacible, esa proximidad amable ante el desamparo de sus personajes, que sobreviven la tiranía de los códigos sociales. Alfredo Bryce Echenique ha ocupado con elocuencia la intimidad, aboliendo casi las distancias para comunicarnos cada vez más la ruptura jocosa de la autoridad de los códigos. Fernando Ampuero, por su parte, ha dirimido su propio espacio anímico, una tierra delgada donde sus personajes zozobran, balbucean y se transforman, pero no sólo en la naturaleza ligeramente arbitraria de lo humano, sino en las hablas, decires y recuentos que la interpretan, procesan y construyen. De algunos personajes no sabemos sino lo que se dice sobre ellos; y, a veces, lo que ellos dicen es ya una distancia sutil frente al otro. Esta urdimbre es el espacio de la subjetividad, donde cualquier mapa es tentativo.

Así, estos personajes se sitúan al borde del abismo emocional, donde los vemos de cerca, con empatía. Vemos la irreversible fuerza que los desplaza, con la lógica a veces implacable del sueño; sentimos su agonía y desamparo, pero también su sensibilidad herida y secreta. El padre de Criaturas musicales, situado entre la esposa antagónica y la hija cómplice, se nos revela de pronto recuperado por otra fuerza femenina, la de una cantante cuya música le devuelve la propia voz, la emoción superior del sentido.

Si las mujeres en Ribeyro son seres voluntariosos y fuertes, capaces de facilitar el pasaje social a sus parejas nostálgicas del bien perdido; si las mujeres en Bryce son seres espléndidos e imprevisibles, capaces de trastocarle la vida a sus parejas, en los cuentos de Ampuero nos encontramos con mujeres al día siguiente de un «ataque de nervios». Una elige a su pareja para recuperar el orgasmo y exorcizar al marido muerto, otra ha perdido a su pareja y degüella a una muchacha equivalente, otra habla con sus padres muertos y acusa al hijo por no oírlos. Como dice el hijo de un psiquiatra, haciendo eco a la retórica paterna, «en ciertas mujeres, en especial las mujeres jóvenes, las manías más reveladoras se dan una vez que ha pasado la crisis» (p. 56). Pero son, sobre todo, mujeres que se hacen en su relación con los hombres, tanto como estos en su interacción con ellas, al punto que juntos configuran un sujeto del desencuentro posretórico de la pareja, cuando ya no hay discursos aleccionadores o compensatorios que expliquen los hechos más básicos de su desamor. Ya en un cuento temprano (1971), ella le dice a él: «Necesito que continúes conmigo hasta que pueda dejarte» (p. 295).

Pero la zozobra emocional la viven ambos, como otra revelación. La pareja ilustra una perplejidad mayor. «Y ello, para mí, significó la incertidumbre» (p. 331), dice un personaje, declarando su no-saber como la ultima certeza: «Es decir, nunca supe... ». Lo incierto, por lo mismo, es conclusivo y delata la vulnerabilidad del sujeto. En otro relato, el narrador, un muchacho, ya sabe diferir esa emoción: «Sabían que mentía, para suavizar la incertidumbre» (p. 254). Otra vez, el discurso sirve para establecer complicidades y distancias, para urdir la intimidad. Otros personajes esperan «con desasosiego y ansiedad» (151) y reconocen «la desazón de su fastidio» (p. 199). El padre de Criaturas musicales se siente «más bien perplejo (…), dominado por una extraña sensación de desconcierto». Ese balbuceo emocional, sin «rabia o reproche», es también el abismo del habla, allí donde el sujeto se rinde a la materia emotiva, que lo reemplaza y preserva. Ya no es casual que la hija se llame Pilar y la cantante Callas.

Por lo demás, Ampuero ha logrado comunicar un humor peruano, un talante de bonhomía y arrebato que de inmediato identificamos como la entonación de una saga nuestra. Al azar de los viajes, esa idiosincrasia gentil y familiar colora los juicios y la lógica peculiar de un relato del exilio peruano, que todavía está por estudiarse y que algo revelaría del país. Kim Novak en París, por ejemplo, es una versión actual de la agonía de un erotismo libre: el personaje termina en un video sexual, metáfora de su culpa, de su condición de «soñador imprudente» (p. 138). El narrador expone aquí una lógica solo peruana cuando dice: «Como no había oído su nombre cuando se hablaba de pintores peruanos en Francia, me abstuve de hacer la menor pregunta sobre su trabajo» (p. 130). Menos laborioso, más natural, sería preguntarle precisamente por esa razón. Más allá del amor a los perros es una excelente versión de estos peruanos incólumes, cuya lógica cree que unos perros con hábitos y horarios deben tener problemas, y requieren, por tanto, ser desprogramados por medio de valsecitos y jarana contagiosa. La cultura es, al final, el espacio compartido de una subjetividad que nos alberga.

Criaturas de la emotividad, los personajes de Ampuero se reconocen en el linaje de la perplejidad:

«—Usted es un bicho raro, doctor.
«—Gracias —dijo Perales—. Usted también» (p. 403).


Perales es un joven médico de turno; el otro, un hombre desencantado que ha intentado suicidarse y planea no fallar la próxima vez. Pero el médico lo convence de darse un plazo, esperar el inicio del verano, ir a la playa, nadar, y, si después decide matarse, hacer lo que desee. Así, el cuento mismo es siempre un plazo renovado, una fábula de conjuros y recomienzos. Tiene la labor médica de reparar el sinsentido, de remontar el descreimiento. Narra, por eso, el asombro de una vida siempre mutua.

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Amas como una bestia
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(Canciones del cuerpo apasionado)

Fernando Ampuero

Amas como una bestia y como una bestia besas, lames, babeas, muerdes, amas como una niña herida recortada en su doliente soledad, gozas ferozmente y dejas oír el ruido animal de tu piel que se eriza, dentro de ti la noche se desgarra y truena con un ronquido de pantera, tu lengua es rápida y caliente, tu espalda una palmera que se arquea, tus piernas son tenazas de langosta, gruñes, arañas, chillas, amas como si todo cuerpo fuera tu enemigo.
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Dame todo el placer que tienes escondido
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Dame todo el placer que tienes escondido, déjame flotar en tu vaivén de mar silente, y así yo besaré (en la hora más vehemente) la bella y secreta arruga de tu cuerpo y hasta tus chispas beberé, antes de que la suave luna escape de su cerco.Verde es el deleite como el atardecer de un beso. Dame todo el placer que guardas para nadie, dame tus células y tu pensamiento. Abreme a la desnuda noche en mi deseo, dame todo el morir que acuna este momento.

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¿Quién dice que esto es un violín olvidado?

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¿Quién dice que esto es un violín olvidado? Cualquier tonto sabe que muy pronto te irás y probablemente también comprenda la tenue sabiduría de este instante. Cualquier tonto es capaz de sonreír y quién sabe si hasta no le sorprenda la perfecta claridad de mi mirada. Tu corazón, tan tierno, ya ha echado a volar. Yo no quiero hablar de ese estúpido milagro. Yo sólo quiero decirte que este violín es mío y que entre sus maderas encierra una suave melodía. Y que con ella, a veces, bailan las estrellas.

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Estoy en ti como el agua está dentro del agua

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Estoy en ti como el agua está dentro del agua y estoy en las medallas de sol que condecoran al agua de reflejos y estoy también en el soplo de brisa que inquieta el centro del manantial como si palpitase en el agua un corazón transparente.Estás en mí como el sueño está junto a la blanquísima almohada, y el ansia está siempre donde tu boca respiraEn cada jardín de mi reino hay una rosa que te anuncia, y en cada noche hay una distancia entre el olor de tu piel y mis manos, que es el amor, el lozano amor.

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Vengo de una antigua familia de espiritistas
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(Canciones del origén)
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Vengo de un antigua familia de espiritistas, gentes que le hablaban al aire o bien cavaban en los suelos de las casas buscando tapados (decíase así en Lima al referirse a los tesoros enterrados). La mirada vaga, al parecer, me viene de mi abuela (lado materno). Ella cabeceaba de sueño en sus trances de ultratumba, pero también lo hacía, y con finísimo estilo, a la hora de la siesta. La sonrisa desvaída es de mi tía María, y con dicho gesto indicaba que sabía algo que nadie más sabía. La comprensión a golpes de visiones era la habilidad propia de mi madre. (No me transmitió ese don, aunque si me ayudó, cuando niño, en las tareas de matemáticas). Los largos silencios y una ligera sordera tan sanos para una vida llevadera, han sido siempre rasgos comunes de todos mis ancestros; de ahí nos viene este aire de misterio. Por el lado paterno además tuve un abuelo hipnotista. El hipnotizaba a las piedras y luego las lanzaba al mar. Y en ocasiones, si se encontraba de humor, las obligaba a dar pequeños y gráciles saltos sobre las resplandenciente espalda de los tumbos.

Providence, 15 de enero de 1999.

© Julio Ortega, 1999, Julio_Ortega@brown.edu
Ciberayllu


miércoles, abril 18, 2007

Intima Gabriela

Intima Gabriela

Entrañable visión de la poetisa chilena a través del recuerdo de Ciro Alegría.

Este libro fue publicado por primera vez en 1969, en papel bulky, formato chiquitito y muy humilde. Veinte años después Editorial Antártica de Chile entrega una cálida e impecable edición, con fotografías inéditas, cartas y la prosa querendona de Ciro Alegría.


Escribe MARIA ELENA CORNEJO

Gabriela, su secretaria Margaritte Peterson y Ciro en Santa Bárbara en 1947.
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" Gabriela me extendió con llaneza no exenta de altivez, una mano tibia y fina, mano de india. Su rostro, pese a los ojos verdes, me hizo recordar el de las indias que acunaron mi infancia. La misma nariz aguileña, la misma boca pulposa, la misma sonrisa entre suavemente irónica y decididamente tierna." Ese es el primer recuerdo de nuestro escritor Ciro Alegría cuando conoció personalmente a la Premio Nobel chilena. Es cierto que años antes habían tenido un encuentro fugaz y varios desencuentros fortuitos, pero quiso la casualidad que Ciro y Ligia Marchand, su esposa en ese entonces, recalaran en la casa de Gabriela en Santa Bárbara, California, donde pasarían una semana muy rica en intercambio de experiencias y profundización de una afectuosísima amistad que duraría toda la vida.

El común de la gente tenía un erróneo concepto de la personalidad de Gabriela. La hacían altanera, hosca y hasta tacaña, con temibles altibajos de carácter. Ciro Alegría descubrió más bien a un ser de nobleza conmovedora, de risa fácil y conversación amplia e interesada "hasta en el menor asunto que saliera al paso. Desde el destino de la cultura grecorromana, hasta la utilidad del maguey". Era una india que, como Garcilaso, se enorgullecía de sus orígenes y reivindicaba su cultura.

Gabriela tenía la letra grande, extendida y ligeramente recostada. Cuando el trazo era tembloroso le echaba la culpa a la regadera de plantas.


Errabunda como su propio padre, con la salud resquebrajada a causa de una diabetes temprana y con el alma en añicos por sufrimientos que arrastraba desde siempre, Gabriela era una solitaria que gustaba de conversar con las personas con quienes se sentía bien pero evitaba el contacto con las que por alguna razón le disgustaban.

Ciro recuerda especialmente la mirada de la Mistral que por un extraordinario misterio parecía que traspasaba las gruesas gafas que la miopía diabética le imponía. "Gabriela me daba la impresión que veía las palabras. Los grandes ojos verdes miraban alternativamente con ternura, con júbilo, con tristeza, con angustia, con cautela, con recelo y aun con furor. Miraba en un juego permanente de gamas, reflejando innumerables emociones, según el tema del cual se hablase, según lo que viviera recónditamente su corazón".

Era un alma doliente y conflictuada, quizás a raíz de dos suicidios que marcaron a fuego vivo su corazón: el de Romelio Ureta, su enamorado de la adolescencia y el de Yin Yin, su sobrino adorado al que ella adoptó, crio y amó como si fuera su propio hijo y que se quitó la vida en plena juventud. Gabriela jamás se repuso de esa muerte y lloró al hijo ausente durante toda su vida. Llegó al punto de querer persuadirse que Yin Yin había muerto asesinado, pero cuando la certidumbre la abandonaba trataba de refugiarse en otras filosofías como la budista que cree en la reencarnación. Nada, sin embargo, lograría consolarla. "Mi vida ha estado casi siempre vacía. La gente habla pero no es verdad. No tuve amor. Si alguna vez te preguntan, di eso, como si fueras mi hijo...", le confesaría a Ciro en uno de los escasos momentos en que se abandonó al sufrimiento.

Yo les quiero mucho aunque calle", dijo la poeta en carta dirigida al escritor.

La relación amistosa de Ciro Alegría con Chile es grande. Allí fue desterrado en 1934 por ser militante del Partido Aprista. En Santiago escribió su primera novela `La Serpiente de Oro' y luego `Los Perros Hambrientos'. En un hospital de ese país estuvo internado dos años aquejado por tuberculosis y fueron los filántropos chilenos los que acordaron pasarle una "beca de generosidad" durante 4 meses para que pudiera escribir `El Mundo es Ancho y Ajeno'. Este último libro vende anualmente 15,000 ejemplares -en una adaptación para escolares trabajada por Dora Varona- porque es un libro de texto aprobado por el Ministerio de Educación de Chile.


Todos estos datos los recuerda su viuda Dora Varona en la solapa del libro. "Gabriela Mistral Intima", hermoso libro publicado por Editorial Antártica de Chile, es un ejemplo más de los estrechos lazos de amistad que unieron al escritor con la poetisa.
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Vale un paréntesis para mencionar la valiosa e incansable labor de Ediciones Varona a quien el mundo debe la difusión de la gran obra de Ciro Alegría. Cuando el escritor murió el 17 de febrero de 1967, solamente se habían publicado las tres novelas mencionadas líneas arriba. De manera póstuma se editaron 13 libros juveniles, 4 novelas, 3 libros de cuentos y un libro de memorias. En preparación hay tres libros más: "Boceto de un retrato del Perú" (escritos periodísticos publicados en Puerto Rico, Cuba y Lima), "Mi máquina de escribir" (artículos pu-blicados en el año 1933 en `La Tribuna' aprista) y "Breve viaje a través de la literatura". Falta investigar, recopilar y seleccionar muchos otros artículos publicados en Estados Unidos y que seguramente serán materia de varios otros libros.

"Nada de esto hubiera sido posible sin el apoyo de mi esposo Genaro Llaqui, gran conocedor de la obra de Ciro y mi ayuda invalorable en todos esos años", dice la editora.

Cubana de nacimiento, Dora fue una precoz poetisa que a los 13 años conoció el aplauso del público. Creció entre halagos y fue mimada desde entonces, pero cuando se casó con Ciro optó por convertirse en su secretaria privada. Al enviudar, se quedó con tres pequeños hijos y uno más en el vientre, afrontando un verdadero via crucis para poder mantener a su familia. Trabajaba en doble turno como maestra de escuela cuando ordenando la biblioteca de Ciro se detuvo en un libro sobre la vida de Ana Grigorievna, segunda esposa de Dostoievski. La lectura fue más bien una revelación y a partir de allí decidió dedicarse a recopilar la dispersa y prolífica obra de su esposo.

Los años han pasado, el impulso inicial sigue incólume aunque otros bríos se han sumado a la tarea. Ella y Genaro han redescubierto el Evangelio y se han incorporado como pastores al servicio de su Iglesia. "Nada de fotos, nada de lucimiento personal, nada de reconocimientos individuales", dice con la serenidad y fortaleza de quien ha encontrado la paz por caminos menos terrenales.
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Articulo sacado gracias a caretas.com.pe sección cultura:

martes, abril 17, 2007

=>EL INDIGENISMO Y LAS NOVELAS DE CIRO ALEGRÍA<=

Al estudiar las novelas de Ciro Alegría, Con fin propuesto ha sido demostrar que las raíces del Indigenismo se encontraban ya en la época del Descubrimiento y Conquista de América. En las leyes promulgadas por los reyes de España para la protección del indio se dejó constancia de ello. Pero si entonces no se supo resolver el problema satisfactoriamente, en la actualidad tampoco se ha conseguido, según lo denuncia el autor peruano.

El que en un principio estas leyes españolas se acataran, pero no se cumplieran en muchos casos, es problema aparte, basado principalmente en las circunstancias de ambiente histórico y socio-económico. La figura del encomendero tuvo que surgir por la misma razón que surgió la del señor feudal en 1-a Edad Media. Para un Estado con las arcas semivacías la mejor manera de gratificar a sus súbditos y militares era la concesión de tierras; pero éstas sin la mano de obra eran inútiles, por lo que se hubo de utilizar al indio. Tales circunstancias hicieron que surgiera una Leyenda Negra, encizañada por la rivalidad de otros países que se apoyaron para sus asertos en un apasionado: el padre Las Casas. Estas serán las raíces de la actual Doctrina Indigenista .Para ratificar todo lo dicho he analizado la novela de un autor indigenista actual que se basa en la realidad, aunque, como es de suponer.

Hace concesiones a su estilo novelístico y literario, pues no hemos de olvidar que ante todo es un narrador que novela sus propias vivencias. Debemos tener en cuenta que Ciro Alegría no es sólo un novelista, sí no también un político, y que como político exiliado escribió su principal obra. Esto hace que idealice o exagere muchos de sus puntos de vista, ya que por medio de las novelas nos quiere ofrecer no sólo un mensaje indigenista, sino también su ideología política. En aquellos momentos estaba contra la forma de actuar del Gobierno peruano y sobre todo del A. P. R. A., en cuyas filas luchó por sus ideales, pero se retiró de ellas por no estar de acuerdo con los mismos principios. Todo esto lo denunciará en sus novelas, pero de forma tan suave que no afectará en nada a su estilo literario.

Por tanto, el objeto material del presente trabajo lo constituyen las tres novelas de Ciro Alegría, y el objeto formal es el Indigenismo contenido en esta obra literaria. Es un estudio histórico-social el que se va a realizar, con el fin de analizar el problema latente y actual del indio hispanoamericano. Si he elegido a Ciro Alegría para este fin, es debido a su particular enfoque e interpretación que da acerca del alma del indio y de su problema como ser humano.

Alegría es uno de los típicos representantes de la joven novelística hispanoamericana, la cual ha escogido para sus temas el quehacer histórico que gravita sobre la masa popular, por lo que puede incluirse en la novela de protesta social, dentro de 1-a que se encuentra la indigenista y de la que el autor peruano es una de las más destacadas figuras. Su motivación se debe a que está inmerso en una realidad donde brotan, de manera natural y espontánea, los temas acerca del problema actual del indio. El sentirse responsable, al igual que el historiador, de escribir y criticar con verdadero espíritu de investigador toda la problemática que le rodea, le hace trasladarla, de una manera fiel y artística, a las páginas de sus tres novelas: La serpiente de oro, Los perros hambrientos y El mundo es ancho y ajeno.

De esta forma, las novelas se convierten en un verdadero documento, donde late, con gran viveza y valentía, la protesta. En ellas encontraremos las causas de los hechos históricos y políticos, además del porqué de la enorme expansión que están tomando las doctrinas de tipo socialista en la América hispánica, ya sean de matiz comunista o marxista.

Entre todos los países hispanoamericanos, el Perú es uno de los que tienen mayor problema en Ella grave consiste en la integración en la sociedad de la gran masa indígena, que en este momento histórico está siendo olvidada y marginada.

Esta es la causa de que se haya refugiado en las regiones más inexpugnables del Perú, ya sea en la sierra o en la selva. Allí se encuentra en un estado de analfabetismo y superstición y sin contacto directo con la vida del siglo xx, lo que la hace estar más apegada a sus viejas tradiciones. Todo es debido a la escasez de vías y medios de comunicación que les actualice en su forma de pensar y obrar; a la falta de medios educativos que les enseñen a leer y escribir, con el fin de poder salir de la ignorancia, y. en tercer lugar, al abuso de las clases sociales más privilegiadas, que les han dejado postergados para que de esta forma sirvan mejor a sus propios intereses.

El problema ha sido estudiado por la literatura peruana. Esta ha tratado de acercarse al indio a través de varias generaciones, pero de una manera superficial, sin lograr penetrar en el espíritu reservado del aborigen. Por tanto, no ha reflejado con exactitud los problemas que emanan de su vida, con sus sufrimientos y tragedias. No ha sabido matizar, cosa que sí ha logrado Ciro Alegría, el dramático problema de las diferencias sociales, la triste situación de estos indios, rodeados de una cómoda y exigente clase superior peruana.

Ello es recogido por el narrador peruano con gran justeza y acierto, que levanta con energía un grito de protesta, caracterizando su prosa por la berza de la fidelidad con que nos ha transmitido su mensaje a
Través de las novelas. Todas ellas tienen una gran carga de sinceridad, que las convierte en representaciones universales de los problemas sociales.

Pero esta denuncia, que hace con una magistral técnica realista, me deja de ser estética, por lo que su intención social gana fuerza y sinceridad, traduciendo, con gran acierto, la psicología del indio a bellas formas de expresión. La simpatía con que nos aproxima a él nos hace comprender sus defectos e intuir su sentir, logrando familiarizarnos con esta clase oprimida que es el indio peruano. Llegamos a sentir sus graves problemas como propios del hombre universal. Consigue esto el autor al ofrecernos el mundo indio contemplado desde dentro, con lo que su visión adquiere profundidad humana e histórica.

Todas sus novelas están basada sen las vivencias que tuvo con peones, indios y mestizos en las haciendas paternas de Kolpa y Marcabal, donde transcurrió su niñez’. El se limita a hacer una transposición, ya Para el conocimiento de la biografía de Ciro Alegría es imprescindible consultar los prólogos que el propio autor escribe para su novela El mundo es ancho y ajeno. Los tres más importantes son los siguientes: los de la décima y vigésima edición, ambos se encuentran en la novela impresa por la Editorial Losada, y el tercero en la publicada por la Editorial Universo, de Lima. En Las novelas completas de Ciro Alegría, de la Editorial Aguilar, encontramos, además del prólogo a la décima edición, el artículo titulado Yo me llamo Ciro Alegría y un extenso prólogo realizado por Arturo del Hoyo. Es necesario consultar el artículo de Ciro Alegría titulado El César Vallejo que yo conocí, que se encuentra publicado en las siguientes revistas:

«Cuadernos Hispanoamericanos» (1944),
«Letras Peruanas» (1952) y
«Universidad de Antioquía» (1967), además de en el periódico El Comercio (1958). Como complemento se debe leer el articulo Mort et résurrection de Ciro Alegría, del profesor Henry Bonneville, que se halla en el
«Bulletin Hispanique» (1968) y en el prólogo a la obra póstuma del autor, titulada Sueño y verdad dc América, publicada por la Editorial Universo, de Lima.

Que todos los elementos están tomados de la realidad. Lo hace no sólo con los personajes, sino también con la Naturaleza que gravita sobre ellos. De esta forma, nos presenta el paisaje andino convertido en sustancia Poética. Todo lo que describe no le es extraño, ya que ha sido captado por el novelista en su escenario natural. Caminos y pueblos de la sierra fueron recorridos por el autor en sus largos viajes, durante su infancia, para ir a la escuela, y en su juventud, para realizar la compra de ganado o cualquier otro tipo de trabajo. La sensación del paisaje serrano del Norte del Perú se quedó grabada en su retina con inmensa fuerza, por lo que siempre estará presente en sus tres novelas.

El paisaje llega a ser un personaje más a lo largo de las páginas de la obra de Ciro Alegría, ya que describe la condición del indio desde dos puntos de vista: el telúrico y el histórico-social. Respecto al primero, el indígena debe adaptarse a la Naturaleza. Que le rodea con tan poderosa fuerza, que le va moldeando tanto física como espiritualmente. Para poder subsistir en este medio geográfico sin la ayuda exterior tiene que aferrarse a las fuerzas telúricas y adaptarse a ellas lo más posible. Su voluntad e inteligencia le hacen capaz de reaccionar contra este ambiente, modificándolo según sus fuerzas y así poder aprovecharlo para satisfacer las necesidades de 1a vida cotidiana.

Un ejemplo de esta realidad es citado por Ciro Alegría en El mundo es ancho y ajeno, cuando los comuneros de Rami son despojados de sus tierras y han de afincarse en la inhóspita llanura de Yanañahui. El novelista Describe el áricfo paisaje y lá luch del indio pata obrevidren él:

«Los cerros que rodeaban la llanura de Yanañahui alzaban hacia el cielo desnudas rocas prietas como puños amenazantes, como bastidores inconmovibles, como torres vigías. O las fraccionaban simulando animales, hombres a vegetales. En todo caso, mostraban un retorcimiento patético o una firmeza que parecía ocultar nígo en su mudez profunda. Las faldas más bajas estaban llenas de padronés y guijas, entre los cuales crecían cl ichu silbador y achaparrados arbustos verdinegros»

Poco más tarde, en el mismo capítulo leemos:
«Y el indio, con sencillez y tesón, domó de nuevo la resistencia de la materia y en la desoí-ación de los pajonales y las rocas.

ALECRÍA, Ciro: Novelas completas de Ciro Alegría. Ed. Aguilar, Biblioteca
de Autores Modernos, 2.’ edición. Madrid, 1963. CÍr. El mundo es ancho y ajeno,
cap. IX, pág. 634.


Bajo el azote persistente del viento, brotaron los habitaciones, manteniendo sus paredes combas y su techo filudo con un gesto vigoros y pugnaz» ~.Con estos textos quiere exponernos el autor peruano el gran triunfo Del indio sobre la Naturaleza, triunfo difícil, teniendo en cuenta lo poderosa que es y la falta de medios y cultura de que adolece el hombre que la habita. La faceta socio-histórica que el novelista desea poner de manifiesto, queda patente al hacer que nos encontremos ante un enorme problema social, donde domina la opresión de la clase terrateniente, los grandes hacendados. Estos son secuelas que persisten de las viejas estructuras coloniales, donde se fundamenta el verdadero origen de las haciendas o latifundios. Al llegar los españoles a América, se les compensaban sus servicios a la Corona con los repartos de grandes extensiones De tierra, denominados Encomiendas. Al no haber mano de obra, los indios que habitaban aquellos terrenos eran utilizados como braceros, y si no bastaban, se les traía obligadamente de otros lugares.

El antiguo encomendero del siglo xvi persiste en el xx, en un país democrático como es Perú. No se ha logrado, después de cuatrocientos años, una leyenda justa que defienda al indio de todas las iniquidades Que está viviendo. Este sigue esclavizado al hacendado actual, que Alegría describe de la siguiente forma:

«Don Álvaro Anienábar y Roldán, señor de Usnay, dueto de vidas y haciendas en veinte leguas a la redonda» ~.
Es un auténtico señor feudal, al que las leyes apoyan por medio de las fuerzas vivas de la región que domina. Es la pieza clave de la injusticia social peruana. En El mundo es ancho y ajeno, obra donde hace una descripción magistral del hacendado, nos perflía la figura del terrateniente y sus motivaciones, amontándonos a la generación anterior, representada por don Gonzalo, padre de don Alvaro. A la vez nos muestra la lucha titánica entre los mismos latifundistas para aumentar sus feudos. El tema es aprovechado por el autor para introducir en la novela su primera ideología, basada en el A. P. R. A., que tiene al hacendado como un símbolo del terrateniente que extorsiona la economía del país. Irá denunciando todas las injusticias que- comete don Alvaro y que podrían ser las de cualquier hacendado real del Perú, como nos dice en su prólogo a la décima edición de El mundo es ancho y ajeno.

Por este medio, lo que desea el escritor es traernos un mensaje con el conocimiento de un problema: el drama social del indio -andino. Sus novelas plantean esta cuestión en un momento histórico del Perú, que se puede delimitar en la primera mitad del siglo xx. Antes de poner al descubierto toda la lacra que está sufriendo el país, se documenta profundamente de una manera directa, conviviendo con el indio y llegando a penetrar en su alma y psicología, lo que hace que su obra se cargue de fuerza y vivacidad. Sin embargo, sus relatos no son estampas de tintes melodramáticos, que lo harían aparecer exagerado; por el contrario, nos presenta un cuadro lleno de lirismo, sobriedad y calidad humana, mostrándonos al indio de una forma estoica, llena de grandeza dentro de su mismo drama.

El novelista no se recrea en escenas cruentas o desagradables, como lo hace Jorge Icaza al describir, muy crudamente, las costumbres de los indios en las sierras ecuatorianas. Viven abestializados y degenerados, en Medio de la sífilis, el alcoholismo y las enfermedades ocasionadas por la falta de higiene. Todo está repleto de incidentes repugnantes, animalidad en los hábitos y una lengua bárbara que se desarrolla en medio de insultos y voces groseras. El estilo de narrar es completamente diferente al de Ciro Alegría, siendo este último mucho más artista. No disimula su arma política, pero siempre está en un lugar secundario con respecto a la estética. La poesía predomina sobre la doctrina en toda su obra, aunque de una forma un tanto austera, ya que austera es la vida primitiva y dura del indio. La realidad destacará con más fuerza, sintiéndose profundamente su pena y miseria.

El autor busca la solución del problema, no deleitarse en él. Con espíritu crítico se enfrenta directamente -a las situaciones sociales de su tierra natal. Aquí encuentro la razón para considerarle como uno de los mejores representantes del indigenismo literario, aunque se atenga al esquema, un tanto rígido, típico de esta literatura: hacendado, sociedad media (cura y burocracia) e indio. Hay una oposición de oligarquía y masa, pero ésta se va rompiendo con una serie de rebeldías, huelgas y -afán de cultura, por medio de los cuales el indio pretende reivindicarse.

Toda esta política nos la sitúa el novelista en el lugar y en el tiempo, lo que hace de él un auténtico intégrate de la historia social peruana de su época. Las novelas poseen las imágenes más veraces del ambiente del país De donde provienen. Busca el mensaje espiritual basándose en los personajes descritos que, como sujetos de la historia, rebasan las fronteras nacionales. Portadores de la verdad, dan al mundo un testimonio y aspiran A una mayor comprensión y compasión. Nos traen sus inquietudes y sufrimientos, nos presentan sus problemas y tratan de hallar soluciones.

ESQUEMA INDIGENISTA DE CIRO ALEGRIA

FI esquema indigenista del narrador peruano lo encontramos esencialmente, dado por el propio novelista, en su prólogo a la décima edición de El mundo es ancho y ajeno. En él nos explica la bizantina pelea entre indegííistas e hispanistas, con el deseo de imponer ulla de las dos razas. Los hispanistas juzgan con una ideología llena de prejuicios propios del siglo xvi. Por su parte, los indigenistas quieren olvidar la cultura Aportada por España, sin pensar que carecería de valor la americana si ésta no recibe la influencia de la avanzada civilización europea que ha sido moldeada por una larga Edad Media, de la que carece el Nuevo Continente.

El autor cita al caudillo Tupak Amaru, que en el año 1780 se sublevó NO contra la cultura española, sino contra el sistema de gobierno virreinal. Desde un principio, él se dio cuenta de que el problema indigenista era de tipo económico-social ~‘ y quería resolverlo por medio de la abolición de mitas y repartimientos.

Más adelante, en el mismo prólogo, el autor se queja diciendo que después de cuatro siglos de la Conquista y uno de la Independeííeia de América, El problema del indio sigue siendo socioeconómico. Esta es la razón por la que intenta describir al indio dentro de sus propias reacciones y presentarlo revestido de gran dignidad humana, a pesar de la explotación de que es objeto. Por tanto, su obra tiene un gran contenido socio político, con lo que intenta aportar un mensaje ideológico que está dentro del más puro indigenismo. Presenta con gran veracidadlos problemas indigenistas en el Perú de la primera mitad del siglo xx, buscando y analizando los fenómenos sociales que ocasionan el estado en que se encuentran el indio y el cholo peruano.

5-u fuente es siempre la realidad, que, una vez analizada, la vierte en las páginas de sus novelas de una forma sincera, pero que no afecta en nada a su estilo literario. Nos aporta el drama en que vive el indio, por medio de la vigorosa ex presión de su relato, sirviéndole para protestar enérgicamente de la miseria y esclavitud que soportan los campesinos de la serranía. Son auténticos siervos de la gleba, oprimidos por un feudalismo que hoy día es antihistórico. Nos muestra su pobreza, dolores y opresión a través de diálogos espontáneos y

Realistas, donde expresa los sentimientos más íntimos de sus personajes. Para que el lector los comprenda en toda su dimensión, pone de manifiesto, con los más mínimos detalles y a base de cuadros pictóricos,
El mundo en que se mueven. Su línea indigenista parte de José Carlos Mariátegui, del que se siente discípulo. Se vale, para exponer su doctrina política, de una serie de sucesos que incorpora en la narración y que demuestran, de una manera fehaciente, las violencias, fraudes y sobornos de las primeras autoridades que apoyan constantemente a la figura del hacendado, símbolo de la injusticia social de que es objeto el indio y el Cholo.

En el capítulo XVII de El mundo es ancho y ajeno, titulado «Lorenzo Medina y otros amigos». esboza todo su esquema doctrinario por medio dc la denuncia que realiza el líder sindicalista. Para ello utiliza los Comentarios que va haciendo del periódico La Autonomía, perteneciente al Movimiento Indigenista. Inserta artículos enteros que acusan los crímenes realizados por subprefectos, gobernantes y jefes militares con los indefensos indios. En contraposición a este periódico pro-indígena nos pone los diarios La Patria y La Verdad, que tergiversaron los hechos porque están viviendo en función del hacendado y de la política.

En sus dos últimas novelas incluye el autor una serie de datos indigenistas, pero de una manera muy tenue, que no extorsiona su estilo literario. Sólo en el capítulo citado y en el XX, titulado «Sumallacta y unos futres raros», es donde se dedica intensamente a aportar el mensaje sociopolitico. En el último encontramos una profunda síntesis de lo que él juzga como ideal indigenista.

También nos habla en el capítulo uf, denominado «El ausente», de Pajuelo, el defensor del pueblo y sus derechos, que se opone a las autoridades del distrito que les explota, siendo incondicionales instrumentos De los hacendados y gamonales. Por denunciar las injusticias será asesinado mediante un tiro de fusil de quién sabe dónde. Al final del mismo capitulo, nos comenta la revolución realizada por Atusparia en 1885. Este morirá condenado por un consejo indio a beber chicha envenenada con hierbas, ya que le creen traidor a su raza. El la toma con gran serenidad y llama al tiempo como juez de sus hechos. Con el pasar de los años, se aclarará que no fue un traidor a su pueblo, sino un defensor valiente y generoso.

Como broche final a la novela incluye todo un discurso político, puesto en boca de Benito Castro, que es realmente la suya propia. En él ataca todo aquello que retrasa el progreso, exponiendo su ideología de que sólo con la cultura se puede prosperar y conseguir la reivindicación de la raza indígena. Al llegar al máximo la opresión del hacendado, Benito Castro incita a la sublevación, pero sólo cuando ha agotado todos los medios pacíficos para conseguir que le apoye la ley. Este pensamiento lo da a conocer en los capítulos XXIII y XXIV, titulados, respectivamente. «Nuevas tareas comunales» y « ¿Adónde? ¿Adónde?».

No sólo es por medio de ideas como representa o expone su indigenismo Ciro Alegría, sino que utiliza también una técnica de mucho más movimiento, como es manifestar su concepto sociopolítico por medio De personajes. Los dos principales representantes serán Rosendo Maqui y Benito Castro.

En el primero idealiza la raza indígena y su descripción física tiene todas las características de 1-a geografía americana, como ya he citado en otra ocasión. Su psicología es varia, ya que en él se entrecruzan dos Culturas, como son la española y la inca, y dos religiones: por un lado, la católica, llena de reminiscencias medievales, las cuales hacen que se enraíce más en ellos el panteísmo y la idolatría, constituyendo El segundo aspecto religioso del indio por ser éstas sus creencias primitivas.

Dichas reminiscencias se deben a que en la labor cristianizadota de América, toma parte muy activa el conquistador que lleva una fuerte carga ideológica de la Edad Media, por encontrarse en un periodo de transición histórica. El aportará su mentalidad religiosa que será absorbida rápidamente por el aborigen, ya que es muy afín al espíritu supersticioso del indio.

La idea de la justicia que tiene Rosendo Maqui es clara y sencilla, a pesar de su analfabetismo, ya que posee una extraordinaria lucidez mental, acompañada de gran tacto y moderación, por lo que siempre habrá permanecido en el puesto de alcalde. Esta forma de ser le hace comprender que el progreso y la civilización encierran aspectos muy útiles y beneficiosos. Para llegar a ellos sabe que el único medio es la enseñanza y su ideal será levantar una escuela, para que entre los indios haya médicos, ingenieros, abogados y profesores, tau necesarios para la reivindicación de su raza.

Benito Castro simboliza al cholo o mestizo y es presentado como una persona físicamente fuerte y de mentalidad clara. Sabe dilucidar lo que hay que conservar de la tradición india y lo que se tiene que tomar de la civilización europea. Su mezcla de sangre se completa con la de culturas, que es donde Ciro Alegría encuentra la solución para el problema indígena. Para el autor, el mestizaje perfecto es la integración de los valores incaicos en los españoles. Esta es la razón de que él mismo guste de compararse con el escritor mestizo Gracilazo de la Vega, el Inca.

Otro de los personajes que simboliza el indigenismo de Alegría es el abogado Arturo Correa Zavala, perteneciente a la Asociación Pro-Indígena. Por medio de él, quiere influir en la burocracia para que cambie sus ideales puramente materiales y servilistas, por otros sociales que beneficien al país, ayudando a incorporar la masa indígena dentro de la vida político-económica del Perú.

Como final a este esquema indigenista que aporta Ciro Alegría, no puedo dejar de citar, al menos, una serie de intelectuales que en el siglo xx intentan, en lo posible, llevar a cabo una -auténtica labor social pro-indígena. De esta forma apoyan directamente no sólo al novelista peruano en particular, sino a toda la literatura indigenista. Entre los estudiosos más solventes del indigenismo español tenemos al profesor Ballesteros-Gaibrois, que aporta una serie de datos acerca de las Instituciones que se han preocupado por el indio 32 haciendo un análisis muy amplio sobre el problema. Mantilla Pineda contribuye, con otro magnifico estudio, a darnos una reseña de los nombres más conocidos dentro de este movimiento social y de los países que tienen gran inquietud por el indigenismo W El profesor Angel Rosenblat se ha dedicado a la investigación acerca de la Población indígena y mestiza en América, ofreciendo interesantes estadísticas y gráficos en los que se demuestra y advierte el exterminio de la población indoamericana, debido a las epidemias de origen europeo Y africano, guerras de conquista, trabajos forzados, alcoholismo, etc.
Pero también pone de manifiesto un signo esperanzador para su futuro, ya que considera al -aborigen americano como una riqueza inexplotada, Susceptible de ser convertida en una gran fuerza económica, cuando se le incorpore al elemento activo de la sociedad ~.

En un artículo del periódico El Día, publicado en Las Palmas de Gran Canaria t el profesor Morales Padrón critica una serie de liijusticias que mantienen -al indio sumido en la mayor de las míserías, debido a la escasez de atención religiosa, carencia de higiene, alcoholismo, analfabetismo, corrupción administrativa, subalimentación, superstición e ignorancia, falta de asistencia sanitaria, esclavitud conseguida al negarles el salario y sólo proporcionarles la comida a cambio del trabajo... Es interesante observar que todos estos abusos son denunciados también por Ciro Alegría -a través de toda su obra.

Dentro de las soluciones y progresos que se están llevando a cabo. nos informan ampliamente León-Portilla ~ Maticorena Estrada38 y Niedergang ~. Como cierre de esta síntesis indigenista, vamos a citar las palabras con las que expone monseñor Larrain, obispo de Talca, la preocupación de la Iglesia por estas clases campesinas e indígenas:

«Al lado de las inmensas extensiones de terrenos en manos de unos cuantos, tenemos inmensas multitudes desprovistas de todo o casi nada. Y esto, hay que decirlo, no es el régimen cristiano de la propiedad. Al grito marxista ‘ningún propietario’, nosotros oponemos el cristiano ‘todos propietarios’»


CONCLUSION
*************
Las novelas de Ciro Alegría constituyen un modelo en la literatura de protesta social. Su contenido pertenece al momento político e ideológico que el autor ha vivido en el Perú, tanto en su faceta de simple ciudadano como en la de político. Los antecedentes de este género literario los encontramos en el siglo xix, con González Prada y Clorinda Matto de Turner. Bajo el ropaje literario se descubre una realidad que igualmente la podía haber ofrecido la historia, la política o la sociología.

En las dos últimas novelas, Alegría aporta un mensaje sociopolítico, donde se revelan las verdades de forma dura, pero sincera, sm llegar a caer en lo puramente demagógico. De aquí nace la fuerza contra la injusticia social que se delata por medio de los avatares su- indos por las comunidades indígenas, al ser explotadas por la alta sociedad peruana.

El choque de las áreas culturales, español e inca, han hecho que la historia del Perú tomase nuevos caminos y adquiriese personalidad propia. Se ha criticado mucho la Conquista en todas sus facetas, pero las repúblicas -actuales no han mejorado la labor de la Corona española, ya que hoy en día el indio se encuentra en las mismas condiciones que los medievales siervos de la gleba. Esta será la denuncia de la literatura indigenista, cuyos escritores captan el momento que están viviendo y lo trasladan a formas estéticas, pero describiendo siempre la realidad.

El instrumento literario que utiliza Alegría para guardar el sentido de la belleza, está caracterizado, principalmente, por el cromatismo que intensifica la emoción lírica y enriquece las sensaciones. Luminosidad,
-atmósfera, tormentas, árboles, valles y sembrados, están matizados por un riquísimo colorido que hace del novelista un verdadero pintor literario. El color está complementado por las impresiones musicales, compuestas de sonidos y silencios que crean la tónica de la novela.

Metáforas, comparaciones y símbolos, llenos de riqueza poética. Constituyen otros de los recursos estilísticos, a los que podemos unir un rico vocabulario en el que se entremezclan vocablos quichuas y peruanismos que dan gran sabor local a sus narraciones. Para señalarnos la sucesión temporal, el autor utiliza, en su estructura literaria, los relatos interiores que son una constante en sus tres novelas; así. Retrocede en el tiempo cuando lo requiere el clima de la narración.

Todo lo expuesto hace que las novelas de Ciro Alegría, aunque encierren un mensaje de protesta social, estén repletas de belleza y poesía, por lo que encajan perfectamente dentro del arte literario.


ISABEL PÉREZ DE COLOSÍÁ RODRIGUEZ
Universidad de Málaga (España)

sábado, abril 14, 2007

Ciro Alegría (El Mundo Es Ancho Y Ajeno)

El Mundo Es Ancho y Ajeno (1941)


La tercera y última novela de las tres escritas por Alegría, es la que ha alcanzado mayor difusión. Generalmente se la considera como la cumbre de la novela indigenista contemporánea y la obra maestra del Autor. Con ella consigue el primer premio del concurso para novela hispanoamericana convocado por la editorial Ferrar & Rinehart, de Nueva York.

El mérito obtenido por Ciro Alegría es el de encerrar en una novela de prosa sencilla, diáfana y poética todo un mensaje socio-político. Sus ideales apristas quiere darlos a conocer y para que tengan más autenticidad, él mismo se personaliza en el héroe —mestizo, como el propio autor— Benito Castro. Con él se presenta la figura del lider reformador que lleva los ideales políticos, de tipo marxista, aprendidos en la ciudad y que le han sido imbuidos por el dirigente sindical Lorenzo Medina. Se vale de este medio para exponer su dogma social, que consiste en la unión organizada de todos los pobres y explotados por la oligarquía:

«Defendamos nuestra tierra, nuestro sitio en el mundo, que así defenderemos nuestra liberta y nuestra vida. La suerte de los pobres es una, y pediremos a todos los pobres que nos acompañen. Así ganaremos... Muchos, muchos, desde hace años, siglos. Se rebelaron y perdieron. Que nadie se -acobarde pensando en la derrota, porque es peor ser esclavo sin pelear. Quién sabe los gobernantes comiencen a comprender que a la nación no le conviene la injusticia»

Esta rebelión de Benito Castro quedará ahogad-a en sangre, bajo el fuego de los máuseres de las tropas del gobierno. La protesta social de la novela está latente en la masacre de toda la comunidad: pero, como Siempre, el novelista peruano nos presagia la esperanza de una nueva vida que, en esta ocasión, se encarna en la figura del pequeño hijo de Benito Castro. Alegría deja en duda al lector sobre el fin de éste. Los Pesimistas pensarán que muere aquí y todo habrá terminado. Los optimistas, por el contrario, estarán seguros de que sobrevive a la matanza y que continuará la obra comenzada por su padre. El será el representante De las generaciones venideras, donde se encuentra la confianza en el futuro, no sólo del indio, sino del Perú. Cuando el indígena alcance su libertad y reivindicación social, se convertirá en un valioso miembro para la sociedad peruan-a.

Todo gira en torno al mismo asunto: la injusticia del hacendado. Apoyado por el gobierno, contra el indio y el cholo. El tema, como cité al comentar los perros hambrientos, es la destrucción de la comunidad de Rumi, en donde vivían quinientas personas entre indios y mestizos. Las razones para este atropello son las acomodaticias interpretaciones que de las leyes hacen los prepotentes hacendados, con el auxilio de prefectos y magistrados venales, además de la -aprobación del clero rural, que se inclina ante la voluntad del terrateniente. Todas las fuerzas vivas están siempre compradas por el latifundista, que lo logra valiéndose
De favores y dádivas.

Alegría, -a lo largo de sus novelas, se plantea constantemente estos interrogantes: si la ley apoya al hacendado para el expolio y la injusticia social, ¿cómo se va a conseguir la reivindicación del indio?, ¿ cómo se va -a poder incrementar la sociedad peruana a base de esta masa rural?... Son problemas latentes que el autor denuncia, no de una manera descarnada que lo haría folletinesco, sino con gran sencillez y amargura, como sencilla y amarga es el alma del indio. En esto se diferencia enormemente dc Jorge Icaza, que, en su novela indigenista ¡-luasipungo, lanza un grito de protesta, pero demasiado estridente y brutal, lo que la hace artificiosa y poco eficaz. Consigue mucho más Ciro Alegría con su prosa diáfana y llena de poesía, que Icaza con su realismo desgarrado y sus insultos, rayanos en lo grosero.

Frente a tanta corrupción se yergue la recia figura, muy idealizada, del indio Rosendo Maqui, que es el más entrañable personaje creado por Alegría. El viejo alcalde de Rumi, lleno de la filosofía que da la Naturaleza, podría ser uno de nuestros viejos campesinos de Castilla o Extremadura. Ellos ven y observan todo lo que les rodea con profundidad filosófica, un tanto estoica, como les han enseñado los años que han vivido fundidos con la tierra. Ella les ha conferido el don de saber interpretar la verdad de la vida, de la justicia, por lo que sus claros y moderados consejos son siempre solicitados. Espiritualmente, Rosendo pertenece a este mundo y resulta demasiado elevado, por lo que se nos escapa del ambiente y psicología indígena que define el novelista.

En cambio, su aspecto físico es completamente indio, unido de tal forma con la Naturaleza que parece formar parte de la misma, como magistralmente se nos describe en el siguiente texto:

«El indio Rosendo Maqui estaba encuclillado tal un viejo ídolo.
Tenía el cuerpo nudoso y cetrino como el lloque —palo contorsionado y durísimo—, porque era un poco vegetal, un poco hombre, una poca piedra. Su nariz quebrada señalaba una boca de gruesos labios plegados con un gesto de serenidad y firmeza. Tras las duras colinas de los pómulos brillaban los ojos, oscuros lagos quietos. Las cejas eran una crestería. Podría afirmarse que el Adán americano fue plasmado según su geografía; que las fuerzas de la tierra, de tan enérgicas, eclosionaron en un hombre con rasgos de montañas. En sus sienes nevaba como en las del Urpillau» ~.



Así es el viejo alcalde de la comunidad que tiene, por el hecho de serlo y por su honestidad acreditada, el respeto de todo el pueblo. En su aspecto exterior no se diferencia, en nada, del resto de los indios y fácilmente se le confunde con un componente cualquiera de la comunidad.

Representa el sentido común y la sabiduría popular, transmitida de generación en generación. El resume la filosofía del indio. Una filosofía no aprendida en los libros, sino amasada a través de siglos de sufrimiento y de amor a la tierra. Su lucha ante la injusticia social, que quiere destruir a su pueblo y arrebatar sus tierras, está llena de estoicismo, que siempre en necesario tener en cuenta para poder comprender su alma.

El clímax de la novel-a es creado por el autor desde el comienzo de La obra. Ya en el principio el lector capta que el tema de la narración va a estar marcado por la desgracia. Con esta palabra se inicia el texto que, para darle más énfasis, va entre admiraciones. Ella marcará toda 1-a temática del libro, planteando un duro problema cuya solución no va a ser afortunada. En el capítulo final veremos que se cumple ampliamente
la desgracia profetizada en el primero al ser destruida, por medio del ejército con su moderno armamento, toda la sencilla y rústica comunidad de Rumi.

Ciro Alegría ha encerrad indigenista. Nos describe una serie de escenas que son magistralmente utilizadas por el autor para perfilar el esbozo que hace de la novela, en estas cincuenta páginas que lo componen. Con ellas nos llena la mente de paisajes, colorido y pintorescos personajes que resumen, en total, la historia de Rumi y su sino fatal. Nos va presentando a la curandera con su medicina sencilla, como la misma vida, y que se la da la tierra, porque siempre es -a base de simples hierbas. Se nos muestra esta pequeña región dentro de la ínagnífica grandeza de los Andes, los cuales van a participar, con su fuerza telúrica, en toda la trama de la novela como si fuera un personaje más. Su poder es impresionante y ejerce gran influencia sobre el hombre. Es un ambiente geográfico inmensamente duro y a veces hostil. La Naturaleza no llegará a dominar al indio, pero sí le moldeará según su propia configuración física.

Es una característica de Ciro Alegría, que en toda Sobra nos irá mostrando al hombre-tierra, al hombre-vegetal y al hombre- animal. El más importante de los tres es el primero, ya que las fuerzas oscuras de la tierra están creando continuamente el ambiente en que se desarrolla la vida de sus gentes. El hombre y la tierra aparecen compenetrados de tal forma, que no se pueden señalar límites precisos entre ambos. Es tan evidente la fuerza anímica que da el indio a la Naturaleza, que llega a convertir en mujer a la madre tierra, la cual llora amargamente al contemplar el despojo que sufren sus hijos:

«Un día amaneció la novedad de que una mujer vieja había pasado por la Calle Real, a medianoche, llorando. Su llanto era muy largo y triste, desolado, y se le oyó desaparecer en la lejanía como un lamento... La tierra se volvió mujer para llorar, deplorando sin duda la suerte de sus hijos, de su comunidad inválida. ¡Tierra, madre tierra, dulce madre abatida!» ~.


El hombre y la tierra están fuertemente unidos, son inseparables. Hay unas fuerzas interiores que emanan de sus entrañas y que atraen al indio y al cholo de tal manera, que la veneran como sí se trata de un dios.

En medio de esta geografía encontramos el pueblecito de Rumi. Sus habitantes son indios civilizados y viven en un pueblo de clara ascendencia hispana con su calle Real, plaza y capilla. Es el pueblo modelo que fue fundado por los conquistadores y que aún perdura, pero amalgamado al sistema incaico. Su construcción es a base de adobe preparado con barro arcilloso que se bate con los pies. Con él se hacen los ladrillos y se cuecen -al sol, al igual que en la época de los incas ~ Lapared de la casa se levanta sobre los gruesos cimientos de piedra. El suelo es de tierra apisonada, y la cubierta puede ser de paja al estilo indígena o de la española teja. En los capítulos III y IX de El mundo es ancho y ajeno vemos, respectivamente, la descripción y construcción de un pueblo indígena que se ajusta por completo a lo dicho por Wolfgang von Hagen. El color, típico en el estilo de Alegría, no es una simple composición cromática, lo usa preferentemente para matizar y definir los estados anímicos. El nos dice al hablar del pueblo que tenía los tejados rojos de tejas o grises de paja. En este empleo sincrónico de los elementos constructivos hispanos e indios, da al primero el color rojo, tal vez señalando la sangre vertida en la Conquista y. al segundo, el tono gris, como queriéndonos indicar el triste destino del indio.

Alegría maneja una amplia gama de colorido, utilizando no sólo los tonos puros, sino los compuestos, con lo que consigue gran diversidad cromática. Por esta razón, el autor peruano se une a la corriente plástica Literaria propia de los siglos xix y xx, que busca el color como goce estético. Los más utilizados por el novelista son: negro, rojo, blanco, amarillo, azul, verde, gris, morado y pardo. Dentro de ellos tenemos toda una serie de variantes que les matiza el negro y sus derivados, quizá porque éste es el que psicológicamente concuerda mejor con el drama narrado por Ciro Alegría.

En el capítulo 1 queda claramente señalada la ascendencia hispana dentro de la cultura indígena, al explicar la formación de los pueblos, y se completa ampliamente cuando nos habla de la forma de gobierno que tiene la comunidad, auténtica protagonista de la obra. En esta estructura encontramos los cargos típicamente españoles como son los de alcalde, regidores y cabildo, que fueron impuestos por la Corona española desde un principio ~. Todos los cabildos de indios tenían sus alcaldes, cuya misión principal era servir de enlace entre el pueblo y el corregidor. Estos venían a ejercer las funciones de jueces pedáiieos y normalmente servían para solventar pleitos menores. Su función está manifestada de una manera expresa en una Instrucción de los reyes al almirante don Cristóbal Colón, dada el 29 de mayo de 1499 y que se encuentra en la Colección de Documentos Inéditos del Archivo de Indias, (.30, página 145. Después de ésta, son numerables las reales provisiones de cédulas que proclaman los reyes de España, con lo que se demuestra que la Doctrina Indigenista tiene sus orígenes en el mismo momento de la Conquista.

Con respecto a los regidores en la época de colonización, su atribución más importante era la referente a la policía de abastos de la ciudad, como se puede comprobar en la ley 14, título 14, libro 4, de la Recopilación de Leyes de Indias de 1680. Otra de las funciones que debían realizar era la de intervenir en las obras públicas y suplir al alcalde en caso de ausencia ~.


El gobierno de la comunidad de Rumi se realiza por medio de asambleas, en las que participa todo el pueblo para discutir los más importantes problemas. Es una auténtica democracia de tipo ateniense. En éstas se escogen también los regidores y alcaldes cuando sus puestos están vacantes, y son presididas por las primeras -autoridades, La llamada para la reunión se hace a través de cuatro toques enérgicos y precisos de la campana de 1-a iglesia, siendo siempre el alcalde quien Ja ordena. Hemos de recordar que en los pueblos españoles se ha utilizado, en todo tiempo, la campana para avisar cualquier hecho o peligro, especialmente en el medioevo.

Ciro Alegría quiere manifestarnos continuamente la raíz española. El desea abogar por la aculturación americana. Defiende la cuna indígena, en este caso inca, pero ve que el futuro de la nación peruana se Encuentra en la unión de la cultura india con la hispana. Es partidario de una civilización y de una raza mestizas que estén enriquecidas para ambas sangres, buscando lo mejor de cada una de ellas. Su indigenismo Es de tipo positivo, nunca negativo. Enseña el camino por donde se han de encontrar las soluciones que, para él, están en el cholo o mestizo.

El autor nos acaba de presentar su novela en este primer capitulo, mediante las cavilaciones del anciano alcalde, que están bajo la forma de un aparente desorden. Pero él persigue un fin determinado, como es Conseguir que el lector entre en contacto directo con la mentalidad y modo de ser de la comunidad. Para ello, nos describe una serie de pasajes acerca de las enfermedades y epidemias sufridas: de la guerra civil entre los azules y los colorados, muy curiosamente narrada por Rosendo Maqui, que no entiende nada de lo que sucede y le hace exclamar:

¿Yo qué pito toco en esta danza? 27; del culto religioso a San Isidro Labrador que usaba capa española y sombrero criollo de paja blanca adornado con una cinta de los colores patrios ~; descripción física y espiritual del cholo Benito Castro; la historia de los bueyes «Mosco», «Granizo» y «Choloque», que eran verdaderos comuneros, ya que la comunidad se extiende también a los animales de trabajo, pues como He analizado en Los perros hambrientos, no hay una auténtica frontera que delimite al animal y al hombre: el alcalde pensaba que los animales son como los hombres, y era mentira lo de su falta de sentimientos 29.

Los rebaños de ovejas y caballos son descritos en escenas bucólicas y llenas de la ternura que el indio siente por el animal. Es una sucesión de etíadros que nos presentan, a grandes rasgos, toda la vida de la comunidad De Rumí y hacen que el lector se sienta encariñado con ella, por lo que su indignación será mayor ante el exterminio final, objetivo seguido por Alegría como máximo representante del Indigenismo Literario.

Delata la injusticia social con tal poesía, que, desde un principio, se gana para su causa al que lo lee y conseguirá muchos más adictos que casi todo el resto de los novelistas pertenecientes al Movimiento Indigenista.

Con lo expuesto, han quedado claras las ideas contenidas en la novela de Ciro Alegría, pero no quisiera linalizar este breve estudio sin dejar en él constancia de las declaraciones hechas por el Premio Nobel
Miguel Angel Asturias sobre el autor peruano:

«Creo que la novela indigenista choca constantemente con el problema de la dificultad de penetrar en el alma indígena. Por lo tanto, una novela de este tipo podemos medirla por la capacidad del autor de penetrar en este alma y en este espíritu indígenas. Y en esto Ciro Alegría se adelantó bastante en sus novelas. Todos los que en el futuro escriban novelas de tendencia indigenista, es indudable que tendrán que tomar muy en Cuenta las dos importantes novelas de Ciro Alegría, que tienen un carácter muy especial, muy tierno, muy pegado a la tierra. Con aspectos realmente inolvidables y propios del temperamento de este autor y del mundo que él imaginaba en los Andes y en el Perú» ~.