miércoles, septiembre 12, 2007

César Ángeles L.(Comentario)

Cataluña y sus poetas: Bartomeu Roselló-Pòrcel

César Ángeles L.

*

Esticcansat de tu, domini fosc
i tempestat de flama.
M'exaltaré damunt els horitzons
(«Estoy cansado de ti, dominio oscuro
y tempestad de llama.
Me exaltaré sobre los horizontes»)
Bartomeu Roselló-Pòrcel

Uno

En Cataluña se sitúa una de las ciudades de mayor tradición, riqueza y presencia en España: Barcelona; un espacio cosmopolita, costero en el mar Mediterráneo, ciudad-balneario, muy en aroma francés y colores sobrios, así como bastante interesante en su diseño arquitectónico-urbanístico. No en vano se precia de ser tierra natal de uno de los arquitectos más reconocidos en la historia de la arquitectura contemporánea: Antoni Gaudí. Peculiarísimo art-noveau el suyo.

Esta región es una de esas cuya parte de su pueblo hace mucho tiempo alberga anhelos de independencia respecto del Estado español; a lo que habría que agregar los casos de Galicia y el País Vasco. En este sentido, el foco más conflictivo —y conocido internacionalmente por su extrema beligerancia— es el de este último, donde se ha llegado a constituir una guerrilla urbana como el ETA (Euskadi Ta Askatasuna: País Vasco y Libertad) que, desde 1959, tiene en su haber una trayectoria de cruentas acciones político-militares de resonancia. Pero una parte de la población en Cataluña, aunque de muy diverso modo, piensa en el separatismo. Ello enmarca el hecho que junto con la lengua castellana —la original de Castilla— conviva la propia lengua catalana: protegida y promovida por el mismo gobierno catalán, con todo lo conflictivo que ello supone en términos culturales, sociales y políticos; y con todo lo enriquecedor, también, vamos.

Sin embargo, como en otros lugares, no pocos catalanes piensan que eso de los nacionalismos es cosa trasnochada o a lo sumo un asunto liminar. Así, descreyendo de las fronteras, apuestan mejor por una democratización del poder, a la vez nacional e internacional, creyendo que la injusticia y la discriminación existentes en cualquier país del mundo —así como entre los países del Norte y del Sur, en la escena internacional— no se resolverán con separaciones regionales, religiosas, étnicas o culturales, sino atacando las causas económicas y políticas de los problemas sociales, frente a lo cual las fronteras y nacionalidades sólo son una variable geopolítica.
*

*
Dos

*

Cataluña fue uno de los escenarios más emblemáticos de la Guerra Civil Española (1936-1939). La sangrienta derrota de esta región, a manos del fascismo franquista, entre otras cosas significó que durante los años de la posguerra estuviese prohibido publicar en catalán (lo mismo debe decirse respecto de otras lenguas del Estado español: solo podía publicarse en castellano). De ahí que no pocos escritores decidieron emigrar a un prolongado exilio.

Y es que con la lengua van imbricados muchos otros asuntos, como la cultura y la identidad nacional. Estando prohibida la cultura catalana, es indudable que los propios catalanes persistieran en una inagotable y ¿silente? rebelión. Sus intelectuales, entre otros. Los más conocidos fueron acosados, poetas incluidos. No se sometieron dócilmente a las imposiciones de un Estado como el del General Franco, las Fuerzas Armadas, y las aristocracias laica y religiosa. Con prohibición y más, la vida y la literatura, también en este caso, continuaron.

Entre los jóvenes escritores que empiezan a publicar poco antes del estallido de la guerra civil, está uno de espíritu solitario, pararreligioso e insular: Bartomeu Roselló-Pòrcel (1913-1938). Nació en Palma de Mallorca, una de las islas Baleares1. Estudió en la Universidad de Barcelona, y participó activamente en organizaciones estudiantiles. Se licenció en Literatura Románica, con Premio Extraordinario. Era políglota y gran lector. Según su amigo, el poeta Salvador Espriú, entre sus autores predilectos figuraban Pound, Huxley, Rilke, Pío Baroja y Thomas Mann. Y agrega que «nunca fue altivo ni pretencioso, sino sencillo, de risa fácil, cordial, abierto, de auténtica bondad». Una personalidad democrática, en suma.

Roselló-Pòrcel murió joven, de tuberculosis. Murió desconocido.

Él integra esa generación de escritores y artistas que, debido a la posguerra española, deben aplazar por quince o veinte años su consolidación en España. Por eso, algunos llaman «generación perdida» a este conjunto. Término harto discutible: nada se pierde del todo, menos en la creación poética.

Lo cierto es que el exilio de unos, y la temprana muerte de otros —como Roselló-Pòrcel—, posponen la presencia cultural de estos creadores.

El caso de Roselló-Pòrcel se ve agravado porque se trata de un escritor que no empató con las demandas de la sociedad española de entonces. Como bien afirma el escritor José Agustín Goytisolo, «ni la temática ni el tono de Roselló-Pòrcel se adaptaban a las demandas emocionales de la posguerra; y la conciencia cultural catalana no estaba para objetividades. Es decir, para determinar el valor de Roselló-Pòrcel dentro de la lógica interna y progresista de una poética».

La poesía de este joven escritor no encarnó la postura cívica que entonces se demandaba del intelectual. Sin embargo, ello no le impide culminar un libro —editado póstumamente— inspirado en la guerra civil: Imitació del Foc (1938), «Imitación del Fuego». En su peculiar estilo, próximo al simbolismo francés, con una voz poética de tono profético y actitud purificadora, entrega un conjunto final de 30 poemas que desde ya lo hacen destacar, al romántico o maldito modo, en la interesante poesía catalana. Es conocido su poema «A Mallorca, durante la guerra civil», donde se sitúa en uno de esos latentes escenarios bélicos que algunos no consiguen ni desean olvidar. Aquí expresa, de modo dramático, el irrenunciable amor a su pueblo y a la tierra. Escuchemos:


A Mallorca durant la guerra civil A Mallorca durante la guerra civil
*
Verdegen encara aquells camps
i duren aquelles arbredes
i damunt del mateixatzur
es retallen les meves muntanyes.
Allí les pedres invoquen sempre
la pluja difícil, la pluja blava
que ve de tu, cadena clara,
serra, plaer, claror meva!
Sóc avar de la llum que em resta dinsels ulls
i que em fa tremolar quan et recordo!
Ara els jardins hi són com músiques
i em torben , em fatiguen com en un tedi lent.
El cor de la tardor ja s'hi marceix,
Concertat amb fumeres delicades.
I les herbes es cremen a turons
de cacera, entre somnis de setembre
i borres entintades de capvespre.

Tota la meva vida es lliga a tu,
com en la nit les flames a la fosca.

*
A Mallorca durante la guerra civil
*
Aquellos campos aún verdean,
Siguen aquellas arboledas
y contra el mismo cielo azul
aún se recortan mis montañas.
Allí las piedras invocan siempre
a la lluvia difícil y azulada
que de ti viene, alba cadena,
sierra, placer, claridad mía.
¡ Avaro de la luz que me resta en los ojos
y que me hace temblar al recordarte!
Ahora los jardines están allí cual músicas
y me turban, fatigan como en un tedio lento.
Ya el corazón de otoño se marchita,
Concertado con finas humaredas.
Y las hierbas se queman en colinas
de caza, entre los sueños de septiembre
y nieblas entintadas de crepúsculo.

Toda mi vida está ligada a ti,
cual de noche las llamas a la sombra.

Bartomeu Rosselló-Pòrcel, en la parte II. Rosa secreta, de su libro de poesías Imitació del foc («Imitación del fuego»).

Otros poemas

Lluny del record oprimies

Lluny del record oprimies
la paraula dolça i clara.

Una muralla bri1lant
cenyeix les illes del somni.

Mira només davant teu
quina faula de silencis,
quantes campanes de lluny
i quants murs de sol de tarda.

Agonia de camins,
ombra esparsa de delícia.
Ardidesa de l'esguard
sobre un mar poruc d'onades.
Primer terme de jardins,
suau conjura florida.


Lejos del recuerdo oprimes

Lluny del record oprimies
la paraula dolça i clara.

Una muralla bri1lant
cenyeix les illes del somni.

Mira només davant teu
quina faula de silencis,
quantes campanes de lluny
i quants murs de sol de tarda.

Agonia de camins,
ombra esparsa de delícia.
Ardidesa de l'esguard
sobre un mar poruc d'onades.
Primer terme de jardins,
suau conjura florida.
Lejos del recuerdo oprimes
la palabra dulce y clara.

Una muralla brillante
ciñe las islas del sueño.

Mira, sólo frente a ti,
qué fábula de silencios,
cuantas campanas remotas
y muros de sol de tarde.

Agonía de caminos,
sombra esparcida del gozo.
Osadía en la mirada
sobre un mar miedoso de olas.
Primer plano de jardines,
suave conjura florida.

Bartomeu Rosselló-Pòrcel, del libro de poesías Quadern de Sonets («Cuaderno de sonetos»).
*
Boira del dubte
*
Boira del dubte, flama en l'extingit
fogar de cendres i records malmesos,
fosca de fosques, fosca d'una nit
feta d'ombres de llàgrimes i besos.

Que es defineixi aquell confí adormit,
roca d'incertituds, en els estesos
grisos dels horitzons, etern neguit
davant la casa dels balcons encesos.

Obrin-se, raig de mots, les boques mudes
—les flors més amagades són descloses—,
finint turments i deslligant cadenes,

delicadeses de cristall rompudes,
sorpresa de la serp entre les roses,
esmaragda en el fang, aigua entre arenes

*
Niebla de duda


Niebla de duda, llama de lo extinto,
lar de ceniza y pálidos recuerdos,
oscuridad de oscuridades, noche
toda sombras de lágrimas y besos.

Que se defina aquel confín dormido,
roca de incertidumbre, en los extensos
grises del horizonte, angustia frente
a la mansión de balcones fulgiendo.

Abrir, racha de voz, bocas calladas
—se entreabren las flores más miedosas—,
tormentos fuera y rómpanse cadenas,

delicadezas de cristal quebradas,
sorpresa de la sierpe entre las rosas,
esmeralda en el fango, agua entre arenas.

Bartomeu Rosselló-Pòrcel, del libro de poesías Quadern de Sonets («Cuaderno de sonetos»).

*
Agradecimientos a la Web.


EDMUNDO DE AMICIS (CORAZÓN)

Noviembre
*
El director
*
Viernes, 18
*

Coreta estaba muy temprano esta mañana por haber venido apresenciar los exámenes mensuales su maestro de la segunda, el señor Coato, un hombretón con abundante cabello muy crespo, gran barba negra, ojos grandes y oscuros y una voz de trueno, que acostumbra a amenazar a los niños con hacerlos pedazos y llevarlos de la oreja a la prevención, y pone el semblante adusto; pero nunca castiga a nadie, y se sonríe por detrás de su barba, sin que los chicos se percaten.

Con el señor Coato son ocho los maestros del grupo, incluyendo también un suplente pequeño, barbilampiño, que parece un chiquillo. Hay un maestro, el de la sección cuarta, algo cojo, arropado en una gran bufanda de lana, siempre lleno de dolores adquiridos cuando era maestro rural, pues ejercía en una escuela húmeda, goteaban, cuyas paredes goteaban.

Otro maestro, el de la cuarta B, es ya viejo, muy canoso y ha sido profesor de no videntes. Hay uno muy bien vestido, con lentes y bigotitos rubios, al que apodan el abogadito, porque siendo ya maestro se hizo abogado, cursó la licenciatura de Derecho y es autor de un libro para enseñar a escribir cartas.

En cambio, el que nos da la gimnasia tiene tipo de soldado, estuvo sirviendo con Garibaldi y se le ve en el cuello la cicatriz de una herida de sable que recibió en la batalla de Milazzo.

Luego está el Director, un hombre alto, calvo, que usa gafas con armazón de oro, y tiene su barba que le llega al pecho y es de gris; viste de negro y siempre va abotonado hasta la barba; es tan bueno con los muchachos, que, cuando van y entran todos temblando en la dirección para recibir una reprimenda, no les grita, sino que los toma de la mano y les dice paternalmente que no deben portarse como lo hacen, que deben arrepentirse, prometer ser buenos. Habla con tan suaves modos y con una voz tan dulce, que todos salen con los ojos enrojecidos y arrasados de lágrimas y más confusos que si los hubiese castigado. ¡Pobre Director! Es está siempre el primero que llega por la mañana al grupo para esperar a los alumnos y hablar con los padres; y cuando los maestros ya se han ido a su casa, todavía da una vuelta alrededor de la escuela para ver si hay chicos que se cuelgan en la trasera de los coches o se entretengan por las calles en sus juegos o llenando las carteras de arena o de piedras; cada vez que presentan por una esquina, tan alto y enlutado, escapan bandadas de muchachos en todas direcciones, escapan en todas las direcciones, dejanmdo allí suspendiendo al instante el juego de bolas o de peonza, y él les amenazaba desde lejos con el índice, pero sin perder su aire afable y tristón.

-Nadie le ha visto reír -dice mi madre- desde que murió su hijo, que era voluntario en el ejército, y tiene siempre a la vista su retrato sobre la mesa de la dirección.

No quería seguir ejerciendo su profesión después de semejante desgracia; había extendido la petición para jubilarse y la tenía de continuo en la mesa; pero no la presentaba porque le disgustaba separarse de los niños.

Pero al otro día parecía decidido, y mi padre, que se hallaba con él en la dirección, le decía:

-“¡Es una lástima que usted se vaya, señor Director!”.

En esto entró un hombre con un hijo al nuestro por haber cambiado de domicilio a matricular su chico suyo que pasaba de otro colegio.

Al ver a aquel chico, el Director hizo un gesto de extrañeza; le miró un poco, luego observó el retrato que tenía en la mesa, volvió a fijarse en el muchacho, lo sentó en sus rodillas, haciéndole levantar la cara. Aquel niño se parecía mucho a su hijo muerto, y dijo el Director:

-Está bien-.

Acto seguido hizo la matrícula, despidió al padre y al hijo, y se quedó pensativo.

-Es una lástima que se vaya- repitió mi padre. Y entonces el Director tomó su instancia de jubilación, la rompió en dos pedazos, y dijo:

-¡Me quedo!...

martes, septiembre 11, 2007

EDMUNDO DE AMICIS (CORAZÓN)

*
Noviembre
*
La maestra de mi hermano

Jueves, 10
*
El hijo del carbonero fue alumno de la maestra Delcato, que ha venido hoy a casa a visitar a mi hermanito, que está enfermo, y nos ha hecho reír contándole que la mamá de auqel niño hace dos años, le llevó a su casa una gran espuerta de carbón, en agradecimiento a que le había dado una medalla a su hijo; la mujer se obstinaba y poefiaba la pobre mujer porque no quería llevarse el carbón a su casa, y casi lloraba cuando tuvo que volverse con la espuerta llena.

También nos ha dicho que otra pobre mujer le ofreció un gran ramo de flores, dentro del cual había un puñadito de monedas.

Nos hemos entretenido mucho oyéndola, y, gracias a ella, mi hermanito se ha tomado la medicina que en un principio no quería ingerir. ¡Cuánta paciencia deben tener con los parvulitos, de la primera enseñanza elemental, sin dientes en la boca, como los viejos, que no saben pronunciar erre, ni ajo, ni la ese!; la clase resulta un guirigay: ya tose uno, el otro echa sangre por la nariz, hay quien pierde los zapatitos debajo del banco, otro chilla porque se ha pinchado su manecita de manteca, o por otra cosa cualquiera. Apenas pueden estar unos minutos atentos. ¡Qué trabajo más pesado tener cincuenta o más criaturas encerradas en un aula, que no saben estarse quietos ni hacer nada ellas solas, tener que enseñar a todos!

Hay madres que quisieran que a sus hijitos de tres y cuatro años les enseñasen a leer y escribir; pero con justa razón no les hacen caso las maestras, y les enseñan muchas cosas convenientes fuera de eso pero como jugando.

Los peques llevan en los bolsillitos terrones de azúcar, botones, tapones de botella, pedacitos de tejos, toda clase de menudencias que la maestra busca y no siempre encuentra porque saben esconderlas hasta en los sitios más inverosímiles, incluso en el calzado. Y nunca están atentos. Un moscardón que entre por las ventanas les pone a todos sobre sí.

En el verasno llevan a l escuela ciertos insectos que echan a volar y que caen en los tinteros y que después salpican de tintas las plantas.

Una maestra de parvulitos debe hacer de mamá con esa gentecilla, ayudarles a vestirse, vendarles las heriditas cortarle las uñas, que se producen o que se hacen unos a otros en sus frecuentes riñas y peleas, recoger las gorritas que tiran, cuidar de que no cambien los abrigos, porque si no, después todo les dan rabietas y lloros.

¡Pobres maestras! ¡Y aún van las mamás a quejarse!. «¿Cómo es, señorita, que mi niño ha perdido la carterita?» «¿Por qué no aprende casi nada?» «¿Por qué no le da un premio al mío, que sabe tanto?» «¿Cómo es que no se ha ocupado de quitar del banco el clavo que ha roto los pantaloncitos de mi Pedro?»

Alguna vez se enfada con los críos la maestra de mi hermanito y, cuando no puede aguantar más, se muerde las uñas para no propinar ningún cachete ni azotito; pero, cuando pierde la paciencia, pero después se arrepiente en seguida y acaricia al niño que ha regañado: a veces se ve obligada a despachar de la clase a un pequeñuelo de la escuela, pero saliéndosele las lágrimas , y va a desahogarse su cólera con los padres, que por castigo dejan sin comer a sus niños.

La maestra Delcato es joven y alta; viste con gusto; es morena y vivaracha, y todo lo hace como movida por un resorte; se conmueve por cualquier cosa, hablando entonces con gran ternura.

-¿Pero al menos la quieren todos los niños? -le ha preguntado mi madre.

-Mucho –respondió-, sí; pero después, cuando termina el curso, si te he visto no me acuerdo. Cuando pasan a otras clases superiores, casi se avergüenzan de decir que han sido alumnos míos. Al cabo de dos años que suelo tenerlos, me encariño mucho con ellos y me duele que debamos separarnos... Hay chicos de los que digo una: «OH Este no será como otros, y siempre me mostrará su cariño.» Pero pasan las vacaciones, empieza el nuevo curso, le veo ir tan tieso a una clase superior, salgo a su encuentro y le digo: «Hola, pequeñín...», y él vuelve la cara hacia otra parte.- La maestra, emocionada, no puede proseguir.

-Tú no harás así, ¿verdad hermoso? -ha dicho por último, al levantarse, mirando a mi hermanito con los ojos humedecidos y besándole-. Tú no te volverás para otro lado ni considerarás a otro lado nunca una extraña a tu pobre amiga. ¿No es cierto? ¡No renegarás de tu pobre amiga!


Mi madre

Jueves,

10 de Noviembre
*

En presencia de la maestra de tu hermanito faltaste al respeto a tu madre. ¡Quéesto no ocurra que esto no vuelva a repetirse, Enrique. Tu irreverente palabra ha penetrado en mi corazón como punta de acerado cuchillo. Yo pensaba en tu madre cuando hace unos años, estando tú enfermo, pasó toda la noche inclinada sobre tu cama observando tu respiración, vertiendo lágrimas de angustia y temblando de miedo por creer que iba a perderte; yo temía que llegase a enloquecer de pena, y ante tal posibilidad experimenté cierta ojeriza hacia ti. ¡No ofendas nunca en lo más mínimo, ni siquiera con el pensamiento, a tu madre, que gustosamente daría un año de felicidad por evitarte una hora de dolor, que sería capaz de mendigar por ti y se dejaría matar por salvarte la vida!

Oye Mira, Enrique mío, graba bien en tu mente este pensamiento. Considera también que te aguardan en la vida muchos días amargos, y el más terrible de todos será aquél en que pierdas a tu madre.

Cuando ya seas un hombre hecho y derecho y estés probado en toda clase de contrariedades, la invocarás mil veces, oprimido por el inmenso deseo de volver a oír su Enrique cuando ya seas hombre fuertw y probado en todo clase de contrariedades, voz por un momento y verle abrir de nuevo sus brazos abiertos para arrojarte en ellos sollozando, como tierno niño carente de protección y de consuelo.

¡Cómo te acordarás entonces de todos los sinsabores que le hubieras ocasionado, y con qué remordimientos desgraciado, las contaráa y los irás expiando todos!

No esperes tranquilidad en tu vida si hubieres entristecido a tu madre. Te arrepentirás, le pedirás perdón, venerarás su memoria, pero todo será inútil, pues la conciencia no te dejará vivir en paz; su bondadosa y dulce imagen tendrá siempre para ti una expresión de tristeza y de reconvención que torturará tu alma. ¡Mucho cuidado, Enrique! Se trata del más sagrado de los afectos humanos. ¡Desgraciado del que lo pisotea!

El asesino que respeta a su madre aun tiene algo de honrado y de noble en su corazón; el hombre más ilustre qué la haga sufrir y la ofenda no será más que una vil criatura. Que no salga de tu boca jamás una palabra dura para la que te ha dado el ser. Y si alguna se te escapa, no sea el temor a tu padre, sino un impulso del alma lo que te haga arrojarte a sus pies, suplicándole que con el beso del perdón borre de tu frente la mancha de la ingratitud.

Yo te quiero, hijo mío, eres la mayor ilusión de mi vida; pero preferiría verte muerto antes que un ingrato con tu madre. Por algún tiempo abstente de mostrarme tu afecto, pues no podría devolvértelas con cariño.


TU PADRE¨

Noviembre

El compañero de clase, Coreta,

Domingo, 13
*

Mi padre me perdonó, aunque yo me quedé bastante triste, y mi madre me mandó a dar un paseo con el hijo mayor del portero. A mitad del paseo, cuando estábamos cerca de un carro parado delante de una tienda, oigo que me llaman por mi nombre, y me vuelvo.

Era Coreta, mi compañero de clase, con su jersey color chaqueta chocolate y su gorra de piel, sudando y alegre, que llevaba un gran haz de leña sobre sus hombros. Un hombre subido de pie en el carro le echaba un brazado de leña vez por vez; él lo recibía y lo llevaba a la tienda de su padre, donde los iba amontonando de prisa y corriendo.

-¿Qué haces, Coreta? -le pregunté.

-Pues ya lo ves -respondió, tendiendo los brazos para recibir la carga-; repaso la lección.

Me hizo reír. Pero hablaba en serio, y después de coger la leña, empezó a decir corriendo:

-Llámanse accidentes del verbo... sus variaciones según el número..., según el número y la persona- Luego, echando y amontonando la leña-...según el tiempo..., según el tiempo al que se refiere la acción.

Y volviendo hacia el carro para recibir otro brazado:

...-según el modo con que se enuncia la acción.

Era nuestra lección de Gramática para el día siguiente.

-¿Qué quieres que haga? -me dijo-. Aprovecho el tiempo. Mi padre ha salido con el dependiente para cierto asunto; mi madre está enferma, y tengo que ocuparme de la descarga. Mientras tanto repaso la lección para mañana. Mi padre me ha dicho que estará aquí a las siete para pagarle a usted -dijo después al hombre del carro.
Al marcharse el carro, me dijo Coretti:

-Entra un momento al almacén.

Era una habitación bastante amplio, con montones de haces de leña recia y gavillas para encender. A un lado vi una romana.

-Hoy es día de mucho trabajo, te lo aseguro -añadió Coreta-; por eso tengo que hacer los deberes a ratos de clase a ratos y como pueda. Estaba escribiendo las oraciones gramaticales que nos ha mandado cuando tuve que parar para despachar lo que me pedía la gente. Al reanudar el trabajo, se ha presentado el carro. Esta mañana ya he ido dos veces al mercado de leña, que está en la plaza de Venecia. Tengo las piernas que no me las siento, y las manos hinchadas. ¡Lo único que me falta es tener que hacer algú dibujo ¡ Menos mal que no he de hacer ningún dibujo. ¡Para eso estoy yo ahora! -y mientras hablaba iba barriendo las hojas secas y las pajillas que rodeaban el montón.

-¿Y dónde haces los deberes, Coreta? -le pregunté.

-No aquí , desde luego -respondió-; ven a verlo.

En seguida me llevó a una habitación en el interior del almacén, 'que servía de cocina y de comedor, con una mesa a un lado, donde había libros y cuadernos y estaba el trabajo empezado.

-Precisamente aquí -dijo- he dejado en el aire la segunda respuesta: con el cuero se hacen zapatos, cinturones...; ahora añadiré maletas. -Y, tomando la pluma, se puso a escribir con su buena caligrafía.

-¿No hay nadie? -se oyó gritar en aquel instante a la entrada de la tienda.

-Allá voy -respondió Coretti. Y saltó de allí. Pesó la leña, la cobró y corrió a un lado para apuntar la venta en un cuaderno. Después volvió a su trabajo escolar, diciendo:

-A ver si me dejan acabar el período. -Y escribió: bolsas de viaje y mochilas para los soldados.

-¡Ay! ¡Se me está saliendo el café! -gritó de pronto y corrió al fogón para apartar la cafetera del fuego. Luego añadió:- Es el café para mamá; he tenido que aprender a hacerlo. Espera un poco y se lo llevaremos; así te verá y se alegrará. Hace siete días que está en cama. ¡Accidentes del verbo! Siempre me quemo los dedos con esta dichosa cafetera. ¿Qué he de poner después de las mochilas para los soldados? Hace falta más, pero no se me ocurre de momento. Ven a ver a mamá.

Abrió una puerta y entramos en otro aposento pequeño, donde estaba la madre de Coretti en una cama grande, con un pañuelo blanco en la cabeza.

-Aquí tienes tu café, mamá -dijo Coretti, ofreciéndole la taza-. Este chico es un compañero mío de la escuela.

-¡Cuánto me alegro! -me dijo la mujer-; acostumbras a visitar a los enfermos, ¿no es verdad?

Entretanto Coreta arreglaba las almohadas que tenía su madre por detrás, componía la ropa de la cama, atizaba el fuego y echaba al gato de la cómoda.

-¿Quieres algo más, mamá? -preguntó después, al retirar la taza-. Conmigo viene un compañero de escuela ¿Te has tomado las dos cucharaditas de jarabe? Cuando no quede, haré una escapada a la farmacia. La leña ya está descargada. A las cuatro pondré la carne a cocer, como me has dicho, y, cuando pase la mujer de la mantequilla, le daré su dinero. Todo se hará: Tú no tienes que preocuparte.

-Gracias, hijo mío -respondió la señora-; mi pobre hijo vete -añadió- está en todo.
Quiso que tomara un terrón de azúcar, y luego Coreta me enseñó el retrato de su padre en una foto colocada en un cuadrito con marco, ostentando en el pecho la medalla al mérito, que ganó en 1866, sirviendo en la división del príncipe Humberto. Tenía la misma cara del hijo, con sus ojos vivarachos y su sonrisa tan salegre.
Volvimos a la cocina.

-Ya me acuerdo de otra cosa que faltaba -dijo Coreta, y añadió en el cuaderno:

¡también se hacen guarniciones para los caballos!-. Lo demás lo haré esta noche; me acostaré algo tarde. ¡Dichoso tú que dispones de todo el tiempo que quieres para estudiar, y aún te sobra para ir de paseo!

Siempre está contento y dispuesto para el trabajo, la tienda En cuanto entramos en la tienda-almacén, empezó a poner trozos de leña gruesa en el caballete y a serrarlos por la mitad, diciendo entretanto:

-¡Esto sí que es gimnasia y no los movimientos de brazos que hacemos en la escuela! Quiero que cuando regrese mi padre encuentre toda esta leña partida; se alegrará. Lo malo es que, después de este trabajo, hago unas tes y unas eles que, como dice nuestro maestro. parecen serpientes. ¿Qué he de hacer? Le diré que he tenido que mover los brazos. Lo importante es que mi madre se ponga bien pronto, eso sí. Hoy, gracias a Dios, está bastante mejor. La Gramática la estudiaré mañana al levantarme. ¡Ah, ahora viene el carro con los troncos! ¡Al trabajo!

Un carro cargado de troncos de leña se detuvo delante de la tienda. Coreta salió para hablar con el hombre que lo conducía y luego volvió después..

-Ahora no puedo hacerte compañía -me dijo-, así es que hasta mañana. Has hecho bien en venir a buscarme. ¡Buen paseo, Enrique! Dichoso tú! ¡Feliz tu que puedes!

Nos estrechamos las manos, corrió a cargarse el primer tronco y empezó a hacer viajes del carro al almacén y viceversa, con su cara sonrosada, su gorrita de piel en la cabeza, siempre tan vivo que da gusto verlo.

«¡Dichoso tú! feliz», me había dicho. Ah, no, Coretta, tú tienes mayor dicha, porque estudias y trabajas más , eres más útil a tu padre y a tu madre, cien veces mejor que yo, y un chico de mucho valor, querido compañero mío.

jueves, septiembre 06, 2007

EDMUNDO DE AMICIS (CORAZÓN)


Noviembre

El deshollinador

Noviembre, 1
*

Ayer tarde fui a la escuela de niñas que está al lado de la nuestra, para darle el cuento del muchacho paduano a la maestra de Silvia, que lo quería leer. ¡Setecientas muchachas hay allí! Cuando llegué, empezaban a salir, todas muy contentas, por las vacaciones de Todos los Santos y de los Difuntos; ¡y cosa tan hermosa precencié allí!...

Frente a la puerta de la escuela, en la otra acera, estaba acodado en la pared y con la frente apoyada en una mano, un deshollinador pequeño, de cara completamente negra con su saco y el raspador que lloraba, sollozando amargamente. Dos o tres muchachas de la segunda sección se lo acercaron y le dijeron:

-¿Qué tienes que lloras de esa manera? Pero él no respondía y continuaba llorando.

-Pero ¿Qué tienes? ¿Por qué lloras? –repetían las niñas. .

Y entonces él separo el rostro de la mano, un rostro infantil, y, gimoteando, les dijo que había estado trabajando en varias casas limpiando chimeneas, que había ganado seis reales y los había perdido por habérsele escurrido las monedas por un agujero que tenía en el bolsillo -les hizo ver el agujero sacándose el forro-, no atreviéndose a volver a su casa sin el dinero.

-¡El amo me pegará! -dijo sollozando, y volvió a la misma postura que antes tenía, como un desesperado.

Las chiquillas se quedaron mirandole muy serias. Entretanto se habían acercado otras muchachas grandes y pequeñas, pobres y acomodadas, con sus carteras bajo el brazo. Una de las mayores, que llevaba una pluma azul en el sombrero, sacó del bolsillo diez céntimos y dijo a todas:

-Yo sólo tengo estas dos monedas. ¿Por qué no hacemos una colecta?

-También tengo yo otras diez -dijo otra vestida de encarnado-; entre todas podemos , entre todas, reunir hasta lo que falta.

Entonces comenzaron a llamarse unas a otras:

-¡Amalia! ¡Luisa! ¡Anita! ¡eh, cuartos! ¿Quién tiene cuartos? ¡Aquí hace falta dinero!

Mchas llevaban dinero para comprar flores o cuadernos y lo entregaron en seguida. Algunas, más pequeñas, sólo pudieron dar céntimos. La de la pluma azul recogería todo y lo contaba a todos en voz alta:

-¡Ocho, diez, quince!

Pero hacía falta más.

Entonces llegó la mayor de todas, que parecía una maestrita, y entregó un real de plata, y todas le hicieron una ovación. Pero faltaban aun treinta y cinco céntimos.

-¡Ahora vienen las de la cuarta! -dijo una. Las de la clase cuarta Llegaron, y los cuarto y llovieron las monedas. Todas se arremolinaban, y era un espectáculo hermoso ver al pobrecito deshollinador en medio de aquellas chicas vestidas con diversos colores, de todo aquel círculo de plumas, de lazos y de rizos.

Habían reunido más de lo perdido por el chico, y aun pasaban las más pequeñas, que no tenían dinero, se abrían paso entre las mayores llevando sus ramitos de flores, por darle también algo.

De allí a un rato acudió la portera, gritando:

-¡La señora Directora!

Las muchachas se dispersaron por todos todas direcciones como gorriones, a la desbandada de pájaros, y entonces se vio al pobre deshollinador solo en medio de la calle, enjugándose los ojos, tan contento, con las manos llenas de dinero y ostentando ramitos de flores en los ojales de la chaqueta, en los bolsillos, en el sombrero, habiendo no pocas flores incluso por el suelo, rodeando sus pies.
*

El día de los Difuntos

Noviembre, 2
*
“Este día está consagrado a la conmemoración de los fieles difuntos. ¿Sabes, tú Enrique, ¿a qué muertos debéis consagrar un recuerdo en este día especial para vosotros los muchachos? A los que se distinguieron durante la vida en su amor a los niños y a los adolescentes. Por vosotros ¡Cuántas de esas personas beneméritas mueren de continuo! ¿Has pensado alguna vez en cuántos madres que consumieron su existencia en el trabajo, y en las padres que bajaron al sepulcro prematuramente extenuadas por las privaciones que soportaron para sustentar a sus hijos? ¿Sabes que ha habido padres que llegaron al fin de su vida desesperados por ver a sus prppios hijos en la miseria, y que cuantas mujeres perecieron de pena o se volvieron locas se suicidaron, murieron ante la pérdida de un hijo? Piensa hoy en todos esos muertos, Enrique. Piensa en tantas maestras que murieron jóvenes consumidas por el diario quehacer escolar para bien de los niños, que no tuvieron valor de separarse; piensa en los médicos que murieron de enfermedades contagiosas de las que no se precavían por curar a los niños; piensa en todos aquellos que en los naufragios, en los incendios, en las épocas de hambre, en un momento de supremo peligro, cedieron a la infancia el último pedazo de pan, la última tabla de salvación, la última cuerda para librarse de las llamas, y expiraron satisfechos de su sacrificio que conservaba la vida de un pequeño inocente. Son innumerables, Enrique, esos muertos; todo cementerio encierra centenares de santas criaturas, que, si pudieran levantarse por un momento de la fosa, nos dirían el nombre de algún niño al que sacrificaron los placeres de la juventud, el sosiego de la vejez, los sentimientos, la inteligencia, la vida; la paz y vejez, esposas de veinte años, hombres en la flor de la edad, ancianas octogenarias, jovencitos -heroicos y oscuros mártires de la infancia-, tan grandes y gallardos, que no produce la tierra tantas flores como debiéramos poner en sus sepulcros. ¡Cuánto se quiere a los niños! Piensa hoy con gratitud en esos muertos y serás mejor y más afable con los que te quieren y trabajan por ti, afortunado hijo mío, tú que en el día de los fieles difuntos no tienes aún que llorar a ninguno.


TU PADRE

*
Noviembre

Mi amigo Garrón

Viernes, 4
*

No han sido más que dos los días de vacaciones ¡y me parece que he estado mucho tiempo sin ver a Garrón!. Cuanto más lo conozco, tanto más lo aprecio, y lo mismo les sucede a los demás, con exceptuados los presuntuosos y arrogantes, aunque a su lado no puede haberlos, porque no permite que ninguno se haga el mandón, y él siempre los mete en cintura. Cada vez que uno de los mayores levanta la mano sobre un pequeño, grita éste: «¡ Garrón!» y el mayor ya no osa pegarle.

Garrón es el más alto de la clase; levanta un banco con una mano; no para de comer. Su padre es maquinista de ferrocarril y él empezó a ir tarde a la escuela porque estuvo enfermo dos años. Es muy servicial: cualquier cosa que se le pida, un lápiz, una goma, papel o el cortaplumas, lo presta o lo da enseguda. Es muy serio, y en clase ni habla ni se ríe; está muy inmóvil en el banco, demasiado estrecho para él, debiendo tener la espalda agachada y la cabeza como metida en los hombros. Cuando lo miro, me dirige una sonrisa y con los ojos entornados, cual si quisiera decirme: «¿Y bien, Enrique? Somos amigos, ¿no?»

Da risa verle tan grandote y corpulento, con su chaqueta, pantalones, mangas y todo demasiado estrecho y excesivamente corto; un sombrero no le cubre la cabeza; lleva el cabello a rape, las botas pesadas y grandes y una corbata siempre arrollada como un cuerda. ¡Cuánto quiero a ese muchacho! ¡Querido Gorrón! Basta ver una vez su cara para tomarle cariño. Todos los más pequeños desearían tenerlo junto a sí como compañero de banco. Sabe mucho de Aritmética. Lleva los libros atados con una correa de cuero encarnado. Tiene una navajita con mango de concha que se encontró el año pasado en la plaza de Armas, y un día se cortó un dedo hasta el hueso, pero ninguno se lo notó en la escuela, ni tampoco rechistó en su casa por no asustar asus padres . Consiente que le digan cualquier cosa sin tomarlo nunca a mal; pero, ¡ay si le dicen «no es verdad» cuando afirma algo! Entonces echa chispas por los ojos y da puñetazos capaces de partir el banco.

El sábado por la mañana dio una moneda a un chiquito de la primera superior que estaba llorando en medio de la calle porque le habían quitado el suyo y ya no podía comprarse el cuaderno que necesitaba. Hace ocho días que está afanado en escribir una carta de ocho páginas, con dibujos hechos a pluma en los márgenes, para el onomástico de su madre, que viene con frecuencia a esperarlo; una mujer alta y gruesa como él, muy cariñosa.

El maestro está siempre mirándole, y cada vez que pasa a su lado le da palmaditas en el cuello cariñosamente.

Me gusta estrecharle la mano, que, por lo grande y gorda, parece la de un hombre. Yo le quiero mucho.

Estoy seguro de .que arriesgaría su vida por salvar a un compañero y que hasta se dejaría matar por defenderlo. Aunque por su hablar recio parezca que refunfuñe, y se oye con tanto gusto el murmullo de aquella voz viene, en vez, de un corazón noble y generoso.


Noviembre


El carbonero y el señor

Lunes, 7
*
Garrón no habría dicho jamás lo que ayer por la mañana profirió Carlos Nobis para zaherir a Betti. Carlos Nobis se muestra orgulloso por ser hijo de padres acomodados. Su padre, un señor alto, con barba negra, muy serio, acude casi todos los días a la puerta de la escuela para acompañar a su hijo hasta casa.

Ayer Nobis se peleó con Betti, uno de los más pequeños de nuestra clase, hijo de un carbonero, y no sabiendo ya qué replicarle, porque no llevaba razón, le dijo en voz muy alta:

-Tu padre es un andrajoso.

Betti se puso muy encarnado rojo y no respondió nada; pero le saltaron las lágrimas y, al llegar a su casa, le contó lo sucedido a su padre, un honrado carbonero, hombre de poca talla, que parece negro por lo tiznado y muy negro fue a la lección de la tarde con el muchacho de la mano, a dar las gracias al maestro..

Mientras esto sucedía, estando todos nosotros muy callados, el padre de Nobis, que le estaba quitando la capa a su hijo en la puerta, según su costumbre, oyó pronunciar su nombre y entró a pedir una explicación.

-Este señor -dijo el maestro señalando al carbonero- ha venido a quejarse de que su hijo, Carlos, dijera ayer al suyo: «Tu padre es un andrajoso.»

El padre de Nobis arrugó el entrecejo y se puso algo colorado. Después preguntó a su hijo:

-¿Es verdad que has dicho esa palabra?

El hijo, de pie en medio de la escuela, con la cabeza baja delante del pequeño Beti, no reepondió. El padre comprendió entonces que era cierto; le agarró de un brazo, le obligó a que se aproximase más al ofendido, poniéndole frente a él, y le dijo:

-¡Pídele perdón!

El carbonero quiso interponerse, diciendo:

-¡No, no, de ninguna manera!

Pero el señor Nobis no lo consintió, y retiró a su hijo:

-¡Pídele perdón! Repite mis palabras: “ Yo te pido perdón por las palabras injuriosas, insensatas, groseras einnoble que dije ayer, ofendiendo a tu padre, al cual tiene el mío el honor de estrechar su mano”.

El carbonero hizo un gesto resuelto, como diciendo:

-No, por favor, ya está bien.” No quiero”

Pero el señor Nobis se mantuvo firme en su propósito, y su hijo, aunque lentamente y con un hilillo de voz, sin levantar la vista del suelo, fue diciendo:

-Te ruego me perdones... Yo t epido perdón por las palabras injuriosas... insensatas... groseras...e innoble… que te dije ayer, ofendiendo a tu padre... al cual tiene el mío el honor... de estrechar su mano.

El señor Nobis alargó la mano al carbonero, quien se la estrechó con fuerza, y en seguida de un empujón repentino echó a su hijo hacia los brazos de su compañero Carlos Nobis.

-Hagame el favor de ponerlos juntos -dijo el padre de Nobis al señor maestro- que los ponga juntos, en el mismo banco.

Nuestro maestro accedió y le dijo a Betti que se sentara al lado de Nobis.

Cuando estuvieron juntos, el padre de Carlos saludó y salió.

El carbonero permaneció un momento pensativo, mirando a los dos muchachos en el mismo lugar; después se les acercó, miró a Nobis con expresión de afecto y de remordimiento a la vez, como si quisiera decirle algo, pero no le dijo nada; alargó la mano para hacerle una caricia y se contuvo, limitándose a rozarle ligeramente la frente con sus toscos dedos. Luego se acercó a la puerta y, volviéndose una vez más para mirarlo, desapareció.

-Acordaos bien de lo que acabáis de ver -dijo el señor maestro-; es la mejor lección del año.

lunes, septiembre 03, 2007

César Ángeles L. (Poeta en mecedora)

dos.
se nos puede
ir.
las piezas humanas
se
mueven
con pies milimétricos
en un día
negro.

la microscopía
es
riesgosa
porque
te puede trocar en
entomólogo
de puertas clausuradas y
los muchachos y muchachas
no
traspasarán tu opaco umbral
ni virarán sus
desnudas pantorrillas
hacia tu tímida cala-
vera
que mastica cultísimos
libros
en una mecedora amarilla
donde habi-
tas
cual beatle adocenado
mientras los claveles en cadenas
fueron reprimidos
al pie de las rojas / minas
y de los terrones acorazados.
un grito conchesumadre
debajo de los ferrocarriles del Poder que
con zanahorias y
preservativos
infla tu gélida cultura
esa misma Cultura
que yo
coleccioné en estantes para
compulsivamente cada día
bajármela como a patitos
en alocada kermesse
yo el analfabeto o
nosotros
los que te veíamos en tu ventana
paranoica
triturando manzanas en
nuestras manos
al intuirte
sabio, diplomático y
deslizando por las orinadas paredes
del guáter
la ideología que nunca te nutrió
pero que siempre
enarbolaste
como el calzón de tu mejor amante
aquélla que agonizó por
tu amor de a / uno
y tú que soñabas
solitario, culto y
cosmopo-
lita
que ella dexfallecía de love
for you entretusbra-
zos transparentes
entre tuslabios quedecían
p o e m a s
resquebrajados
cual espejo inú-
til ante el ramalazo
de (tu) trágico presente

a veces
cuando te he querido un poco
abracé tu cuerpo fantasmal
y aunque apretados
manteníanse
mis ojos
he visto sobre tu hombro ciudades
prósperas
en un país-vital
obreros a través de la plaza
ocupando palacio de gobierno
artistas y campesinos que arrancaban tubérculos a
la panza de la tierra
negros cholos y chinos curioseando en la
suite de
los hoteles de luxe

y poco
a poco
nuestra ciudad fue otra
ninguno de los hiperyos
que te acosaban
recorrían ya las calles

los viejos monumentos las
sonrisas
enganchadas a
la amargura y a la individualidad
cedieron territorio.

con los ojos / inmóviles
y
abrazado aún a tu mentira
vi un cielo contundente
una rápida / eclosión de
fogatas internas
como jamás la decrépita patria
a la que cada hora
ofrendabas estúpida pleitesía
imaginó. así
al final me quedé a b r a z a n d o e l a i r e
m a r
b o t e l l a s a b a n d o n a d a s

tranquilo y agresivo
descendí en mis contradicciones
desde tu cultísima ventana de
paño púrpura, cardenalicia, feudal
hacia un Perú en filo
un Perú magenta:

brillante, coral rojo
sobre los senos de Diana

Fuente: Palabravirtual.com


César Ángeles L.
(Talara, 1961)

  • El sol a rayas (1989)
  • A rojo (1996)


PN

***
César Ángeles L.
A mi madredebiera enseñarle mi penetal vez se convenciera deque ya no soy un niño
A ti tambiénque te asustas cuando lees penedebiera enseñártelotal vez así dejarías de asustarte
A mi papá tambiénpara que deje de aliarse a mi madre
(o tal vez no debiera enseñar nada:no vaya a ser que considerenmejor reventarme los pulmones)


En Italia

*********

Sin vergüenza en un campo italiano. Desnudos con Lucía en el campo italiano. Lucía recoge el saco de granos. Veo la luz reflejarse en su espalda, en ambas nalgas, donde una ranura oscura provoca imaginar su sexo, sus vellos, sus aguas eróticas.
La piel refleja la luz solar. Lucía tiene cabello como crines que vuelan cuando la llamo y ve que soy yo. Habíame dejado la barba.
Ahora sentado en esta tierra que ella pisa, los mismos pies que desayuné de madrugada.
Sin vergüenza desnudos los dos, cultivando este campo de trigo que será nuestro algún día. Mantenemos -con otros campesinos de manos más callosas- a la vida que bulle en la ciudad. Este instante sólo tengo ojos para contemplar su cuerpo. Dejo de trabajar.
*


César Ángeles L.(La Guerra y la Paz (incrustaciones en Una Pared))

La guerra y la paz (Incrustaciones en una pared)

y prohíbele juntar las piernas para siempre

la guerra y la paz
"o estás con dios o estás con el diablo":

te dije que era mentira
pero ya mejor no te digo esto

encorvas tu tronco y sumerges la cabeza
en un hoyo
húmedo, el mar
(Buñuel tiene una escena con avestruz)

y el Papa pontifica / dice:
la paz os dejo,

pero la paz es piedra solitaria
donde orinan los burros o camellos
del desierto
esta paz no es nuestra
no tiene olor / ni sonido / y es una
caja de cuero
muda con folios amarillos:

¿Atahualpa no entendió a Valverde
o al revés?

¿Y de quién fue la paz
y de quién la guerra?

?Who are you?
?Atahualpa, and you?
?Shit!

Sí, prohíbele (verano) juntar las piernas para siempre
que abra bien el ojo / y mire
el escenario en humo y sangre
decenas de individuos sucios y
tatuados
corriendo
huyendo
¿de Atahualpa o del otro?

el Cardenal en Lima
ansía la paz
pero la paz es hueso desabrido / que lamen multiplicados los perros

no juntes las piernas, amor
ábrelas / como el mar
hacia las certezas de hoy

porque el absoluto inexiste
aunque llores / por tocarlo o
pasarle tus perfectos labios temblorosos
mejor bésame y
estudia
la tensión dialéctica de
la piel
abriéndose / cerrándose
en palpitación cardial por ti
por tu belleza fuera de foco:
contornos entreverados como
el cotidiano
una ciudad nerviosa
como tu jadeo
un pito reventado como el tuyo
entre carros y
batallas como las nuestras nocturnas
y diurnahs
sangre derramada
en menstruación de trincheras expectantes

?"la neblina es una solapa super
ficie de orgasmo"
para nacer he nacido y
para nacer hay que morir

el viejo / orden pasa con sus cadáveres
sobre la proa
la neblina invade
Hitchcock menea la cabeza y dice:
?En el cine todo lo que quieras
pero nadie tiene derecho de quitar la vida a otro

Es la culpa / la paz
el Papa pontifica el
Cardenal reclama unión de los peruanos:
El Perú es un pueblo
que quiere paz

?"Ningún cilindro se llena
sin vaciarse"

¿y qué hay al centro de una rueda que gira?

sólo el centro
rubí en vértice
un alma magenta
nacido desnudo entre c a r r o c e r í a s i n c e n d i a d a s

la paz no existe sin la guerra ni el amor

amo la paz no la paz de la oveja

penetraré tus nalgas sólidas
/el mar erguido/
gritarás gritaré

El dominico Valverde solloza al infinito
sol sobre nuestro polvo

y la nave del viejo orden va
sin culpa con sus cadáveres arrastrados

dirás qué riiiiico!
sudaremos
el Imperio será nada
y los tarugos negarán
como aprendieron en el cole-
gio

sólo entonces el ajeno
rosedal
y húmedas espadas hibernando sobre rocas:

todo embarrado de belleza

domingo, septiembre 02, 2007

César Ángeles L.(César Vallejo y el humor)


N O T A P R E L I M I N A R

CON ESTE TRABAJO, SE MANIFIESTA LA VOLUNTAD de acercarse al arte y a la literatura desde sus raíces ideológicas. Uno de los objetivos centrales ha sido lavar la cara de esa agobiante melancolía y tragedia que suele encajársele a la poesía, en general, y a la poesía de este escritor peruano en particular, que es una de las cumbres más altas de la literatura contemporánea.

Como corresponde en el análisis científico de toda realidad, es esencial reparar en los matices. Con César Vallejo (1892-1938) es prioritario -hoy más que nunca: tiempos de cambios históricos en el Perú y en el mundo- destacar y asumir el flanco iluminado, positivo y revolucionario de su actitud, su práctica y su obra literaria.

Maguer lo que pudiera sugerir el título del presente ensayo, obviamente no se quiere decir con él que leyendo a Vallejo estemos leyendo a un humorista ni que con su literatura nos desternillemos de risa. Sino que comprendiendo la naturaleza del humor, podemos concluir que el autor peruano lo tuvo en grado superlativo y que ello fue un factor importante en su vida y en su obra.

Si la referencia recae en Poemas Humanos (libro póstumo publicado por su esposa Georgette) es porque este volumen nos ofrece mejores argumentos para probar lo afirmado.

Por lo demás, no perdamos de vista que Humor, Comicidad e Ironía suelen confundirse como un mismo fenómeno. Sin embargo, si existen tres nombres diferentes, es justo sospechar que, asimismo, se refieren a tres cosas si no opuestas entre sí, al menos disímiles. Basándonos en algunos textos sobre estos temas (de Bergson, Croce, Freud, Pirandello...) se llega a algunas conclusiones, como entender que el humor es una operación superior y más compleja que la de la sátira, la ironía o la pura comicidad que son más bien liquidadoras.

De esto dan cuenta las primeras líneas del ensayo; aunque el grueso esté dedicado, como se ha dicho, a potenciar otra imagen de Vallejo. De las fuentes bibliográficas consultadas, sólo se anotan referencias explícitas a Luis Monguió -crítico e historiador literario-, a Pirandello -dramaturgo y ensayista italiano- y a José Carlos Mariátegui -político y ensayista peruano de principios de siglo, fundador del Partido Comunista del Perú-. Asimismo, para los apuntes biográficos que aparecen al final, se ha consignado principalmente la información proporcionada por Georgette Philipart de Vallejo en su recomendable libro testimonial: Vallejo: allá ellos, allá ellos, allá ellos! (Lima, 1978) (1). Todos los subrayados son míos; y se citan los poemas según la edición crítica coordinada por Américo Ferrari: César Vallejo / Obra Poética (Madrid, 1988).

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I. CÉSAR VALLEJO explaya su humor sobre todo en su libro Poemas Humanos (1923-1938). La actitud de cáustica ironía hacia ciertas condiciones del ser humano va aunada con un abrazo fraternal en excelentes poemas: «Considerando/ que el hombre procede suavemente del trabajo/y repercute jefe, suena subordinado;/

(...)/ Comprendiendo sin esfuerzo/ que el hombre se queda, a veces, pensando,/como queriendo llorar,/y, sujeto a tenderse como objeto,/se hace buen carpintero, suda, mata/y luego canta, almuerza, se abotona.../Considerando también/que el hombre es en verdad un animal/y, no obstante, al voltear, me da con su tristeza en la cabeza.../(...)Comprendiendo/ que él sabe que le quiero,/que le odio con afecto y me es, en suma, indiferente.../Considerando sus documentos generales/y mirando con lentes aquel certificado/que prueba que nació muy pequeñito.../le hago una seña,/viene/, y le doy un abrazo, emocionado./¡Qué más da! Emocionado...

Emocionado...» (de «Considerando en frío, imparcialmente...»).

Como puede comprobarse leyendo los versos anteriores, el sentimiento de lo contrario, típico rasgo del humor, no pudo ser mejor expresado.


II. ¿QUÉ ES EL HUMOR?

El humor supone el cruce dialéctico entre lo trágico y lo cómico. De ahí que tenga sentido esa sentencia popular de que «el humor es cosa seria». Por otra parte, el humor no supone necesariamente la risa. Es una filosofía y praxis de la vida; realiza una compleja operación de remoción crítica pero no colocándose absolutamente de modo opuesto al sujeto en cuestión (ya se trate de uno mismo, de otro individuo, de un grupo, una institución...), sino que dialécticamentese ejecuta una confrontación recuperando a dicho sujeto: casi diríamos desde él y contra él.

En su extenso ensayo «El humorismo», el dramaturgo italiano L.Pirandello lo define así: «Veremos que en la concepción de toda obra humorística, la reflexión no se esconde, no permanece invisible; (...) sino que se pone ante (la emoción inicial) como un juez, la analiza, desapasionadamente, y descompone su imagen. Sin embargo, de este análisis, de esta descomposición, surge o emana otro sentimiento, aquél que podría denominarse, y yo lo llamo así, el sentimiento de lo contrario».

Es decir, no sólo sorprender una contradicción, por ejemplo entre lo que se busca y lo que se obtiene; reírse por ello, como hacen -de diverso modo- la comicidad y la ironía, sino que se trata de «sentir» simultánea y dialécticamente cada uno de los elementos de esta contradicción, y hacerse cargo de ellos.

Pirandello se remite a un personaje y a una novela emblemáticos del humor: las aventuras de Don Quijote. «Nosotros quisiéramos reírnos de todo lo que hay de cómico en la representación de ese pobre loco que disfraza con su locura a sí mismo, a los demás y a todas las cosas; quisiéramos reírnos, pero la risa no acude a nuestros labios pura y fácil; sentimos que hay algo que nos la turba y obstaculiza; es una sensación de pena, de conmiseración e incluso de admiración, sí, porque si bien las heroicas aventuras de ese pobre hidalgo son ridiculísimas, no hay duda, sin embargo, de que él en su ridiculez, es verdaderamente heroico (...) A través de lo cómico, tenemos en este caso el sentimiento de lo contrario». Y refiriéndose al factor de «la reflexión» que enunció como consustancial al humor, nos recuerda que el famoso autor de esta historia: don Miguel de Cervantes, estuvo preso por malentendidos económicos en las cárceles de su amado Rey, a quien había servido en Lepanto. Cervantes, dice Pirandello, tuvo que desembarazarse de aquel sentimiento inicial «que le había armado caballero de la fe, en Lepanto, (...) y poniéndose en contra de él (de ese sentimiento), como juez, en la oscura cárcel de La Mancha, y analizándolo con amarga frialdad, la reflexión ya había despertado en el poeta el sentimiento de lo contrario, fruto del cual es precisamente el Quijote, el cual es este sentimiento de lo contrario objetivado».

Es decir, sintiendo profundamente el desencanto y el dolor, Cervantes encausó todo ello hacia un personaje cómico, que siendo su alter ego era trágico y cómico a la vez, es decir, humorístico.

Estos pasajes se nos aparecen como claves y suficientemente claros como para obviar mayores desarrollos teóricos sobre el tema. Más bien vayámonos acercando a la poesía de Vallejo; viendo, antes, el caso de otro clásico del humor aunque ya contemporáneo: Chaplin. Él construye el personaje de Charlot, protagonista de sus films, quien es un vagabundo de la urbe moderna, que por ser tal y carecer de riquezas y hasta predisposición para conseguirlas (aunque en La quimera del oro hay una extraña variante) vive inadecuado respecto de una realidad social que lo excluye, lo margina.

Pero estos problemas no se presentan mediante el dolor que debe haber sido «el sentimiento inicial», sino que más bien propician una historia que provoca hilaridad. Aunque es verdad que se trata de una «risa que no acude a nuestros labios pura y fácil». Y ello es porque «la reflexión» de Chaplin atrapó ese dolor inicial y muy concreto y, sin desecharlo, lo transformó en su contrario: una protesta mediante la comedia, burlando a sus causantes o por lo menos a quienes representan el Poder, el sistema abusivo... principal causa del sufrimiento. «Los filmes cómicos han tenido un éxito inmediato porque la mayor parte de ellos presentaban a agentes de policía que caían en alcantarillas, tropezaban en los cubos de yeso y sufrían mil contratiempos. Son las personas que representan la dignidad del poder, frecuentemente imbuidas de tal idea; la visión de sus desventuras provoca mayores deseos de reír en el público que si se tratase de simples ciudadanos.» (Charles Chaplin).

De ese modo, entonces, Chaplin demostró su genial capacidad para apropiarse con humor de esos dos elementos de la contradicción; y a la vez que nos hace reír, nos azuza la compasión (co-pasión) por ese vagabundo y sus desventuras. Pero es que en Charlot habla la humanidad dolida y maltratada por este sistema; y entonces la comedia encierra nobleza y un elevado sentimiento solidario de identificación con las mayorías del mundo. El público aprecia y recrea, entrañablemente, esa misma contradicción.

Las caídas no angustian al vagabundo; está seguro de que finalmente saldrá adelante y todo terminará componiéndose a su favor. Y esta fe, nacida increíblemente de un desencanto y malestar iniciales, es una misma fe en el positivo destino de todos nosotros; o, al menos, de casi todos. Ya Mariátegui había percibido ello, con su habitual lucidez: «La imagen de este bohemio trágicamente cómico, es un cotidiano viático de alegría para los cinco continentes (...) Chaplin alivia con su sonrisa y su traza dolida, la tristeza del mundo. Y concurre a la miserable felicidad de los hombres, más que ninguno de sus estadistas, filósofos, industriales y artistas» ( en
El Alma Matinal).

Por todo ello, el humor es una operación superior y más compleja que la de la sátira, la ironía o la pura comicidad que son más bien liquidadoras.


III. EN LA ANTERIOR CITA de Vallejo, la adhesión-crítica se despliega en imágenes desalienantes; dijimos que a través de la ironía utilizada contra el trabajo servil, la rutina, la cosificación del individuo. Y todo ello se corresponde con la confesión del odio/amor que el poeta expresa a propósito del ser humano: «le odio con afecto», así como con el testimonio de su estado, invulnerable por irónicamente distanciado: «y me es, en suma, indiferente».

Es el mismo sentimiento aunado de los contrarios, el que nos permite sorprender en Poemas Humanos pasajes tan diferentes como:

«César Vallejo ha muerto, le pegaban/todos sin que él les haga nada;/le daban duro con un palo y duro/también con una soga»
(de «Piedra negra sobre una piedra blanca»)
y

«¡Cuestas infraganti!/¡Auquénidos llorosos, almas mías!/¡Sierra de mi Perú, Perú del mundo,/y Perú al pie del orbe;
yo me adhiero!»
(de «Telúrica y magnética»).

¿Qué hizo que César Vallejo expresara esta honda adhesión no sólo hacia el ser humano sino, específicamente, hacia el Perú; y a pesar del maltrato desde el Poder (político-cultural) a su arte revolucionario, que se inició desde cuando Clemente Palma -prestigiado crítico de la época- rechazara a Los Heraldos Negros, tal y como hicieron varios intelectuales coterráneos de Vallejo en Trujillo? ¿Quizá permitió esto la distancia que significó su definitiva estadía en Europa? La hipótesis de Luis Monguió resulta más real y científica: la adhesión al marxismo entre 1928-1929 y, en consecuencia, a la esperanza, al futuro: «Esa adhesión me parece basada, aparte de la convicción intelectual, en una lógica emocional que, partiendo de su sentimiento de solidaridad ante el dolor (...) le condujo a las esperanzas -tras su desesperanza trílcica- que de poner fin a ese dolor sobre esta tierra tal filosofía (el marxismo) le aparejaba» (2).

Encarnándolo, Vallejo pudo ver con mayor claridad con cuál Perú iba a favor y con cuál, en contra (3). Y desde este terreno sólido, cada vez le fue menos difícil procesar con la cabeza fría (y el corazón caliente, siempre) la inicial pasión de odio que le generaban cosas como dicho maltrato. Entonces, se hizo cargo con optimismo, serenidad y firmeza del sufrimiento propio y ajeno. Y ese mínimo equilibrio de ánimo es otro factor importante del humor, el cual precisa contar con un suelo firme que simultáneamente permita cierto distanciamiento respecto del dolor, así como la imbatible resurrección desde la agonía; tal un Ave Fénix: muerte/vida, odio/amor:

«Tú sufres de una glándula endocrina, se ve,/o, quizá,/ sufres de mí, de mi sagacidad escueta, tácita»; «Tú sufres, tú padeces y tú vuelves a sufrir horriblemente,/desgraciado mono,/jovencito de Darwin,/alguacil que me atisbas, atrocísimo microbio»; «Amigo mío, estás completamente,/hasta el pelo, en el año treinta y ocho,/nicolás o santiago, tal o cual/(...)/Pero si tú calculas en tus dedos hasta dos,/es peor; no lo niegues, hermanito./¿Que no? ¿Que sí, pero que nó?/ ¡Pobre mono...!. ¡Dame la pata...! No. La mano, he dicho./¡Salud! ¡Y sufre!» (de «El alma que sufrió de ser su cuerpo»).


IV. LA CRITICA LITERARIA MÁS ACADÉMICA Y CONSERVADORA ha perfilado la imagen de un César Vallejo oscuro, serio, trágico. Es decir, que este poeta habría descompuesto la realidad social, la cotidianeidad del ser humano, para ahondar e incidir en su tragedia, en una larga derrota sin fin, en una condena fatal con cadenas agobiantes. Un alma negra, en suma (4).

Pongamos de cabeza esta interpretación y delineamiento metafísicos de su obra y personalidad. Y afirmemos aquí sin sombra de dudas ni temor que el gran escritor peruano, más bien, con su aguda sensibilidad e inteligencia, sí desmontó con su análisis la realidad social; pero para descomponer ese velo de tragedia y derrota que, como neblina, le ocasiona el dolor que el capitalismo incrusta en las mayorías del mundo.

Claro, Vallejo no fue indiferente a esto. Practicó la compasión, la pasión con el otro, la solidaridad en acto con ese dolor popular. Pero si se enfrentó a todo ello fue para ir más lejos y taladrarlo, en suerte de operación cultural, y poner urgentemente el dedo sobre la esperanza, el optimismo y la fe. Porque asumió que si el dolor era real en este mundo, el alba -«el sol»- alumbraba el cielo, el futuro; y en esta dialéctica entre el pesimismo del presente pero optimismo del mañana, enfatizó esto último.


V. LA POESÍA AUMENTATIVA DE VALLEJO anhela permanentemente la exageración de
la hipérbole. Con este apoyo retórico, entre otros, logra brasas de humor al promover la toma de conciencia respecto del sobredimensionamiento que solemos hacer de nuestros dolores humanos. Además, mediante su osadía al incorporar en su lenguaje expresiones «no cultas», «coloquiales», o también desplegando una habilidad innata para el juego, fónico y semántico, da un nuevo giro al tono grave presente en muchos poemas.

Observemos la siguiente oda con elementos tan populares como animales de la sierra del Perú que, por esto, pareciera más bien parodia de las clásicas odas con elementos prestigiados de la cultura occidental (5). Nuevamente el tono grave se expresa a través de imágenes llanas y hasta sorprendentes en sus motivos ciertamente novedosos en dicha tradición:

«¡Oh campos humanos!/(...)/ ¡Oh campo intelectual de cordillera,/con religión, con campo, con patitos!/ ¡Paquidermos en prosa cuando pasan/ y en verso cuando páranse!/ ¡Roedores que miran con sentimiento judicial en torno!/ ¡Oh patrióticos asnos de mi vida!/ ¡Vicuña, descendiente nacional y graciosa de mi mono!/ (...)/ ¡Ángeles de corral,/ aves por un descuido de la cresta!/ ¡Cuya o cuy para comerlos fritos/ con el bravo rocoto de los templos!/ (¿Cóndores? ¡Me friegan los cóndores!)/ (...)/ ¡Lo entiendo todo en dos flautas/y me doy a entender en una quena! ¡Y lo demás, me las pelan...!» (de «Telúrica y magnética»).

Al término de este poema casi podríamos preguntar: y del caramillo ¿qué se hizo?.


VI. TODO LO DICHO HASTA AQUÍ viene redondeando nuestra interpretación de la poesía de Vallejo. A ello también contribuye percibir la antiheroicidad del poeta en Poemas Humanos, y su solidaridad con quien descubre en la derrota, con el sujeto anónimo de la historia cotidiana:

«(...) da ganas de besarle/la bufanda al cantor/ y al que sufre, besarle en su sartén,/ (...)/ al que me da lo que olvidé en mi seno,/ en su Dante, en su Chaplin, en sus hombros» (de «Me viene, hay días, una gana ubérrima, política...»)

o «¡Amado sea aquél que tiene chinches,/ el que lleva zapato roto bajo la lluvia,/ el que vela el cadáver de un pan con dos cerillas,/ el que se coge un dedo en una puerta,/ el que no tiene cumpleaños,/ el que perdió su sombra en un incendio,/ el animal, el que parece un loro,/ el que parece un hombre, el pobre rico,/ el puro miserable, el pobre, pobre!» (de «Traspié entre dos estrellas»).

El poeta se halla confundido con la masa. Y lo de «antiheroricidad» viene exacto si por «héroe» entendemos al individuo que se erige sobre su colectividad; específicamente estamos aludiendo, y rebatiendo, al súmmum de la filosofía capitalista: el hombre de empresa exitoso no es sino una versión contemporánea de Ulises, que ante los embates de la vida (o el mar, el destino, los dioses) triunfa, solito-su-alma, individualismo a tope.

En Poemas Humanos, la voz del poeta parte desde las mayorías; es decir, de quienes no han triunfado en este sistema. Más bien es una voz solidaria con esa ancha base que conforman los de abajo, es decir, los explotados: «Vamos a ver, hombre;/ cuéntame lo que me pasa» (de «Otro poco de calma, camarada...»). No se trata, entonces, de «héroes» según la interpretación individualista y simplemente burguesa del término; sino de «antihéroes», de aquéllos que han perdido, que carecen de poder y hasta de palabra en la historiografía tradicional.

Pero el marxismo asentó en César Vallejo la convicción científica de que si su presente tenía esas dramáticas características, el futuro les pertenecía y les pertenece. De ahí que si estamos alertas cuando leemos textos como los de Poemas Humanos, concluiremos que, en realidad, nos hallamos ante el encarnamiento y la postulación de otro tipo de épica: esa subversiva e insurgente que da la heroicidad cotidiana y, a la postre, triunfante, de las mayorías explotadas. En Vallejo la heroicidad es colectiva, popular; en suma, auténticamente democrática. Tal cosa es aún más directamente expresada en España, aparta de mí este cáliz -y el tono predominante es más severo y más grave también.

VII. LA SONRISA DE VALLEJO no conduce hacia la nada, hacia el vacío del absurdo. Su
poesía hace adivinar un mito, una utopía (6), que mimetizándose con el paisaje campestre y urbano expresan la posición comunista; incorporando al individuo común, a los marginados, a la comunidad y al obrero como materia esencial de su poética.

Es así que esta trayectoria poética no es oscura ni angustiada como varios críticos miopes, amén de algunos lectores superficiales, han pretendido. Es cierto el dolor en su vida y en su obra. Pero no es cierto que quede sepultado en él. Su poesía muestra más bien imperativamente lo contrario. Ella está del lado de la luz para quien se le acerque sin los prejuicios ianmovibles de tono gris:

«Otro poco de calma, camarada/ (...)/ eres de acero,/ a condición que no seas/ tonto y rehuses/ a entusiasmarte por la muerte tanto/ y por la vida, con tu sola tumba./ Necesario es que sepas/ contener tu volumen sin correr, sin afligirte/ (...)/ Anda, no más; resuelve,/ considera tu crisis, suma, sigue,/ tájala, bájala, ájala/ (...)/ Es idiota/ ese método de padecimiento,/ esa luz modulada y virulenta,/ si con sólo la calma haces señales/ serias, características, fatales./ Vamos a ver, hombre; / cuéntame lo que me pasa,/ que yo, aunque grite, estoy siempre a tus órdenes» (de «Otro poco de calma, camarada...»).

En igual sentido puede uno aproximarse a varios otros poemas, como «Oye a tu masa, a tu cometa, escúchalos; no gimas...»:

«Relátate agarrándote/ de la cola del fuego y a los cuernos/ en que acaba la crin su atroz carrera;/ rómpete, pero en círculos;/ fórmate, pero en columnas combas».

O también a este otro: «(...) no tengas pena, que no es de pobres/ la pena, el sollozar junto a su tumba;/ remiéndate, recuerda,/ confía en tu hilo blanco, fuma, pasa lista/ a tu cadena (...)/ Ya va a venir el día, ponte el alma»; «Ya va a venir el día;/ la mañana, la mar, el meteoro, van/ en pos de tu cansancio, con banderas/ (...)/ la panadera piensa en ti,/ el carnicero piensa en ti, palpando/ el hacha en que están presos/ el acero y el hierro y el metal; jamás olvides/ que durante la misa no hay amigos./ Ya va a venir el día, ponte el sol.» (de «Los desgraciados»).


VIII. LA COMPRENSIÓN DIALÉCTICA de amor / odio, grandeza / pequeñez, alegría / tristeza y bondad / maldad es expresada con tanta luz y solidaridad en este poema, y varios otros ya vistos en Poemas Humanos, que resulta increíble por injusto cómo la intelectualidad reaccionaria ha ido encasillando a Vallejo en su actual esquina de derrota y hermético lamento:

«Me viene, hay días, una gana ubérrima, política,/ de querer (...)/ amar, de grado o fuerza,/ al que me odia, al que rasga su papel, al muchachito»; «Y quiero, por lo tanto, acomodarle/ al que me habla, su trenza; sus cabellos, al soldado;/ su luz, al grande; su grandeza, al chico»; «Quiero (...)/ cuando estoy triste o me duele la dicha,/ remendar a los niños y a los genios»

«Quiero ayudar al bueno a ser su poquillo de malo» (de «Me viene, hay días, una gana ubérrima, política...»).

Como vemos en el último verso citado, en esta poética hay también cierta dosis de irónica y cáustica malignidad (quizá inspirada en el radicalismo neorromántico de Nietzsche). Así, en otro poema leemos: «¡Lloved, solead, (...)/ dad de comer a los novios,/ dad de beber al diablo en vuestras manos!"» (de «¡Ande desnudo, en pelo, el millonario!»).

Y ello es, revolucionariamente, para «ayudar a reír al que sonríe» (de «Me viene, hay días...»).

La poesía de César Vallejo es una poesía vigorosa, rebelde, dinámica y fraterna.

La obra en su conjunto, de este genial escritor, transmite toda esta voluntad y es brillante testimonio de la vida de un hombre, de un intelectual nuevo, que amó honda y sinceramente a las masas y creyó y luchó por hacer realidad su destino.

Aquel ícono emblemático del Vallejo contemplativo / pasivo, sentado muy serio y con el mentón apoyado en su mano abierta, condensa y masifica convenientemente, para la burguesía, su pretendida fosilización (7); la cual corresponde, a todas luces, más bien al corazón de esta clase, antes que a los versos del poeta.

Qué duda cabe que su humor entrañable y solar, del que aquí se han dado hartas pruebas, echa raíz en lo expresado en párrafos anteriores; sobre todo, en el encarnamiento hondo, y consecuentemente creativo, de la praxis y la ciencia marxistas.


NOTAS:


1. Se trata de un libro polémico, donde a fin de cuentas su autora expresa la difícil voluntad que fue parte esencial de su vida desde que, a la muerte de Vallejo, se hiciese cargo de su copiosa obra inédita (poesía, teatro, prosa): es decir, contestar esa línea de historia biográfica y crítica literaria que generalmente ha auroleado de sombras -por lástima, con éxito- al célebre escritor. Ganándose, así, muchos adversarios, y desde su definitiva residencia en el Perú -1951-, Georgette impulsó con su actitud y sus apuntes biográficos otra visión, renovadora, de César Vallejo.

2. Monguió, L.: La Poesía Postmodernista Peruana (México, 1954), p.139. Consúltese también pp.136 y 141.

3. Conviene no perder de vista que en su proceso de decantación político y artístico, es cierto que el poeta peruano en todo momento -incluido el de su primera poesía- se encarga de especificar su parcialidad, enrolándose en «la causa de los pobres». Dice en Los Heraldos Negros: «y llorando quedos/dar pedacitos de pan fresco a todos./Y saquear a los ricos sus viñedos».

4. Conviene no perder de vista que en su proceso de decantación política y artística, es cierto que el poeta peruano en todo momento —incluido el de su primera poesía— se encarga de especificar su parcialidad, enrolándose en «la causa de los pobres». Dice en Los Heraldos Negros: «y llorando quedos / dar pedacitos de pan fresco a todos. / Y saquear a los ricos sus viñedos» (de «El pan nuestro»).

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5. Sirva como ejemplo paradigmático esta basta opinión de un periodista peruano: «Es muy probable que Vallejo no esté vigente hoy [...] El mestizo triunfante de ahora, semejante en su origen y en lo físico a Vallejo, ha arrebatado espacios que antes no le pertenecían y exige lo suyo. ¿Cómo podría reconocerse en el verso abatido de César Vallejo? [...] Esta es la pena que le faltaba al poeta de la tristeza en el centenario de su nacimiento» (Umberto Jara, ex-editor de El Suplemento, dominical del diario Expreso, marzo 1992).

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    1. En la prensa peruana empiezan a aparecer, desde fines de la década pasada, algunos artículos o comentarios sobre que Vallejo también se reía. Es hasta chistoso, o simplemente revelador de cómo la historiografía oficial suele ocultar los lados más inquietantes de los sujetos, que a estas alturas aún haya que escribir sobre este asunto. Así, en la conocida revista Caretas, Luis Aguirre publicó su artículo «Vallejo sabía reír» (8/4/99); el que, luego de una acertada introducción, decae hacia perfilar un Vallejo tan cómico como un payaso borrachín de circo pobre. A pesar de su apariencia renovadora, dicho texto redunda en la construcción de un personaje hecho para escamotear la poderosa significación e incómoda actualidad —para el orden establecido de las cosas— de la posición y la poética de César Vallejo, su risa incluida.
6. La oda es una composición poética que desde la antigüedad clásica Occidental (Grecia-Roma) fue utilizada para ensalzar las hazañas de los héroes, los dioses y los monarcas de esas sociedades.

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7. Al final, se reproduce íntegramente el poema «III», que es uno de los poemas más representativos de este libro. Lo mismo se hace con otro poema emblemático, «Los desgraciados», de Poemas Humanos . Ambos son especialmente útiles en relación con las tesis sustentadas en el presente trabajo.

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8. Se utiliza estos términos en el sentido positivo que ya sentara Mariátegui en El Alma Matinal, resaltando su aspecto movilizador en tanto sintetizan lo posible y, principalmente, lo impostergable de ser realizado en la historia.
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9. Aquí la referencia es a la bella y famosa foto (Versalles, 1929), tomada por Juan Domingo Córdoba. La crítica va dirigida, sin embargo, a la instrumentalización que comúnmente se ha hecho de ella.

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B I O - B I B L I O G R A F Í A

1892: Nace César Abraham Vallejo Mendoza el 16 de marzo, en Santiago de Chuco: gran aldea, a 3115 metros de altitud, del departamento de La Libertad, en la sierra norte del Perú. Fueron doce hermanos.

1905-1908: Cursa estudios secundarios en Huamachuco.

1910-1912: Ocupa varios empleos administrativos: en un centro minero, en una hacienda azucarera... Piensa estudiar medicina.

1913-1915: Estudia Letras en la Universidad de Trujillo, graduándose de bachiller con su tesis El Romanticismo en la Poesía Castellana, publicada en 1915. Colabora en Cultura Infantil, revista editada por un centro escolar donde trabajó, antes de ingresar al Colegio Nacional de San Juan.

1915-1917: Se une al grupo literario y artístico «Norte», que encabezan Antenor Orrego y Eulogio Garrido. Escribe muchos de los poemas que integrarán Los Heraldos Negros, publicando algunos en los periódicos La Industria y La Reforma, de Trujillo.

1918: No bien llega a Lima, entabla amistad con el célebre narrador y periodista Abraham Valdelomar. Completa Los Heraldos Negros. En agosto muere su madre. Honda crisis anímica y económica.

1919: Trabaja en el Colegio Nacional Guadalupe. A mitad de año lanza Los Heraldos Negros. Escribe las primeras versiones de muchos poemas de Trilce.

1920: En julio está en Santiago de Chuco, donde resulta envuelto en violentos incidentes que oponen a los dos bandos que dominan la ciudad. Se oculta un tiempo, pero en noviembre cae preso y queda detenido en la cárcel de Trujillo.

1921: Sale libre en febrero. Vuelve a Lima. Su cuento «Más allá de la vida y de la muerte» le vale un premio literario.

1922: En octubre publica Trilce, con un visionario y memorable prólogo de Antenor Orrego.

1923: En marzo publica Escalas Melografiadas; en mayo, Fabla Salvaje. En junio se embarca para Francia; llega a París el 13 de julio.

1924: Pasa meses muy difíciles. Su padre muere en Santiago. El sufre una dolorosa operación. Escribe varios de los poemas en prosa que figuran al final de Poemas Humanos y escribe la novela Hacia el reino de los Sciris (1924-1928).. Conoce a Vicente Huidobro.

1925: Trabaja para los Grandes Periódicos Iberoamericanos. Inicia su colaboración en Mundial, de Lima.Viaja por primera vez a España, a cobrar el monto de una beca. En realidad, Vallejo no frecuenta la universidad para estudiar Derecho -como suponía la beca-, y dos años después renuncia a ella por antagonizar con la política de la dictadura del general Primo de Rivera.

1926: Con Juan Larrea edita dos números de Favorables París Poemas. Vive con Henriette Maisse. Manda sus primeras crónicas a Variedades, en Lima. Borges, Huidobro e Hidalgo lo incluyen en su Indice de la Nueva Poesía Americana.

1927: Publica en la revista peruana Amauta, «Sabiduría», capítulo de una novela que nunca continuará. Renuncia a su puesto en los Grandes Periódicos Iberoamericanos. Conoce a Georgette Philippart.

1928: Cae enfermo, y va a pasar el verano al campo en compañía de Henriette. Se ha puesto a estudiar a la luz del marxismo los fenómenos sociales y políticos de la época. En octubre, con el monto de uno de los pasajes que solicitó de su embajada para regresar al Perú, realiza su primer viaje a la Unión Soviética. Vuelve en noviembre a París.

1929: Empieza a convivir con Georgette. Viajan a Bretagne y, en setiembre, nuevamente a la Unión Soviética. Colabora en El Comercio, de Lima.

1930: Publica «Un Reportaje en Rusia», en la revista madrileña Bolívar. En julio sus amigos concretan, también en Madrid, una reedición de Trilce, con prólogo de José Bergamín y poema liminar de Gerardo Diego. Vallejo se pone a escribir para el teatro: destruirá su primera obra Mampar; en cambio, trabajará con ahínco en su segunda, llamada primero Moscú contra Moscú, y luego Entre las dos orillas corre el río. A fines de diciembre, sindicado como comunista, recibe orden de abandonar el territorio francés; pasa a España con Georgette. Cesa toda colaboración en los periódicos limeños.

1931: En Madrid, Vallejo presencia el nacimiento de la República -abril-. Ingresa en el Partido Comunista de España. Escribe para la editorial Cenit una novela proletaria -El Tungsteno-, en la cual incluye, con ligeras modificaciones, el texto «Sabiduría». No logra publicar su cuento para niños Paco Yunque; pero su reportaje Rusia en 1931 / Reflexiones al pie del Kremlin publicado por la editorial Ulises conoce un éxito rotundo. En octubre viaja, por tercera y última vez, a la Unión Soviética. De nuevo en Madrid, empieza otra obra teatral: Lock Out.

1932: En enero escribe a Larrea: «Comparto mi vida entre mi inquietud política y social y mi inquietud introspectiva y personal y mía, para adentro». En febrero, vuelve clandestinamente a Francia, donde no tarda en conseguir permiso para quedarse. Revisa Rusia ante el segundo Plan Quinquenal, que ninguna editorial acepta.

1933: Colabora en Germinal, de París, con una serie de artículos sobre el tema «¿Qué pasa en el Perú?».

1934: Federico de Onís incluye al autor de Trilce en su Antología de la Poesía Española e Hispanoamericana. En octubre, Vallejo se casa con Georgette. Escribe el drama Colacho Hermanos. Prepara dos volúmenes críticos: El Arte y la Revolución y Contra el Secreto Profesional.

1935: Año negro, en que se cierran todas las puertas. Vanos intentos para publicar un volumen que reuniera las prosas poéticas y los poemas, escritos desde 1923.

1936: Estremecido por la tragedia que estalla en España, Vallejo colabora denodadamente en la ayuda al pueblo y a la causa republicana. En diciembre viaja a Barcelona y a Madrid. Redacta artículos en los que subraya «el desorden genial de gesta antigua» de los primeros meses de la guerra civil española; un hecho que constituye «una epopeya única en la historia».

1937: En julio, asiste en Valencia al Congreso de Escritores Antifascistas. Comprueba la vanidad y cobardía de muchos delegados. Visita el frente Madrid. De regreso en París, colabora en la fundación del Comité Iberoamericano para la Defensa de la República Española; pero se retira cuando el boletín Nuestra España pasa a ser controlado por Neruda, cuyas actividades siempre le parecieron interesadas y demagógicas. Entre setiembre y diciembre, revisa algunos versos de los últimos quince años, y.completa lo que luego será Poemas Humanos; e igualmente escribe España, aparta de mí este cáliz.

1938: En marzo, Vallejo cae en cama. Lo transportan a la Clínica Arago, de París, donde nadie llega a determinar cuál es el mal físico que lo consume. El 29 de marzo le dicta a Georgette: «Cualquiera que sea la causa que tenga que defender ante Dios, más allá de la muerte, tengo un defensor: Dios». Muere en la mañana del 15 de abril, Viernes Santo, pocas horas después de que las tropas franquistas han alcanzado el Mediterráneo al norte de Valencia, cortando en dos lo que quedaba del territorio republicano. Sus restos se hallan en el Cementerio de Montparnasse de París (12ª división -4ª ligne du Nord- Nº 7).

1939: En enero, los soldados republicanos del ejército del Este publican en España la edición príncipe de España, aparta de mí este cáliz (varios ejemplares de la misma fueron hallados en la biblioteca del monasterio de Montserrat -Catalunya-, en 1983, luego de un largo período en que se la consideró perdida o destruida por los franquistas). En julio, aparece en París, como homenaje póstumo, la edición de Poemas Humanos hecha por Raúl Porras Barrenechea y Georgette de Vallejo.



LOS DESGRACIADOS

Ya va a venir el día; da
cuerda a tu brazo, búscate debajo
del colchón, vuelve a pararte
en tu cabeza, para andar derecho.
Ya va a venir el día, ponte el saco.


Ya va a venir el día; ten
fuerte en la mano a tu intestino grande, reflexiona
antes de meditar, pues es horrible
cuando le cae a uno la desgracia
y se le cae a uno a fondo el diente.


Necesitas comer, pero, me digo,
no tengas pena, que no es de pobres
la pena, el sollozar junto a su tumba;
remiéndate, recuerda,
confía en tu hilo blanco, fuma, pasa lista
a tu cadena y guárdala detrás de tu retrato.
Ya va a venir el día, ponte el alma.
Ya va a venir el día; pasan,
han abierto en el hotel un ojo,
azotándolo, dándole con un espejo tuyo...
¿Tiemblas? Es el estado remoto de la frente
y la nación reciente del estómago.
Roncan aún... ¡Qué universo se lleva este ronquido!
¡Cómo quedan tus poros, enjuiciándolo!
¡Con cuántos doses ¡ay! estás tan solo!
Ya va a venir el día, ponte el sueño.

Ya va a venir el día, repito
por el órgano oral de tu silencio
y urge tomar la izquierda con el hambre
y tomar la derecha con la sed; de todos modos,
abstente de ser pobre con los ricos,
atiza
tu frío, porque en él se integra mi calor, amada víctima.
Ya va a venir el día, ponte el cuerpo.

Ya va a venir el día;
la mañana, la mar, el meteoro, van
en pos de tu cansancio, con banderas,
y, por tu orgullo clásico, las hienas
cuentan sus pasos al compás del asno,
la panadera piensa en ti,
el carnicero piensa en ti, palpando
el hacha en que están presos
el acero y el hierro y el metal; jamás olvides
que durante la misa no hay amigos.
Ya va a venir el día, ponte el sol.

Ya viene el día; dobla
el aliento, triplica
tu bondad rencorosa
y da codos al miedo, nexo y énfasis,
pues tú, como se observa en tu entrepierna y siendo
el malo ¡ay! inmortal,
has soñado esta noche que vivías
de nada y morías de todo...

(de Poemas Humanos)
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POEMA III


Solía escribir con su dedo grande en el aire:
«¡Viban los compañeros! Pedro Rojas»,
de Miranda de Ebro, padre y hombre,
marido y hombre, ferroviario y hombre,
padre y más hombre, Pedro y sus dos muertes.

Papel de viento, lo han matado: ¡pasa!
Pluma de carne, lo han matado: ¡pasa!
¡Abisa a todos compañeros pronto!

Palo en el que han colgado su madero,
lo han matado;
¡lo han matado al pie de su dedo grande!
¡Han matado, a la vez, a Pedro, a Rojas!

¡Viban los compañeros
a la cabecera de su aire escrito!
¡Viban con esta b del buitre en las entrañas
de Pedro
y de Rojas, del héroe y del mártir!

Registráronle, muerto, sorprendiéronle
en su cuerpo un gran cuerpo, para
el alma del mundo
y en la chaqueta una cuchara muerta.

Pedro también solía comer
entre las criaturas de su carne, asear, pintar
la mesa y vivir dulcemente
en representación de todo el mundo.
Y esta cuchara anduvo en su chaqueta,
despierto o bien cuando dormía, siempre,
cuchara muerta viva, ella y sus símbolos.
¡Abisa a todos compañeros pronto!
¡Viban los compañeros al pie de esta cuchara para siempre!

Lo han matado, obligándole a morir
a Pedro, a Rojas, al obrero, al hombre, a aquél
que nació muy niñín, mirando al cielo,
y que luego creció, se puso rojo
y luchó con todas sus células, sus nos, sus todavías, sus hambres, sus pedazos.

Lo han matado suavemente
entre el cabello de su mujer, la Juana Vázquez,
a la hora del fuego, al año del balazo
y cuando andaba cerca ya de todo.

Pedro Rojas, así, después de muerto,
se levantó, besó su catafalco ensangrentado,
lloró por España
y volvió a escribir con el dedo en el aire:
«¡Viban los compañeros! Pedro Rojas».
Su cadáver estaba lleno de mundo.

(de España, aparta de mí este cáliz)

1990-1996

última revisión: 22 de julio,1999.

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*César Ángeles L. (Piura, Perú, 1961) es licenciado en Lingüística y Literatura por la Universidad Católica del Perú (Lima). Ha trabajado como docente y periodista. Ha publicado dos libros de poemas: El Sol a Rayas (Lima, 1989) y A Rojo (Barcelona-Lima, 1996), y un libro con dos ensayos breves sobre Rimbaud y Vallejo (Lima, 1998).
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